Contra viento y marea, el gobernador cruceño está apostando al desastre, al insistir en su convocatoria a un cabildo con el que pretende, así lo dijo, “cambiar la historia de Santa Cruz y Bolivia”, con el pretexto de adelantar la fecha de realización del Censo Nacional de Población y Vivienda.

Las intenciones son por demás claras y se está lastimosamente utilizando, manipulando a varios sectores de la población cruceña gracias a una campaña de gran envergadura desde los medios de comunicación de la oligarquía oriental y de las redes sociales, desinformándola y tratando de tocar un mal entendido sentimiento cruceñista, alimentando el odio al otro y fomentando la discriminación en contra de los que tienen la piel más oscura o no tienen apellidos importados.

La millonaria campaña de presión a los cruceños para apoyar a Camacho surge de fuentes no aclaradas por nadie, al igual que las costosísimas acciones propias de un evento que pretende ser masivo. Así, por ejemplo, ¿cuál es el costo de la instalación de la tarima y del sonido?, para citar apenas dos elementos que hacen a la movilización cívica.

Pero no es solo eso, los cívicos pretenden hacernos creer que las decisiones del cabildo serán vinculantes para el Gobierno nacional, por ello incluyen en sus puntos a tratar aspectos no solo relacionados con el Censo, sino otros que tienen que ver con el tema tierra, recursos económicos, abrogación de leyes y otros que nada tienen que ver con lo que les contaron a los cruceños; cuando, de acuerdo a la Constitución, Ley Electoral y Ley de Autonomías, los cabildos y asambleas son deliberativas cumpliendo ciertas condiciones, pero no tienen ningún carácter vinculante. Es decir, las autoridades legalmente constituidas pueden o no tomar en cuenta las deliberaciones del cabildo como una referencia.

Camacho consciente, si es que tiene consciencia de algo de lo que hace, del fracaso del cabildo, prefiere hacer mutis por el foro. Anuncia que no estará en la testera ni hará uso de la palabra en el acto para no contaminar la concentración, cuando ya la contaminó con sus inadecuadas declaraciones de ataque al Gobierno y sus autoridades y con sus abiertos, públicos y mediáticos llamados al cabildo y a tomar acciones en contra del “centralismo” y del “masismo”, los cuales —según el rey chiquito— serían los enemigos de la cruceñidad.

El cabildo, más allá de que logre concentrar a una determinada cantidad de gente, muchos de ellos obligados y presionados de diversas maneras, es solo un saludo a la bandera con el cual pretende, gracias a la ayuda de sus medios de comunicación que son su más importante caja de resonancia, generar acciones desestabilizadoras en contra del Gobierno. Si bien en los ocho puntos hechos públicos sobre los que versará la reunión de esta noche no se mencionan paros, bloqueos u otras medidas de ese género, tampoco se puede asegurar que no serán propuestas o incluso aprobadas y tratarán de justificar acciones violentas a nombre de las determinaciones del cabildo.

La ciudadanía no debe dejarse sorprender con lo que nos vayan a contar a partir de este “cabildo”, que no es más que una concentración de grupos afines al gobernador, porque el verdadero pueblo cruceño, el que trabaja diariamente, en el campo y la ciudad, apuesta al crecimiento, al fortalecimiento de la economía, a la integridad de la patria y por sobre todo a la unidad de todos los bolivianos.