Ha comenzado el nuevo año y el país enfrenta ahora grandes desafíos, difíciles desafíos, pero los encara con la confianza que le da el haber derrotado en octubre-noviembre a una de las más nefastas dictaduras de su historia.

El mayor reto que se observa en el alba del nuevo año es la necesidad imperiosa que tiene el pueblo de elegir a un buen Gobierno, lo que será la lápida que garantice la muerte definitiva del populismo corrupto que encarnó el cocalero.

La revolución boliviana ha recibido el nombre de la “revolución de las pititas” a raíz de la frase despectiva del expresidente Evo Morales cuando ofreció enseñar cómo se hacen los bloqueos, olvidando que los suyos en el Chapare apenas consistían en cerrar una sola carretera, y no todas las rutas y calles del país.

Habrá que esperar que los electores, ahora ya sin fraudes preparados por extranjeros, como ocurrió en octubre de 2019, elijan a un binomio capaz de llevar sobre sus espaldas la herencia de la revolución boliviana, que ha ordenado acabar con el populismo y la corrupción.

Deberán tener en cuenta los nuevos gobernantes, que asuman en agosto, que Bolivia ha cambiado, que los ciudadanos han asumido el rol de vigilantes de la democracia, como lo ha observado el periódico Okdiario de Madrid, y que es un ejemplo para todos los países y ciudadanos del mundo.

Las pititas no han sido enterradas, están listas para reaparecer cuando se observen —esperemos que nunca más— las primeras señales de retorno del populismo, la corrupción y el engaño.

El gobierno de la presidenta constitucional Jeanine Áñez ha entendido muy bien el mensaje. Los bolivianos no quieren más populistas, ni internos ni externos, ni se someten al chantaje y al asedio de la transnacional que maneja medios de comunicación y hasta gobiernos extranjeros.

El Gobierno que surja de las elecciones venideras deberá tomar en cuenta todo esto. Bolivia ha cambiado en octubre-noviembre. Ya no es un país sumiso y valora su democracia a tal punto y en tal medida que no permitirá que nadie la manosee.

Los demás desafíos que quedan para este año tan nuevo se refieren al manejo de la economía. La herencia recibida del despilfarro y la corrupción masista debe ser enfrentada y luego vacunada.

Habrá que frenar a la economía ilegal, que osó encaramarse en el poder político boliviano e imponer una dictadura. Por otro lado, habrá que alentar a la economía legal, quitando los frenos y trabas creadas por el populismo corrupto.

Será preciso eliminar todos los mecanismos seudolegales que fueron creados solo para que sean usados como instrumentos de chantaje y coerción contra los operadores de la economía legal.

La tarea es difícil, los desafíos son grandes, pero hay la enorme confianza de que el país cambió de veras cuando derrotó a la dictadura corrupta.