Los soldados invasores en el momento de su ingreso a la población boliviana de Calama.

Especial / Bolivia

El 23 de marzo de 1879 se presentaron en la población boliviana de Calama 1.500 hombres de las fuerzas invasoras chilenas con cuatro ametralladoras, más de diez piezas de artillería y un cuerpo de caballería. Los extranjeros atacaron la plaza con fuego de metralletas y cañones.

Según una publicación del Ministerio de Defensa de Bolivia, “los bravos bolivianos sumaban apenas 135 valientes, armados con 43 rifles y algunas carabinas. En condiciones tan desiguales se entabló el sangriento combate”.

La poderosa artillería enemiga abrió con facilidad brechas en el frente de los defensores bolivianos.

El puente del Topáter era el puesto estratégico y allí se libró una encarnizada pelea.  

Los bolivianos hicieron retroceder al enemigo tres veces, pero la superioridad chilena, en armas y número de hombres, inclinó la balanza a favor de los invasores.

Sólo quedaba Eduardo Avaroa sobre el puente del Topáter, el último baluarte de los defensores.

Rodeado por las fuerzas chilenas y no sabiendo en qué dirección disparar, oyó una voz que le gritaba: ¡Ríndase y le concedo la vida!

“El bravo Avaroa se yergue como un titán. El chileno Souper le intima otra vez la rendición. Entonces se produce la siguiente escena: Avaroa, haciendo girar con rabia su rifle inutilizado, lo arroja al oficial enemigo diciendo: ¿Rendirme yo?… ¡que se rinda su abuela carajo…! Una descarga cerrada es la respuesta del invasor. Avaroa cayó acribillado”, detalla.

El resultado final para Bolivia fue la pérdida de aproximadamente 120.000 km2 de territorio del Litoral.

INTERESES INGLESES

El portal eabolivia.com recuerda que durante años el desierto de Atacama —al sur de Bolivia y al norte de Chile— fue despreciado por ambos países, pero todo cambió al descubrirse que existían importantes yacimientos de salitre. Hubo dos tratados de límites antes de la guerra. El último, firmado por los presidentes Federico Errázuriz y Tomás Frías, en 1874 que ratificaba el paralelo 24 grados latitud sur como límite entre los dos países.

“El Océano Pacífico es la mayor masa marítima del planeta. La guerra que describimos se desarrolló sólo en un ínfimo rincón y hubo sólo dos combates navales. Ambos duraron pocas horas y participaron seis naves; dos peruanas: el Huáscar y la Independencia; cuatro chilenas: la Esmeralda, la Covadonga, el Cochrane y el Blanco Encalada”, refiere la publicación respecto a la contienda.

Para la década del 70 del siglo XIX, el Gobierno boliviano se compromete a no aumentar durante 25 años las contribuciones que pagaban las industrias chilenas establecidas en su territorio. En Antofagasta, perteneciente a Bolivia, se instala la Compañía de Salitre de Antofagasta, de capitales chilenos que, el 1 de mayo de 1872, inicia las exportaciones del “oro blanco” a Europa.

En 1879, el presidente boliviano Tomás Frías es derrocado por un golpe encabezado por el general Hilarión Daza. Éste decretó un nuevo impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado. La Compañía de Salitre de Antofagasta se niega a pagarlo.

“El Gobierno chileno sale en defensa de los capitalistas nacionales. Rompe relaciones con Bolivia y el 14 de febrero de 1879 soldados chilenos, al mando del coronel Emilio Sotomayor, ocupan Antofagasta. En marzo, Bolivia se alía con el Perú y se declara la guerra a Chile. Para el 5 de abril, Chile declara la guerra a los aliados. Hacia fines de 1879 Tarapacá queda en manos de las tropas chilenas”, indica el portal.

PACTO DE TREGUA DE 1884

Datos extraídos de El libro del mar manifiestan que después de la firma del Tratado de Ancón entre Chile y Perú en 1883, el primero se apropió definitivamente de Tarapacá, quedando además bajo su administración Tacna y Arica hasta que se realizara un plebiscito diez años después. Asimismo, Chile impuso a Bolivia la firma de una tregua bajo la amenaza constante de continuar la guerra hacia el interior de su territorio. Sin embargo, los representantes bolivianos Belisario Salinas y Belisario Boeto dejaron expresa constancia de que Bolivia nunca se resignaría a carecer de un acceso soberano al mar.

Por este motivo, ambos Estados suscribieron un pacto de tregua en 1884 y no un tratado definitivo de paz, que mantenía el dominio de Chile sobre el Litoral boliviano, bajo la lógica de que Chile otorgaría a Bolivia un acceso soberano al mar, una vez que se definiera la situación de Tacna y Arica, y Chile pudiera disponer de los territorios sometidos a su soberanía. El Tratado de Transferencia de Territorio de 1895 da cuenta de esta intención.

TRATADO DE 1904

Estando bajo ocupación militar de Chile, el Litoral boliviano, sin acceso a puertos propios, con notables dificultades para el tránsito y la administración chilena de sus aduanas, Bolivia suscribió el Tratado de Paz y Amistad el 20 de octubre de 1904.

Este tratado estableció el dominio de Chile sobre los territorios ocupados después de la invasión y reconoció a favor de Bolivia el derecho de libre tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico, algunas compensaciones económicas y la construcción de un ferrocarril entre Arica y La Paz. 

Sin embargo, dicho Tratado, cuyo cumplimiento es aún parcial, no resolvió las consecuencias del encierro ni puso punto final a las negociaciones entre Bolivia y Chile sobre un acceso soberano al mar.

La heroica defensa de Calama se produjo el 23 de marzo de 1879 y estuvo encabezada por Ladislao Cabrera y Eduardo Avaroa.

El héroe prefirió perder la vida antes que rendirse

Eduardo Avaroa es considerado el más importante de los héroes bolivianos de la Guerra del Pacífico.

“Contador en una mina de plata y propietario de pastizales que alimentaban las caravanas de ganado y minerales que transitaban en aquel entonces por Calama, tras el estallido de la Guerra del Pacífico se ofreció como voluntario al coronel de las milicias Ladislao Cabrera, convirtiéndose en su brazo derecho para los preparativos de defensa”, señala la página https://comunidadescolar.com.bo/primaria/dia-del-mar/.

Durante la batalla de Topáter, el primer enfrentamiento armado de la guerra, Avaroa era parte del grupo cuya misión era defender el cruce sobre el río Loa, que daba acceso por el lado sur a la ciudad de Calama. Los testimonios de los oficiales y suboficiales del ejército chileno dan cuenta del heroísmo de Avaroa que, oculto en una zanja cerca del río, armado de un rifle y junto a otros veinte bolivianos, se enfrentó a más de cien soldados chilenos.

“El coronel Villagrán, al mando de las tropas chilenas, sorprendido por el valor de su oponente, le propuso rendirse y tener salva la vida, a lo que Eduardo Avaroa respondió con la frase que quedó en la historia: “¿Rendirme yo ?… cobardes…¡Qué se rinda su abuela, carajo!”.

“Frente a esta respuesta, el coronel Villagrán ordenó abrir el fuego y Avaroa murió por el impacto de tres disparos”, refiere la página de internet.

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