Nicanor Parra en una entrevista de 2009

Aitor Arjol*

Nicanor Parra cumplía 103 años de edad el 3 de septiembre de 2017, con el lógico y generalizado júbilo entre todos los que amamos la literatura.
Las felicitaciones se extendieron mucho más allá de autoridades, escritores y ciudadanos de Chile, su país natal, pues no es frecuente que el centenario alcance a un poeta, máximo en la vida, convirtiéndole, de paso, en “el más grande poeta vivo en lengua castellana”, tal como reflejaba una nota de la agencia EFE en el diario El Espectador.
También llamaba la atención que Nicanor Parra, creador de la ‘antipoesía’, todavía seguía activo, porque según declaraciones de su nieto Tololo Ugarte, su abuelo había pedido recientemente regresar a la antigua residencia en La Reina, un barrio de Santiago de Chile, y en ello se andan, “levantando escombros, destapando baños, poniendo vidrios donde había hoyos, recogiendo pedacitos de jarrones de porcelana, sacando toneladas de botellas de vino y mierda de animal que tenían metido dentro de la casa”.
Las celebraciones también se extienden por el hecho de que este año se publicó una nueva producción, El último apaga la luz, selección de las mejores poesías de Nicanor Parra, en más de 400 páginas, a través de diferentes hitos, como Poemas y Antipoemas, Discursos de sobremesa u Hojas de Parra. En otras palabras, una luminosa puerta de entrada hacia el pensamiento del poeta.
En la antología anteriormente mencionada, además es el lector quien primero “enciende” la luz de los versos de Nicanor Parra, que suelen caracterizarse por su ingenio, franqueza, ironía, sentido del humor y lenguaje accesible, etc.
Todas estas características resultan familiares con el propio concepto de ‘antipoesía’, quizás acuñado por el hecho de que de esa forma, el poeta chileno contravenía los propios cánones de la época, más abocados al surrealismo y al uso de un tipo de lenguaje en el que únicamente los propios poetas se entendían entre ellos, y ni aún eso.
En los años de juventud de don Nicanor, por ejemplo tampoco pasa desapercibida la figura de otro grande de las letras, el poeta Vicente Huidobro, fiel y enigmático seguidor del surrealismo, y con el que Pablo Neruda también mantenía un particular enfrentamiento lírico, que a la vista del tiempo transcurrido, se puede advertir hasta ‘cómico’. De éstas y otras situaciones, igual de sutiles o anecdóticas, también convendría destacar qué opinaban el uno del otro, por ejemplo, Jorge Luis Borges y Nicanor Parra, otros dos grandes caballos del verso al galope.
En una entrevista que le hicieron con motivo de la concesión del Premio Cervantes, Nicanor confesaba cuestiones tales como: “Pienso que nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire”; o cuando el propio Jorge Luis Borges dijo de él que “no puede haber un poeta con un nombre tan horrible”.
Con o sin nombre horrible, Nicanor reservó un espacio en su poesía para recrear cómo podía haber sido un encuentro casual con Jorge Luis Borges, en plena rambla de Montevideo:

Una vez en la rambla de Montevideo

Un joven periodista cree reconocer a Borges.
Perdone señor ¿es usted Borges?
Y el venerable anciano respondió: “A veces”. 
Otra vez alguien tocó el timbre de su departamento.
Se trata de un señor de 30 años
Le informa Norman Giovanni, quien en esos días era su secretario
¿Cómo? replica Borges 
¿Que todavía queda gente de 30 años?
Así era Borges. Una vez alguien se le acerca
Intempestivamente
Mientras se paseaba por Florida
Perdone señor Borges ¿le podría hacer una pregunta?
Ya la hizo
Respondió el venerable anciano 
Y apuró el paso.
 

*Escritor español radicado en Ecuador