Las miles de tumbas que deja la pandemia en un estado brasileño. (Foto: Agência Pública)

Infobae / Bolivia Digital

Brasil registró 1.473 muertos por COVID-19 en las últimas 24 horasy el total se elevó a 34.021, con lo que supera a Italia —33.689— como el tercer país con más decesos a causa de esa enfermedad.

Con estas cifras, el país más grande de Sudamérica se ubica por debajo de Estados Unidos —109.731— y Reino Unido —39.904—.

Brasil es también la segunda nación con mayor número de contagios por detrás de Estados Unidos, con 614.941 entre su población de 210 millones de personas, según el último balance del Ministerio de Salud.

Sin embargo, calculado por millón de habitantes, el panorama de decesos en Brasil es menos dramático que en los países europeos: 153,1, frente a los 557,2 de Italia o a los 587,8 del Reino Unido.

Los estados con más muertos son Sao Paulo —8.276—, el más rico y poblado, y Río de Janeiro —6.010—.

Pero los que registran mayores índices de muertos por millón de habitantes son los del empobrecido norte y nordeste, como Amazonas y Ceará, cuyos sistemas sanitarios están al borde del colapso.

Los expertos sospechan que ante la falta de pruebas en el país, los números reales son probablemente superiores.

El presidente de la Federación internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), Francesco Roca, dijo este jueves que Brasil es una de las principales preocupaciones del organismo humanitario porque a causa de la pandemia “mucha gente muere y nada indica que la curva se reducirá”.

En una entrevista con la AFP, el exsecretario ejecutivo del Ministerio de Salud Joao Gabbardo dijo el miércoles que en Brasil “no hay una curva única de COVID-19”, debido a la diversidad de escenarios en un país de dimensiones continentales.

Mientras los países europeos ya lograron aplanar la curva de contagios y reducir drásticamente el número de muertos, en Brasil todavía no se ha alcanzado el pico de la pandemia.

Pese a esta situación, varios estados y municipios, que en ese país tienen el poder de decidir en cuestiones de salud pública, ya empezaron a flexibilizar las medidas de cuarentena, acciones que disgustan a epidemiólogos locales y a la Organización Mundial de la Salud (OMS).