James Dunkerley

James Dunkerley obtuvo su doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de Oxford en 1979. Es docente en la Escuela de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de Queen Mary, universidad de Londres. Además de varios estudios sobre la historia moderna de Bolivia, es autor de un libro sobre la economía política de Centroamérica, Power in the Isthmus (1988) y Americana. The Americas in the World, around 1850 (2000). Participó como moderador en la ‘Mesa sobre Historia Laboral: Perspectivas de América Latina, Europa, Asia y EEUU’ en el reciente Congreso Latinoamericano y del Caribe Trabajo y Trabajadores, que se desarrolló en el Museo de Etnografía y Folklore (Musef), en la ciudad de La Paz.
De carácter jovial y con mucho para contar, pero con el tiempo controlado por la presión para aprovechar al máximo su contacto con los historiadores e investigadores sociales que se reunieron en Bolivia con el fin de compartir las distintas formas en las que se define el trabajo en continentes y países del mundo. Dunkerley dice que retornó a Bolivia luego de 40 años.

¿Qué despierta su interés en participar en un encuentro en el centro de Sudamérica?

Como historiador, forzosamente uno tiene que tener conocimiento del mundo entero. Este congreso me atrajo mucho porque es regional y tiene trascendencia internacional, pero además porque tenía mucha curiosidad.

¿Su curiosidad fue saciada? ¿Cómo sintió el encuentro, fue tan importante como esperaba?

Es súper importante que haya un congreso de historiadores en La Paz porque Bolivia tiene una trayectoria en cuanto a la historia y la historiografía mucho más fuerte, y antes de que el país aparezca en el ámbito multinacional económico, político y más. Además, tienen un alto nivel de enseñanza de Historia en las universidades. 
Ha sido importante. Una decena de años de cambio que ya se está consolidando con muchas contribuciones y a veces conflictos, pero no es en realidad la misma Bolivia que yo había visto cuando llegué hace 40 años. Es otra cosa. 
Claro hay elementos  que se mantienen, como el agro, la población indígena campesina, pero aun ahí se nota que Bolivia avanzó. Hay bienes públicos que hace dos generaciones no se podían concebir.

¿Qué Bolivia vio hace 40 años? 
Una mucho más provinciana, parroquial, mucho más ideologizada de izquierda, derecha, una más dependiente de la producción de minerales, una Bolivia sin muchos aparatos con el norte desarrollado. Lo que ha cambiado totalmente ya se tiene acá: WhatsApp, Internet, todo, una Bolivia que no tenía experiencia en el consumo dentro del mercado capitalista. Por otro lado, una Bolivia con alto nivel de civilización en lo cívico, era una Bolivia que había mantenido la cultura de la familia, y el Estado debía asumir deberes que asumía la familia. Un país cultural en pintura, música y danza existía, pero no se proyectaba. 

¿Usted siente que la danza y las expresiones artísticas bolivianas hoy sí se proyectan? 

Sin lugar a dudas, en muchos lugares del mundo. A veces hay versiones híbridas en el exterior, hay versiones más grandes, y no hablo de Perú, Ecuador, de países cercanos, hablo de Europa y EEUU, donde sí se reconoce la cultura boliviana, la comida boliviana y la contribución por una nueva época a la región. Las dificultades no son como antes y sería difícil aceptarlo como antes.
Trato de entender: antes teníamos gobiernos más capitalistas, de derecha, y hoy tenemos una administración nacional de nuestros recursos y mano de obra boliviana, ¿eso está relacionado con las dificultades aludidas?
Vivimos en el mundo capitalista,  pero no cada gobierno debe ser capitalista, tiene que saber dar prioridades. Lo que tiene que hacer cada gobierno es manejar capitales, que es otra cosa,  para que haya crecimiento, seguridad a la gente más desamparada y tener la voluntad de apoyar a la gente que tiene capacidad para construir, trabajar, dar oportunidad. Cada ser humano merece y tiene derecho a tener seguridad, incluso el rico que es rico porque tiene esa capacidad.  
Según todo lo que me contaron, Bolivia es un país en el que no se ve la violencia que produce el narcotráfico, esa ya es una buena señal.

¿Y en esto la historia nos permite comprender el presente tal cual es la frase con la cual sentencian de manera general los historiadores?

Por supuesto. Yo siempre digo a mis estudiantes, ustedes tienen una responsabilidad, el manejo de los asuntos de los muertos que nos antecedieron. Cuando nos toque, ojalá que existan profesionales que manejen nuestros asuntos con la misma pasión. Lo que se ve muy bien fortalecido dentro de Bolivia es la historia. 

Y con todo este análisis, cambios y transformaciones de los últimos 10 años, ¿cree usted que algún partido o líder de la derecha tenga chance de gobernar Bolivia?

No, casi imposible. La derecha, de anteayer,  ayer y de hoy en día, no podrá gobernar este país de forma ni legal ni legítimamente sin cambiar su actitud hacia la población humilde, a las ideas asociadas con la gran mayoría indígena y mestiza de Bolivia. 
La oposición o la derecha tiene que reformularse de otra forma ideológica y no muestra señales de hacerlo. Es una pena, desde la perspectiva de la democracia liberal, es un desafío para la gente conservadora y también es una amenaza. 

Dunkerley Comentó también sobre las elecciones en Francia, las diferencias que existen entre Europa y América y lo que ocurre en el mundo actual. Se manifestó feliz por visitar Bolivia y por disfrutar cada minuto de su estadía durante los días que permaneció en La Paz.