Gustavo Orihuela usa instrumentos autóctonos para crear nuevos sonidos. (Foto: Carlos Rodríguez)

• Estéfani Huiza Fernández/Crónicas/

Gustavo Orihuela es músico violinista y terapeuta. Creció en un hogar donde las melodías formaban parte importante de su familia, de ahí surgió su fascinación por el jazz, utilizó ese género como base para crear su propio estilo musical.

La música jugó un papel importante en su vida, llegó de una manera natural. Sus padres tenían un gusto variado, escuchaban melodías diversas, música clásica, desde Los Panchos hasta The Beatles.

El primer instrumento que empezó a tocar fue la zampoña, luego siguió con la quena, el charango, la guitarra y a sus doce años se inclinó por el violín. “Descubrí el violín como un suceso lúdico, como un juego, nunca tuve la presión u obligación de aprender”, contó.

Desde que comenzó a tocar el violín, sintió la necesidad de transformar la música, “todo lo que aprendí con zampoña o quena lo quería transmitir con el violín”, añadió.

Fenómeno intercultural

El artista contó que gracias a un viaje a España vio al mundo de una manera distinta.

“Desde ese viaje, siento y pienso que la música es un suceso intercultural, sin olvidar de dónde vienes y cuáles son tus raíces”, dijo. Además explicó que con la música “tienes la posibilidad de llegar al mundo y conocerlo a través de las diferentes culturas”.

Música del mundo

La música del mundo o World Music es un género contemporáneo creado con el fin de integrar un concepto amplio, toda la música tradicional o folklórica y otros géneros característicos de otras culturas.

Para Ana María Ochoa, doctora en etnomusicología y folklore de la Universidad de Indiana, Estados Unidos, las músicas del mundo crean su experiencia de autenticidad a través de medios simbólicos, cuya diferenciación depende vitalmente de una construcción en la cual se borran las diferencias originales, donde las fuerzas y procesos de producción cultural se dispersan y se rompen a cualquier tiempo y lugar.

“Así, desde la lectura World Music aparece como el paisaje sonoro de un universo que bajo toda la retórica de raíces ha olvidado su propia génesis; las culturas locales”, dijo la experta en música.

A pesar de haber estudiado música clásica en el Conservatorio Nacional de Música de la ciudad de La Paz, también tocaba rock por las noches y nunca dejó de lado el folklore boliviano.

“Una vez que estudié en profundidad la música, pude incorporar instrumentos autóctonos para poder crear una música más libre, utilizando los lenguajes del jazz”, explicó el artista.

Para Orihuela, el jazz es una sincronía de la naturaleza propia del ser humano, representa la libertad de expresar sentimientos a una persona o comunidad a través de la música.

Fusión de sonidos

El origen del jazz se debe a la fusión de la cultura africana con la europea, se produce al encontrarse en un lugar común, los Estados Unidos. Los esclavos africanos llevaron los bailes y rituales vinculados al vudú, que mezclaron con la música religiosa de las comunidades blancas, especialmente los himnos religiosos protestantes.

El jazz tuvo sus inicios hacia finales del siglo XIX, en la ciudad de Nueva Orleans, donde habitaban esclavos de África, del Caribe, del sur del país y criollos libres o mestizos, y fue precisamente esa mezcla de culturas musicales lo que originó una nueva forma de arte que terminó por definirlos a todos.

“El jazz nació como una forma de romper el racismo, así se convirtió en un instrumento de unión de las culturas, un diálogo de paz, respeto e interculturalidad”, expresó el músico y compositor.
Orihuela afirmó que el Jazz representa para él esa posibilidad de generar una propuesta intercultural nueva, “música libre”, mencionó.

Reinventar
El artista dice que la música se puede combinar y reinventar. El trabajo que realizó durante los años que vivió en España le permitió experimentar con varios instrumentos y descubrir nuevas formas de transmitir emociones.

“La música boliviana se puede fusionar, ninguna cultura es mejor a otra, no existe racismo, no existe discriminación, la música debe ser para todos”, explicó el artista.

La propuesta de su proyecto musical denominado ‘Gustavo Orihuela Quartert’ es llevar sus sonidos hacia todos los lugares del país, incorpora no sólo instrumentos típicos del jazz, sino también ritmos de la música popular, como zampoñas, quenas, bombos, un punto de vista más empático con la sociedad.

Sobre el músico

Gustavo Fernando Orihuela nació en la ciudad de Sucre, Bolivia, el 14 de marzo de 1984. Estudió en el Conservatorio
Nacional de Música de La Paz y continúo su formación en Valencia, España, con música moderna, jazz, músicas étnicas, flamenco, gypsy jazz y aires latinoamericanos.

Fue parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia, la Joven Orquesta de la Generalitat Valenciana, de España. Participó en varios festivales en Bolivia, Sudamérica, Europa y Estados Unidos en diferentes estilos y géneros musicales.