Klauos barbie

Jackeline Rojas Heredia

La única entrevista y registro sobre la expulsión del criminal nazi Klaus Barbie (alias Altmann), acontecida en febrero de 1983, fue realizada por el periodista boliviano Carlos Soria Galvarro. Barbie, conocido como el ‘Carnicero de Lyon’ por sus horrendos asesinatos al mando de la Gestapo en esa ciudad francesa durante la Segunda Guerra Mundial, había ingresado a Bolivia 32 años antes.
El nazi consolidó su familia en tierra nacional, fue protegido y beneficiado sobre todo por los gobiernos dictatoriales de Banzer, García Meza y Arce Gómez. Se ocupó de entrenar a los militares y de colaborar con la operación Cóndor, lo que prueba que su condición de ‘asesino’ jamás dejó de existir.
Cuando se recuperó la democracia, en 1983 se lo expulsó de Bolivia, es entonces que el periodista Soria Galvarro, al ocupar el cargo de director de TV Boliviana, tiene el privilegio de acompañar la deportación del nazi hacia suelo francés.
Francia esperaba el arribo del criminal con la intención de cobrarle, por fin, los crímenes cometidos en Lyon. 
Barbie había sido detenido en Bolivia por una estafa a la empresa minera estatal cuando realizaba su función de gerente de la compañía naviera Transmarítima, y se hallaba preso en el penal de San Pedro de la ciudad de La Paz, sin sospechar que ya las diligencias para expulsarlo estaban encaminadas.
Cuando inició su traslado, el nazi conservó una postura prepotente y soberbia, se autodeclaró ‘ciudadano boliviano’, nominación concedida por los militares, y en varias ocasiones declaró ser “objeto de secuestro”, las respuestas a las preguntas que hizo Soria Galvarro en la primera parte del viaje, en el avión Hércules, son escuetas y tajantes.
Esa postura declina de manera sorprendente cuando el asesino se da cuenta de que está en suelo francés, ahí no tienen vuelta sus reclamos ni su soberbia.
Estaba perdido y lo supo, pero ni por eso mostró una sola señal de arrepentimiento por los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. 
Soria Galvarro admite que el viaje y la entrevista fueron improvisados, y que la parte débil del material es que no se ahondó en el tiempo que permaneció en Bolivia, en las acciones que realizó en el país, ni en la protección y los vínculos que tenía con la CIA estadounidense. En 1983 poco se sabía sobre esa parte. Sin embargo, la entrevista de 80 minutos se nutre con una investigación sobre el ‘Carnicero de Lyon’, visitas a los lugares de la Gestapo en París, entrevistas a otros expertos y más. Y, desde luego, es importante refrescar la memoria de la historia boliviana muchas veces salpicada con la malicia extranjera.