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EFE  / Colombia/Edición Impresa
La capital colombiana intentó volver ayer a la normalidad, pero con una tensión en el aire por las continuas protestas contra la política económica y social del presidente Iván Duque, y los desmanes de vándalos que aprovechan las movilizaciones pacíficas para sembrar el caos.

Después de una noche de incertidumbre provocada por saqueos que desencadenaron el pánico en distintos barrios de Bogotá, el toque de queda decretado el viernes por la Alcaldía fue levantado y la ciudad retomó lentamente sus actividades habituales.

EJÉRCITO EN LAS CALLES

Además del toque de queda, el Gobierno recurrió al Ejército, que desplegó miles de soldados en las calles de la ciudad donde todavía patrullaban con el apoyo de tanquetas para mantener el orden, una escena inusual en Bogotá a pesar del prolongado conflicto armado interno del país.

“Debo decir que con el alcalde (Enrique Peñalosa) mantenemos toda la coordinación minuciosa y tenemos, además, la continuación del patrullaje conjunto entre la Policía y el Ejército”, manifestó el presidente.

Peñalosa dejó un comentario enigmático: “Tenemos que prepararnos para un esfuerzo largo, yo los invito a que tengan paciencia, a que tengan resistencia, porque aquí vienen días duros”.