escuela de Música Edelmira

Jackeline Rojas Heredia

Llegar a Beni es llegar a los brazos más cálidos que hay, a las alegres y cantarinas voces de sus mujeres, al bullicio de las cigarras, las aves y al vaporoso aroma de las palmeras. Departamento joven que tiene por capital a la ciudad de Trinidad, más el rosario de poblaciones que la integran, unas más viejas que otras, en habitantes, cultura e historia.
Sobre Beni se puede hablar y mirar a través de los ojos de sus habitantes, a través de sus hijos que la dejaron y que en la lejanía la añoran, a través de la música, los libros, la culinaria y más.
La tierra del Edén la llaman unos, en la obra Siringa: memorias de un colonizador, de Juan B. Coímbra. 
Beni escribió uno de los capítulos más importantes en la historia de Bolivia en el tiempo de la explotación del caucho, el lugar más concurrido, fuente de ambición, de esclavitud, explotación, muerte e invasión brasileña.
Como en muchas otras historias, la tierra y las poblaciones indígenas estuvieron bajo dominio y administración de pocos, en el caso beniano tiene un peso histórico enorme el nombre de Nicolás Suárez Callaú, quien con sus hermanos edificó su imperio, primero con la resina maravillosa extraída al árbol de la hevea (posteriormente boliviana), luego con la peladora de almendras y otros negocios paralelos. La familia Suárez propició que un asentamiento humano se transformase, en su tiempo, en uno de los puertos comerciales más importantes del mundo, ese fue Cachuela Esperanza.
Muchos benianos recuerdan con tristeza las narraciones de abuelos y padres sobre el tiempo ‘dorado’ en esa tierra rica de espesa vegetación, aguas picadas y cascadas peligrosas. Algunas de las construcciones que los Suárez enviaron a construir en el lugar se mantienen, otras esperan restauración o perecer para siempre. 
Antes de concluir 2016, el Ministerio de Culturas y Turismo, con el apoyo de la cooperación Belga, llevó adelante el trabajo de catalogación de la riqueza patrimonial en Cachuela Esperanza, un extenso volumen sobre las construcciones históricas en el lugar, donde figura la casa de la familia Suárez, la iglesia, las oficinas administrativas y el famoso teatro, réplica en pequeño del teatro Gran Mariscal de la ciudad de Sucre. 
Aproximadamente dos meses después de la presentación del libro catálogo, un incendio arrasó la mítica población. 
“Una pena, quedó todo en el lugar, el teatro se quemó por completo, fue triste ver como quedó”, comentó María de los Ángeles Dorado Aguilar, directora de la Escuela de Música Edelmira Limpias viuda de Lamber, que opera en la ciudad de Trinidad.
Dorado recorre con frecuencia varias poblaciones en su querido Beni, es una mujer muy trabajadora que impulsa en sus estudiantes el deseo de superarse cada día. “Tanta historia que existe en cada lugar, yo quiero que todos conozcan y que se apoyen todas las acciones necesarias para reconstruir el teatro de Cachuela Esperanza”, dijo.
Otra mujer, con un legado bastante grande en cuento, música, interpretación y creación poética, es Consuelo Loayza Soruco viuda de Aldana, quien recibió el reconocimiento nacional al mérito cultural Marina Núñez del Prado, entre otros.
Su hermosa voz y su garbo le provocaron ser bautizada como la ‘doble de Libertad Lamarque’. Durante su tiempo como intérprete. Loayza tiene escritos decenas de poemas en homenaje a las poblaciones de Cachuela Esperanza, Villa Bella, Casarabe, Roboré, Moré y otros. Sus ojitos, ya cansados, se llenan de lágrimas al recordar su niñez y juventud en Beni, más aún al saber el estado de abandono en el que quedan algunos lugares.
Beni destaca por los hijos que tiene, historiadores, escritores, músicos que la llenan de orgullo, pero también, y es chisme eterno entre sus pobladores, destaca por haber sido la cuna de uno de los narcotraficantes más famosos, Roberto Suárez Gómez (El rey de la cocaína) “…ummm ¿Conoce Santa Ana de Yacuma? Bien bonita es Santa Ana. Ahí pues la gente, como lo quería al Suárez, a bala y todo andaba, pero bien bueno era con la gente y hoy hay un jovencito que se parece a su hijito, viera como la gente lo quiere”, comentó la directora Dorado.
“Abundancia había en Santa Ana cuando vivía el Roberto Suárez, ahora es la ciudad del tuvo”. ¿Del tuvo?, se le preguntó, y respondió pícara”, del tuvo esto, tuvo el otro…”. (carcajadas).
Si hay algo que a la gente de Beni le gusta más es la picardía y tomar el ‘pelo’ al visitante con esas ocurrencias. La Directora está convencida, entre otras cosas, de que entre sus estudiantes, sin duda, resurgirá una Gladys Moreno. 
Moreno es cruceña, se le dijo. Respondió con firmeza. “Eso le han hecho creer, pero Gladys Moreno nació en Beni”, aseguró junto a otras palabras graciosas alusivas a los cruceños. Entre risas, cantos y recuerdos se retornó a la siringa. A los momentos de esclavitud en el que se trabajaba en la ‘pica’ casi sin descanso extrayendo el líquido gomal y espeso. Sin embargo, la maestra Dorado comentó que aún hay esclavitud en algunas zonas de Beni y regiones en los que pocos explotan y se enriquecen, como en un supuesto caso de aprovechamiento y explotación de la madera mara, una especie que se cree ya extinta. La escuela dirigida por Dorado se encarga de abrir, hace 8 años, los festivales de música que organiza cada noviembre la Casa de la Cultura en Trinidad, dirigida por la señora Yulita Natusch, otra persona querida para Beni. 
Dorado habla de la recuperación de las danzas originarias y de las aclaraciones que considera se deben hacer cuando se presentan algunas estilizadas, además de la construcción de los instrumentos de vientos hechos de bambú para los benianos Tacuara.
Quizá Dorado, en ese afán interminable, en ese amor por la música, en esa búsqueda de futuro para sus decenas de hijos que son los estudiantes de la escuela, que dicho sea de paso otorga títulos de técnicos medios, quizá tenga razón y Beni sea aún la tierra del porvenir en las prodigiosas manos, oídos y voces de sus niños, adolescentes y jóvenes.