Es indiscutible el rol histórico de los movimientos sociales para impulsar procesos de transformación de la dinámica política, económica y social del país. Sin embargo, a diferencia de otros procesos políticos, las jornadas de octubre de 2003, en la ciudad de El Alto, en defensa de los recursos naturales cobran una particular relevancia porque esa movilización también dio paso a la construcción del nuevo Estado.

i) No a la venta del gas por Chile a los Estados Unidos, ii) Modificación de la Ley de Hidrocarburos, iii) Nacionalización del gas y del petróleo, iv) Expulsión de las transnacionales sin indemnización, v) Convocatoria a Asamblea Constituyente para una nueva Carta Magna en el país, vi) Oposición al ingreso al ALCA, vii) Derogación de las leyes INRA y 1008, viii) Entrega de títulos de tierras a los indígenas originarios, ix) Eliminación completa del D.S. 21060 y x) Renuncia del presidente Sánchez de Lozada, entre los enunciados más importantes, muestran con claridad lo que pretendía por ese entonces el movimiento popular organizado.

Son varios los análisis que se pueden hacer respecto a los avances en la materialización de los propósitos de semejante documento, emergente de las luchas sociales contra el neoliberalismo, que entregó los recursos naturales y las empresas estratégicas al capital extranjero. Sin embargo, cualquier evaluación no puede soslayar la fuerza de los movimientos sociales que contribuyeron a que sus demandas sean asumidas por el Estado.

Al igual que otros procesos políticos de los que germinaron documentos históricos de gran influencia en la sociedad para cambiar el estado de cosas, la Agenda de Octubre se construyó al calor de las movilizaciones de los sectores sociales, fue en esa lucha donde se dieron cuenta de que sus demandas eran comunes a otras organizaciones y de esa manera pasaron a ser colectivas, se apropiaron de ideas, consignas y proposiciones políticas, desde las bases que llegaron hasta las instancias de representación.

La fuerza de ese documento venció toda objeción y con el tiempo hizo que el Estado traduzca sus postulados en políticas públicas. Por ejemplo, se evitó la venta del gas a Estados Unidos por puertos chilenos; la nacionalización  de los hidrocarburos; la construcción de un nuevo proyecto de integración económica que impida el ingreso del país al Área de Libre de Comercio de las Américas (ALCA), impulsado por el Gobierno de Estados Unidos; la convocatoria a la Asamblea Constituyente que dio paso a la Nueva Constitución Política del Estado y al Estado Plurinacional. Hay más reformas atribuibles a la Agenda de Octubre que merecen investigarse y analizarse con mayor detenimiento para tener certezas más concretas respecto a sus resultados.

Octubre fue un período histórico de rebelión popular para recuperar derechos de propiedad de los hidrocarburos y otras riquezas que fueron arrebatadas al país por el capital extranjero, mediante los gobiernos serviles del periodo neoliberal.

No cabe duda de que las jornadas de octubre de 2003 modificaron radicalmente el mapa político en el país, el agotamiento del neoliberalismo como proyecto político causó el gradual aislamiento de las agrupaciones políticas tradicionales, hizo variar la correlación de fuerzas y dio lugar al proceso de cambio.

Asimismo, ese período se caracterizó por la irrupción de los   movimientos sociales, que volvieron a asumir un rol más protagónico en la política boliviana, prueba de ello son los enunciados contenidos en la Agenda de Octubre que, pese a los 18 años que distan de aquellas jornadas históricas, sigue vigente y marca el camino a seguir.