El presidente constitucional de Bolivia, Luis Arce Catacora, sorprendió al mundo al presentar catorce propuestas para un nuevo orden mundial, dirigiéndose al planeta desde la palestra del septuagésimo séptimo periodo ordinario de sesiones de la Organización de las Naciones Unidas.

“A la par de la crisis múltiple y sistémica del capitalismo, observamos la recta final del mundo unipolar. La construcción de un nuevo orden mundial, que esperamos sea para beneficio de todos los Estados y pueblos del mundo, es inevitable”, afirmó el Presidente tomando en cuenta la exitosa experiencia de la Revolución Democrática y Cultural que, sustentada en la igualdad, soberanía y vivir bien, propició hitos económicos y sociales inéditos en el refundado Estado Plurinacional de Bolivia.

Bolivia no solo tiene la más baja inflación y un crecimiento alto en relación a países vecinos, también demostró éxito en su lucha soberana contra la droga, en su filosofía comunitaria y en la lucha anticolonial y despatriarcalizadora, entre otras. A partir de estas experiencias y conocimientos, y con la lección histórica vivida en la reciente interrupción democrática, el Gobierno nacional propuso diversas ideas a consideración del debate mundial.

Propugnar un gran acuerdo histórico que declare al mundo como “zona de paz”, donde prime el diálogo y la diplomacia. En esa misma línea, la sustitución de la fabricación de armas de destrucción masiva por una justa compensación económica de los países capitalistas a los países de la periferia.

Frente a los sistemas de salud que solo favorecen a quienes tienen la posibilidad de acceder a un seguro privado y frente a quienes han hecho de la salud una mercancía, es imperioso fortalecer los sistemas universales de salud en los que el Estado cumpla su obligación de proteger y garantizar los derechos colectivos.

Un programa global de soberanía alimentaria que garantice a los pequeños productores mejores condiciones para la producción; acceso a semillas, fertilizantes, tecnología, infraestructura, créditos y diversas formas, privadas y comunitarias, de acceso a los mercados, pero también mejores condiciones de vida en sus comunidades, en plena armonía con la Madre Tierra.

En un mundo estrechamente interconectado es importante responder a las necesidades de nuestros pueblos en el contexto de pospandemia, fortaleciendo la integración y cooperación, bajo los principios de la solidaridad, la complementariedad y respeto a la autodeterminación de los pueblos. Es vital la reestructuración de la arquitectura financiera mundial para el alivio de la deuda externa a nivel global.

La crisis climática requiere responsabilidad, solidaridad, armonía entre los seres humanos y la naturaleza y no usura. Tal vez los deudores climáticos históricos quisieran que todos nos preocupemos solamente del futuro para evitar discutir en el presente las promesas incumplidas a los países en desarrollo sobre financiamiento, transferencia de tecnología y fortalecimiento de capacidades.

Queremos que nuestras reservas de litio no sigan el camino de otros recursos naturales que, en las condiciones del colonialismo y el desarrollo capitalista, solo sirvieron para aumentar la riqueza de unos cuantos y provocar el hambre de los pueblos. Ratificamos la soberanía sobre nuestros recursos naturales como el litio, su industrialización, el beneficio orientado hacia el bienestar de los pueblos.

Hay que cambiar de enfoque en el abordaje de la lucha contra el narcotráfico. Seguir haciendo énfasis en la oferta y no en la demanda solo ha servido como pretexto para la militarización y para el despliegue de la guerra internacional contra las drogas.

Todos los países tenemos el derecho de acceder y utilizar el espacio oceánico y los recursos marinos, tal y como lo señala la Convención sobre el Derecho del Mar. Recordar a la comunidad internacional que mi país, Bolivia, nació con mar, sin embargo en la actualidad es un país enclaustrado, obligado por las circunstancias del pasado a enfrentar múltiples barreras para el transporte, comunicación y comercio.

Ampliar nuestros criterios de derechos humanos y democracia. No existe ninguno de los dos cuando la preservación de los privilegios de unos pocos se hace a costa del incumplimiento efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales de las mayorías. Nos preocupa el énfasis sin equilibrio que existe en la esfera multilateral en torno a las generaciones futuras, sin tener en cuenta todo el trabajo que han hecho las personas adultas mayores en nuestros países. Nos preocupa que a la fecha no exista un tratado universal que las proteja.

Proponemos que se declare el “Decenio de la Despatriarcalización”, porque urge un proceso profundo de transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales, desde una perspectiva comunitaria, orientado hacia la construcción de relaciones recíprocas por una vida libre de toda forma de exclusión, dominación y explotación.

Es inconcebible que aún se apliquen medidas coercitivas unilaterales con el objetivo de doblegar gobiernos a costa del hambre y el sufrimiento de sus pueblos. Ningún país debería ser perseguido, sancionado o acorralado por ejercer su derecho a determinar libremente sus propios sistemas políticos, económicos y sociales.

La crisis multidireccional por la que atraviesa el planeta como resultado de la ambición capitalista lejos de superarse se agudizará si no se toman medidas urgentes. Solo a través de un multilateralismo fortalecido podremos alcanzar un mayor diálogo y cooperación en la búsqueda de soluciones a esa crisis. Revitalizar genuinamente el multilateralismo nos permitirá restablecer la vigencia del derecho internacional y la preservación de la paz con justicia social, así como reconfigurar el frágil orden internacional para volverlo plural y sólido.

Queda mucho más por hablar de este histórico discurso del Presidente, pero lo vamos a resumir por ahora en una sola frase: OTRO MUNDO ES POSIBLE.