Por: Manuel Pérez Colque /

Bolivia está atrapada entre dos corrientes políticas radicalmente opuestas, una que apoya y comparte con el gobierno un proyecto político que se basa en la recuperación de los recursos naturales para su posterior industrialización y crear estabilidad social, política y económica para recuperar la bonanza económica que mantuvo un récord de 14 años, donde el Producto Interno Bruto (PIB) creció de 9.500 millones de dólares el 2005 a 42 mil millones de dólares el 2019.

El salario mínimo nacional que en 1988 era de 25 dólares al mes, en 2003 era de 50 dólares y en 2019 llegó a 300 dólares, después de haber ocupado durante varias décadas el último puesto en la región, entre cientos de otros ejemplos que demuestran lo que hacen los gobiernos neoliberales. Este proyecto político busca la construcción de la patria eliminando la extrema miseria, pobreza e ignorancia a la que se sometió al pueblo por 529 años.

La otra corriente política no presenta ningún proyecto de patria, no porque no lo tenga, sino porque no se atreve a decir públicamente que ese proyecto es impuesto por los intereses de potencias imperiales para prolongar el sistema de saqueo de nuestros recursos naturales, impedir la construcción de la Patria Grande, porque uno por uno pueden destrozar nuestras economías, impedir nuestra industrialización y financiar indefinidamente la opulencia de los más desarrollados con la miseria de los más pobres.

Este reducido segmento de la sociedad son los agentes criollos de los imperios de turno, como lo fueron los antiguos realistas que cuentan con todo el apoyo y financiamiento de las transnacionales, ONG, fundaciones, sus gobiernos y centenar de tentáculos como la Organización de Estados Americanos (OEA).

Lamentablemente, cada vez son más sofisticados los métodos de sometimiento del saqueo que nos genera miseria, desde la manipulación de los medios, la manipulación de la conducta humana, los mensajes subliminales y el empleo de ejércitos privados de mercenarios civiles, paramilitares, de acciones de falsa bandera o de países que controlan como instrumento.

La periodista Vicky Peláez, en el artículo: ”Irak y la movilización de los paramilitares del mundo”, de noviembre de 2003, decía: “ahora se explica por qué en Chile, Argentina y otros países que han tenido reciente experiencia contra la subversión, han aparecido las compañías privadas que están contratando a los excomandos. En Chile la discusión es abierta. Los medios señalan como uno de los supuestos creadores de este nuevo negocio a José Miguel Pizarro, exmilitar chileno, ya reclutó 700 paramilitares en su país y percibirán entre 2.500 a 4.000 dólares mensuales. Los medios chilenos dijeron que Pizarro es analista militar de la CNN que trabaja con otros exmilitares chilenos, venden servicios de inteligencia sofisticados. El nombre de Pizarro ya se escuchó, la vez que dijo que las fuerzas chilenas estarían listas a luchar en Colombia. Lo cierto es que la táctica de lucha en Irak está cambiando la llamada guerra sucia, que es la única forma para amedrentar y aplastar la resistencia.

El Proyecto de Global Security Partner fue presentado por británicos y contempla la creación de una ONG con 5000 paramilitares que estarían listos a desplazarse en 24 horas a cualquier lado del mundo. En octubre 13 del 2002, el New York Times hablo sobre el “ejército secreto del Pentágono” de quienes dijo “que hacen cosas que a los militares no les gusta hacer”. Que estos mercenarios están manejados por contratistas militares de compañías privadas, entre ellas la Hally Burton, Dyn Corp, Vinnell, Logicon”. (Manuel Pérez Colque es analista e investigador)

linkedin