Una imagen de microscopio electrónico que muestra (objetos en azul) al SARS-CoV-2 o COVID-19. Foto: elconfidencial.com

 

Gabriela Ramos/Bolivia Digital

Un infectólogo y un genetista aseguraron que aún no hay evidencias científicas suficientes para vincular el contagio o proceso del coronavirus (COVID-19) con factores genéticos o raciales. Sin embargo, ponderaron el papel que juega la altura y la radiación solar en favor de determinadas poblaciones.

El genetista y epidemiólogo Gonzalo Taboada aseguró que “el coronavirus depende del estado inmunológico de la persona al momento de la infección, aun no hay evidencia de que haya factores genéticos” que definan esta enfermedad.

El experto afirmó que, al ser un virus nuevo, a la ciencia le falta mucho por conocer e investigar sobre el COVID-19. En esta labor, indicó, a los investigadores les tocará desechar o ratificar algunas teorías.

Taboada descartó algunos criterios que apuntan a predisposición genética ante el coronavirus, como el tipo de sangre.

“Se decía que las personas con tipo de sangre A eran más susceptibles a adquirir el virus, o desarrollar un estadío grave, a partir de lo sucedido en China, pero sucede que en ese país la mayoría de las personas tienen ese tipo sanguíneo”, explicó.

Por su parte, el infectólogo Juan Pablo Rodríguez ratificó la ausencia de evidencia científica contundente sobre la influencia de factores genéticos y su relación con el coronavirus, pero aseguró que en todo el mundo se realizan estudios para confirmar o descartar teorías relacionadas al área.

El profesional recordó que muchas enfermedades infecciosas dependen de la predisposición genética del receptor, lo cual aún no se logró evidenciar con el COVID-19.

Sobre situaciones ocurridas en países como Estados Unidos, donde buena parte de los contagiados con el virus son de la comunidad afroamericana, Rodríguez indicó que esto no se debería del todo a algún factor genético, sino a que “el acceso a los sistemas de salud para esa población es más precario”.

Sin embargo, mencionó un estudio que marca un acápite, el cual se refiere al virus y sus efectos en poblaciones ubicadas a grandes alturas sobre el nivel del mar.

“Hay un pequeño estudio sobre la altura, que señala que las personas que viven en estos sectores tienen en sus células una menor cantidad del receptor AC2, el cual es necesario para que el virus se una e infecte las células. La población que vive en la altura tiene menor cantidad de estos receptores y el virus no tendría muchas posibilidades de reproducirse en el cuerpo, en comparación a personas que viven a nivel del mar”, mencionó.