Dolores Latugaye / Clarín

Dada la situación de pandemia que afecta a casi todos los países del mundo, el COVID-19 debería ser el tema a tratar en la efeméride de este año. Sin embargo, la coyuntura actual pone en el centro de atención a los recursos humanos en salud, en general, y a los profesionales de enfermería, en particular.

Los recursos humanos son la base de todo sistema sanitario. Como en cualquier estructura, la base resulta indispensable para garantizar su firmeza y consistencia frente a posibles daños. Actualmente, los sistemas sanitarios, en diferentes partes del mundo, se encuentran exigidos al límite, ya sea porque muchos profesionales que están exhaustos, o bien, porque han contraído el coronavirus en el ejercicio de la tarea. Entonces, ¿qué sistema de salud podría garantizar la accesibilidad, la equidad, la cobertura y calidad, sin los recursos humanos?

Los profesionales de enfermería representan más de la mitad de los recursos humanos en salud en el mundo. Su escasez es una problemática global. Sin embargo, pareciera que la contribución del profesional de enfermería a la salud, no fuera visible, reconocida, ni valorada, hasta que se presentan situaciones de emergencia sanitaria, como la que lamentablemente estamos viviendo.

Podemos contribuir a la pandemia con recursos materiales: barbijos, alcohol en gel, camisolines, máscaras faciales, antiparras, respiradores e impresiones en 3D. Podemos contribuir también, con dinero, o dando nuestro tiempo como voluntarios. Todo esto es muy valioso, extremadamente valioso. Pero, lamentablemente, resultará insuficiente. Lo que necesita el sistema sanitario para responder efectivamente a esta pandemia no es sólo equipamiento y los recursos económicos, sino fundamentalmente recursos humanos en salud y especialmente profesionales de enfermería competentes.

En el área asistencial, un profesional de enfermería competente tiene los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para cuidar adecuadamente a un paciente. El cuidado de un paciente implica una valoración integral continua de la persona, para poder reconocer los signos y síntomas que son manifestación de problemas de salud reales o potenciales, así como también de necesidades de cuidado personal y/o familiar insatisfechas. Esta valoración permite planificar e implementar cuidados de enfermería específicos, y luego evaluar los resultados de éstos en la evolución del paciente.

Todos sabemos que la situación del paciente puede ser más o menos dinámica, por eso es necesario que los profesionales de enfermería sean capaces de reconocer los signos de alarma en el paciente, para actuar tempranamente y prevenir complicaciones mayores.

Actualmente, en muchos centros hospitalarios del mundo, son los profesionales de enfermería quienes realizan el triage o la categorización de los pacientes en el área de Emergencias. Todos los pacientes con sospecha de COVID-19, ingresan por estas áreas a las instituciones sanitarias. Sólo un profesional de enfermería competente puede tomar decisiones correctas en un escenario tan complejo, frente a la creciente demanda de pacientes, la enorme tensión en un contexto de pandemia y la escasez de elementos de protección personal.

Una vez hospitalizado, mucho de la evolución del paciente depende de la competencia profesional de quien lo cuida. Un enfermero adecuadamente formado es capaz de detectar precozmente posibles alteraciones hemodinámicas, e implementar los cuidados oportunos y eficaces, trabajando en forma conjunta con el resto de los profesionales del equipo de salud. Pero aun cuando la evolución del paciente no sea favorable, los profesionales de enfermería siempre pueden cuidar al acompañar al paciente en su sufrimiento, dolor y muerte.

Este es el perfil de profesionales de enfermería que necesitan los sistemas de salud en el mundo. Un perfil profesional que se construye en la universidad y se mantiene a través de la formación continua. Profesionales de enfermería capaces de dignificar al otro a través del cuidado. Profesionales que estén siempre muy cerca del paciente, para brindarle el cuidado correcto en el momento oportuno. Profesionales formados para trabajar de forma interdisciplinaria, con una participación activa en la toma de decisiones sobre el paciente.

Podemos y debemos reflexionar en este modelo profesional, pero sobre todo debemos aprender. Aprender que los profesionales de enfermería son indispensables si queremos hacer frente a los desafíos de salud actuales, cada vez más complejos. Y para ello, debemos establecer políticas públicas a corto, mediano y largo plazo, vinculadas a promover la calidad de la formación de grado y posgrado de estos profesionales.

Definitivamente, las casualidades no existen. La Organización Mundial de la Salud ha declarado el 2020, como el Año de la Enfermería y la Partería, una enorme oportunidad para resaltar el papel fundamental que tienen los profesionales de enfermería en el equipo de salud y suscitar un cambio significativo para la profesión en nuestro país y en el mundo.