Un día como hoy el brasileño sufrió un accidente fatal en Italia con su coche. (Foto: Historias F1)

Sao Paulo, Brasil / EFE

No hay cuarentena ni pandemia que haga olvidar el recuerdo de Ayrton Senna en Brasil, donde algunos de sus aficionados se acercaron este viernes al cementerio de Sao Paulo donde reposan los restos del piloto en el 26 aniversario de su trágico fallecimiento sobre el trazado de Ímola.

El triple campeón mundial de Fórmula Uno aún es añorado en un Brasil que hoy batalla contra el avance del nuevo coronavirus, que deja ya en el país casi 6.000 muertes y más de 85.000 casos confirmados.

El 1 de mayo de todos los años acostumbra a reunir a decenas de simpatizantes en el cementerio de Morumbí, pero ni la mayor pandemia global del último siglo ha roto con la tradición.

En este atípico y extraño 2020 han sido menos por causa de las medidas de aislamiento social adoptadas en Sao Paulo, así como en los otros 26 estados del país, aunque el sentimiento es el mismo: una profunda admiración que traspasa generaciones.

“Es un ejemplo de lucha, de garra, de determinación y no podíamos dejar de venir hoy aquí para prestar algún tipo de homenaje, recordarle y que no caiga en el olvido”, dijo a Efe Andrei Comerlato, que ni siguiera había nacido cuando falleció Senna.

Es en la parte más alta de una colina del cementerio de Morumbi donde descansa el cuerpo del legendario piloto, bajo una placa de bronce con el epitafio: “Nada puede separarme del amor de Dios”.

El árbol que corona la loma sigue rodeado de banderas de Brasil y al lado de la tumba hay flores frescas con un cartel que reza “¡Gracias Beco!”, que es como se le conocía fuera de las pistas.

Andrei y su novia han permanecido algunos minutos en ese punto para rendirle tributo y transmitir que su ídolo “está siempre presente en la vida de todos los brasileños”.

Senna nació el 12 de marzo de 1960 en Sao Paulo y falleció con apenas 34 años en un Gran Premio de San Marino que nunca debió celebrarse, marcado por la desgracia, pues un día antes murió el piloto austríaco Roland Ratzenberger tras un choque casi frontal con la barrera de protección.

En la carrera del domingo, el brasileño perdió el control de su monoplaza a 300 kilómetros por hora al entrar en la curva Tamburello y se estrelló contra el muro cuando completaba la séptima vuelta.

La causa del accidente fue la rotura de la barra de la dirección. El tremendo impacto hizo que saliera disparada una pieza de la suspensión delantera contra su casco causándole graves lesiones cerebrales y su posterior muerte.

Su adiós fue una conmoción nacional y dejó huérfano a un país que desde entonces no ha vuelto a levantar un campeonato mundial en la máxima categoría del automovilismo.

Más de un cuarto de siglo después y en medio de la grave crisis del coronavirus, los homenajes hacia el triple campeón mundial (1988, 1990 y 1991) se producen dentro y fuera del país.