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Gonzalo Pérez Bejar – Edición impresa

La recuperación de las libertades democráticas después de las elecciones del 20 de octubre, que fueron anuladas por las irregularidades detectadas por la Organización de los Estados Americanos (OEA), dio lugar a nuevos protagonistas, en muchos casos anónimos, pero que se destacaron por su valentía.

Uno de esos ‘actores anónimos’ es Catherine Pinto Veneros (1982), vecina de Ciudad Satélite, que lideró, junto con otras personas, la defensa de su zona.

La joven abogada dice orgullosa que su nacimiento coincide con el año en que los bolivianos volvieron a vivir en democracia y que su vida tuvo la influencia de su abuela, María Luisa Tirado, una mujer oriunda del centro minero de Pulacayo (Potosí) y que en sus años mozos apoyó las luchas obreras junto con el líder sindical Juan Lechín Oquendo.

Con esos antecedentes no podía estar al margen de la lucha social, que en los últimos años fue creciendo en medio de una política gubernamental que ella califa de “injusta”.

Así fue su incorporación al activismo, y de ello y otras cosas más habló con este medio.

¿Cómo te iniciaste en el activismo político?

Fue en 2016, en el referendo que consultaba si se podía modificar la Constitución Política del Estado (CPE) para una nueva postulación de Evo Morales, y el pueblo lo rechazó. Luego participamos en las protestas contra el Dakar y peleamos para evitar la detención de varios de mis compañeros.

La lucha fue dura, porque me incorporé activamente en defensa de los médicos y lo último fue la marcha desde Conani en defensa de la democracia.

No estoy de acuerdo en que una persona se empodere, es un tanto peligroso para toda la ciudadanía, y peor la manera en la que se manejaron los poderes (órganos) del Estado, cooptando absolutamente todo. Eso no me pareció correcto, por eso me inmiscuyo más en el tema de la lucha por la democracia y sobre todo porque tengo dos niños pequeños y me preocupaba mucho su futuro. Siempre me ha preocupado que el tiempo transcurra y esas personas se queden en el poder, y que mis hijos tengan que luchar por su libertad.

¿Cómo apareces organizando y coordinando la defensa en tu zona junto con los vecinos?

Me integré en la plataforma ciudadana “Unidos por Bolivia” y desde ahí participamos en varias acciones y protestas contra la dictadura y totalitarismo de Evo Morales.

En esta última etapa éramos muy pocos y la gente nos miraba como si fuéramos loquitos gritando y exigiendo que se respete la democracia, pero en el período del fraude electoral fue la ciudadanía en pleno que se volcó a las calles.

Participamos en las protestas en la plaza Abaroa, luchamos junto con los universitarios. Esa práctica la volqué en mi zona, Ciudad Satélite, y vi que se podía hacer acá. Junto con algunos vecinos nos autoconvocamos, sin asumir la representación de nadie. El cacerolazo vecinal fue el primer paso para que se escuche nuestra voz y vimos que en mi zona los vecinos no estaban de acuerdo con los resultados de las elecciones. A partir de eso el movimiento creció y lo importante de todo fue que nadie pretendió llevarse la representación. El éxito de esta movilización vecinal fue el compromiso de todos los vecinos, y su compromiso se plasmó cuando todos se volcaron a cuidar la EPI (Estación Policial Integral), ubicada en el Regimiento 3.

¿Cómo fueron esos días en las barricadas?

Con un grupo de vecinos me fui al ingreso de Ciudad Satélite y nos instalamos frente a la estación del teleférico Amarillo, ahí encendimos fogatas y evitamos que mucha gente que venía en motos ingrese a la zona.

En esa tarea recolectamos cachorros de dinamita, bombas molotov y granadas que los entregamos luego a las autoridades.

Fueron jornadas de mucha tensión y miedo, pero junto a mis vecinos aquella sensación desaparecía. Fue un momento de encuentro y reconciliación vecinal porque estábamos ahí para precautelar la integridad del vecino y de los policías que estaban muy asustados. Estuve en el motín policial; nos amanecimos cuidando a los policías junto a mis vecinos.

¿Qué rescatas de esta movilización?

Lo que rescato es el compromiso real de todos los vecinos, eso fue lo más valioso porque había cansancio, pero la fortaleza y unidad nos daba fuerza. Muchos vecinos compartían café, galletas, eso nos daba coraje y convicción. Por eso me siento muy orgullosa de la gente de Ciudad Satélite porque quieren a su zona, a su plan y quieren el progreso de su ciudad.

Las personas que venían a atemorizarnos no eran todos alteños; fui hasta Villa Dolores y Tejada Rectangular y el panorama era el mismo, los vecinos cuidaban lo suyo. Ese es el alteño, no aquel que buscaba hacer daño; por esas pocas personas nos miran como vándalos. Eso es lo que generó el anterior gobierno. Ahora nos vemos con los vecinos en la plaza o la misa y nos saludamos con respeto porque hemos creado amistad y unidad gracias a las vigilias y las barricadas.

¿Qué opinas de que algunas personas usen esa lucha para promoverse?

Todos tienen derecho, según la Constitución Política del Estado. Hay gente que ha luchado y dado la cara en momentos muy complejos. Estos activistas le han puesto el pecho a las balas, pero los nuevos actores con las viejas prácticas políticas no podrán hacer un cambio sustancial en lo que realmente necesita el país, y me refiero a (Luis Fernando) Camacho y (Marco) Pumari. El país necesita renunciamiento porque puede ser que necesitemos renunciar a nuestras aspiraciones políticas, pero por el bien común y ver desde qué lugar podemos aportar en favor de la patria.