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La Paz / Reynaldo Gutiérrez

Alberto Ayala, que pasó gran parte de su carrera en equipos del fútbol boliviano, hace un repaso de su pasado y recomienda las acciones que se deben tomar para mejorar. Fue él quien descubrió al talentoso Luis Gatty Ribeiro, que después brilló en Bolívar.

¿A qué se dedica actualmente?

Trabajo en una empacadora en Arica, desde hace 13 años. Es una empresa que hace envíos de legumbres y distribuye en todo Chile. Estoy feliz por tener una fuente de ingresos.

Después de dejar el fútbol seguí como entrenador dirigiendo equipos y selecciones del fútbol cochabambino. Estuve más de 30 años en el fútbol.

¿Cómo se inició su carrera?

El fútbol es algo que uno lo juega porque le gusta, aparte te pagan, eso es lo perfecto.

Me inicié en las divisiones inferiores de la Universidad Católica. En 1975 me fui a Bolivia para jugar en Aurora; en esa época jugábamos campeonatos locales y luego el campeonato nacional Copa Simón Bolívar, que proclamaba a los campeones que representaban al país en la Copa Libertadores.

En 1977 volví a Chile para jugar en Ovalle, en primera división. Al año siguiente retorné a Cochabamba para enrolarme a Petrolero, donde pasé una temporada larga de aproximadamente 14 años, como jugador y técnico. El 83 jugué en The Strongest y después en Always Ready, donde a los cuatro meses de estar me fracturé la tibia del pie derecho, lo que terminó con mi carrera.

¿Qué fue lo más grato que le dejó el balompié?

Los amigos. El fútbol y la vida los va escogiendo, hay unos mejores y otros que pasan nomás. El fútbol es una familia que se arma a base de las amistades; con los jugadores de mi época todavía tengo relación.

Por ese tiempo estuvieron los mejores que tuvo el balompié boliviano, como Carlos Aragonés, Ovidio Messa, ‘Chichi’ Romero, Carlos Borja; después aparecieron Ramallo, Villegas, Etcheverry, ‘Platiní’ Sánchez y un montón de buenos futbolistas con lo que alcancé a jugar.

No me olvido de los campeones del 63, quienes por la historia que escribieron grandes periodistas, mostraron talento, calidad y temperamento. 

Es  gente buena y humilde, a quienes tuve la suerte y orgullo de conocerlos; algunos fueron mis entrenadores.

¿Nota que hay falta de atención a quienes hacen fútbol?

Hay algunas deslealtades. Estuve en clubes que siempre me respondían en la parte económica, pese a que a algunos compañeros les pagaban después de dos o tres meses, como ocurre en la actualidad.

En Petrolero pagaban puntual, a veces antes de fin de mes y eso permitía tener tranquilidad. En el fútbol siempre hay un pero… y eso ocurrió cuando me rompí la pierna jugando en Always Ready, cuando era presidente Pablo Iglesias. Me dejó abandonado y sin pagarme 40 mil dólares, al punto que la segunda y tercera operación las pagué yo.

Iglesias, al que muchos lo respetaban, para mí fue un tipo nefasto, inhumano y sin sentimientos; me dejó tirado en la calle con una pierna rota.

¿Cómo fue su paso por Petrolero?

Con mucho amor a la camiseta; jugábamos a estadio lleno. Petrolero era un equipo que pertenecía a Yacimientos y no tenía hinchada, porque los 1.200 socios eran hinchas de Aurora, Wilstermann, Bolívar o The Strongest, pero nos ganamos su respeto porque ellos aportaban mensualmente para el mantenimiento del equipo y nunca nos hicieron problema por esa situación.

Lo lindo era que hinchas de otros clubes nos venían a ver por la forma de jugar, teníamos buen desplazamiento en cancha, buenas coordinaciones como grupo y una variedad de aspectos tácticos, que no era muy usual en ese tiempo, pero teníamos un entrenador muy adelantando: don Luis Terán, que inventó e innovó metodologías de trabajo, que están vigentes en la actualidad.

Otra cosa curiosa es que hice muchos goles sin ser goleador, siempre estuve entre los 10 máximos anotadores. En toda mi carrera hice más de 200 goles y quedé en Petrolero como goleador histórico, además de ser parte del invicto de 21 partidos sin perder (1980), récord que no es superado.

Viví los mejores momentos de mi carrera. Estuve muy feliz en Cochabamba y La Paz, con fútbol, amigos y clásicos.

¿Qué extraña de Bolivia?

Su comida es una delicia, cada que voy no puedo dejar de comer, hasta subo de peso, pero es ineludible. El plato que más me cautivó es la sopa de maní. El cariño de la gente, maravillosa, amable y querendona.

Hoy vivo en Arica y acá tengo pocos amigos, los puedo contar con los dedos de mis manos, pero en Bolivia tengo muchos, me faltan dedos.
Un hecho que hay que reconocer es que la gente boliviana no oculta ni olvida su cultura su música y su folklore. Yo me saco el sombrero.

¿Qué sabe del fútbol boliviano en la actualidad?

Que sufrió un parate largo por problemas sociales y políticos, igual que acá, en Chile; es algo que repercute en la continuidad de los jugadores, que después tienen que seguir en competencias internacionales y asumir los compromisos de las Eliminatorias, eso afecta mucho.

Esperemos que todo se solucione por el bien de la sociedad, porque el fútbol une a los pueblos, a la gente y cuando ocurren accidentes de la naturaleza se puede ver a un hincha de The Strongest y Bolívar juntos ayudando a los demás, es el espíritu que da el fútbol.

Quiero hacer hincapié en una cosa: los dirigentes también se tienen que actualizar.

En mi época aposté a la juventud, siempre supe que el problema estaba en la formación y en gran parte de mi vida me dediqué a trabajar en ese rubro, pero no sentí el apoyo de los dirigentes, que lo único que quieren es hacer un equipo para que gane el domingo.

A quienes conocí no les importaba apostar por la gente joven. Los clubes deben tener un veedor que haga seguimiento a campeonatos nacionales, de barrio, para rescatar jugadores.

La Federación tiene que darle apoyo a las selecciones menores, que las asociaciones se unan para formar jugadores, ofrecerles infraestructura y los frutos se verán con el tiempo.

Presenté proyectos para formar jugadores, pero no los tomaron en serio, no les importaba, insistí por mi lado haciendo debutar a muchos jóvenes que pasaron por mis manos antes de llegar al profesionalismo. Los impulsé, no los formé, te nombró a Baldivieso, ‘Cabezón’ Sánchez y Gatty Ribeiro, que es un caso especial.

¿Por qué Gatty es especial?

Había un torneo Sub-14 en Cochabamba, fui a ver y la selección de Pando no tenía entrenador, lo tomaron a Carmelo Angulo, también pandino.

En Pando apareció un ratoncito, chiquitito, con el número 7 en la espalda (el número le quedaba en el trasero porque la camiseta era muy grande), pero era un diablo para jugar.

Dirigiendo Petrolero hablé con Carmelo y le dije: “¿Quién es ese chatito, el 7?” y me responde: “El único que vino a preguntar por él eres tú”.
Después hablé con el gerente del club y le pregunté si podíamos traerlo, me autorizó, y con Carmelo lo trajimos. Así llegó Ribeiro, jugó con 15 años, después lo llevé a Aurora y de ahí a Bolívar, donde escribió una historia muy linda. Hoy es alcalde de Pando.

Cuéntenos una anécdota

En 1980, Petrolero jugó con Bolívar cuando logramos el récord de partidos invictos. En un mal primer tiempo estuvimos perdiendo 0-4, pensamos que se había acabado todo, pero en el descanso algo pasó, volvimos y jugamos de una manera increíble para terminar empatando 4-4 sobre el filo.

El 79 nos tocó jugar contra Independiente de Potosí, en ese partido hice cinco goles en 27 minutos, al final ganamos 8-2. Fui cambiado a los 15 minutos del segundo tiempo porque me estaban agarrando a patadas.

El 83, le ganábamos a Municipal 1-0 y a los cinco minutos del complemento el técnico, de manera inexplicable, decide sacarme; salí renegando y el que iba entrar por mí era un debutante William Ramallo. Antes de salir el árbitro me empujó, lo insulté y me expulsó, por esa causa no entró Ramallo, que también se enojó, pero hoy somos grandes amigos.

Perfil
Juan Alberto Ayala Ayala, exfutbolista y entrenador chileno de 55 años. Le dicen ‘Ratón’ porque lo confundieron con el hermano del argentino Rubén Ayala.