Los infractores detenidos en El Alto. (Foto: RRSS)

Roberto Medina / Bolivia Digital

A pesar de que la cuarentena total prohíbe la concentración de gente en espacios públicos para evitar la propagación del coronavirus, en pasados días se intervinieron varios alojamientos en la ciudad de El Alto que sin tomar en cuenta los riesgos para la salud siguen recibiendo a clientes.

La Policía Boliviana intervino el jueves de la semana anterior, en la mañana, un alojamiento en la zona 12 de Octubre y detuvo a cinco varones que habían requerido los servicios de trabajadoras sexuales, a quienes contactaron mediante WhatsApp.

La Policía informó que lo llamativo del caso es que los varones tenían residencia por lo menos a media hora de distancia del hospedaje en vehículo, pero que llegaron a dicho alojamiento en bicicletas. Sus motorizados los dejaron en la oficina del administrador.

Los vecinos de la populosa zona denunciaron que a pesar de la cuarentena, las meretrices siguen prestando servicios sexuales en complicidad con los dueños de los alojamientos, quienes en otros casos son los encargados de atraer a clientes.

“Las cinco personas fueron detenidas, al igual que sus acompañantes, porque es un riesgo la actividad que desarrollan”, dijo un efectivo policial en el instante en que las parejas eran trasladadas a oficinas de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC) y las bicicletas las subían a una camioneta.

El lunes por la tarde se produjo un hecho similar, ya que en un alojamiento de Villa Dolores se detuvo a otras ocho parejas dentro de un alojamiento.

El coronel Wálter Sossa, director de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC) de El Alto, informó que las 16 personas fueron detenidas y que serán imputadas por el delito de atentado a la salud pública.

“Nuestro trabajo de control y concientización es permanente y los operativos de patrullaje, a pie, nos permiten descubrir estos casos que pueden provocar muchos contagios”, detalló.

Las autoridades precintaron dicho inmueble y se aprehendió a los dos administradores que permitieron el ingreso de dichas personas y no las registraron.

“Atendían a puerta cerrada e incluso nos enteramos que los clientes hacían uso de una clave para abrir las puertas”, remarcó.

El coronel Sossa afirmó que los controles en dichos negocios serán más intensos porque incluso hay gente que acude a ellos en la noche o por la tarde, cuando creen que hay menos control policial y de las Fuerzas Armadas.

Algunas protestas

Una de las trabajadoras sexuales detenidas expresó su queja por las intervenciones en los alojamientos y el cierre de los lenocinios, puesto que es una pérdida económica diaria, lo que a su criterio es un perjuicio para la alimentación de su familia.

“Sabemos que estamos luchando con una pandemia mundial, pero nuestro trabajo es diario y necesitamos sustentarnos al igual que a nuestras familias. Pedimos que haya alguna flexibilización en los horarios”, señaló una de las detenidas.