Algunos medios de comunicación y algunos periodistas de dudosa honorabilidad están empeñados en decir que la presidenta Jeanine Áñez está aprovechando las circunstancias de la lucha contra el virus para beneficiarse como candidata.

Y se suman de esa manera, esos medios y esos periodistas, a la campaña que realiza el cocalero Morales para sacar ventaja y retornar al poder, a ese poder que retuvo durante casi 14 años y manejó de la manera más corrupta que se conozca.

Desde otro bando, el de los masistas escondidos, se dice que el gobierno transitorio está cometiendo errores en la campaña contra el virus, que llega con mucha fuerza a un país totalmente desprotegido.

Esos críticos no recuerdan o no quieren recordar que esta es una circunstancia única en el mundo, que nadie estaba preparado para enfrentarla y que son muchos los gobernantes que han cometido errores en esta lucha.

La lista de los gobernantes que cometieron errores es muy larga, pero hay que comenzarla con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, que menospreció el problema y terminó admitiendo que estuvo equivocado, mientras declaraba la cuarentena.

Aquí, al lado, en Brasil, el presidente Jair Bolsonaro también se equivocó al menospreciar el problema y luego tuvo que admitir que estaba equivocado, algo que también debió hacer el mexicano Manuel López, que se reía del problema y debió aceptar su error cuando decidió dictar la cuarentena.

Mientras estos presidentes estaban cometiendo errores, la presidenta Jeanine Áñez estaba aplicando las medidas apropiadas, con la cuarentena oportuna que está dirigida a impedir, o por lo menos frenar, el avance del virus.

La decisión fue la más apropiada porque era conocido que Bolivia estaba en la lista de los países menos preparados para enfrentar el virus, una lista que fue elaborada en Oxford a partir de informaciones sobre las inversiones hechas en cada país para financiar la salud pública.

Allí salió a relucir que el gobierno del cocalero Morales despilfarró cientos de miles de millones de dólares y que no destinó a la salud ni siquiera los recursos más elementales. El cocalero solía decir que invertir en canchitas o en polideportivos era mejor que construir o equipar hospitales.

Su prédica fue difundida por los equipos de propaganda del gobierno del cocalero hasta el cansancio y ahora es difundida por las redes sociales, donde se leen críticas a la gestión anterior.

Como si fueran pagados desde lejos, algunos masistas participan en marchas que violan la cuarentena. Quieren provocar desórdenes y buscan crear el caos.

El país está demasiado ocupado defendiéndose del virus, que ha olvidado las elecciones, pero los empleados del cocalero Morales, usando medios que supuestamente son independientes, quieren perjudicar al gobierno.

Y el Gobierno está demasiado ocupado en la lucha contra el virus. No puede pensar en las elecciones porque lo urgente, lo primordial, es preparar la defensa de la ciudadanía.

La Presidenta no está haciendo campaña, está defendiendo al país. Si ella está tomando decisiones inteligentes, no hay que acusarla de hacer proselitismo, sino felicitarla por aplicar medidas oportunas.

Los que quieren recuperar el poder saben que un alto número de víctimas hará que los ciudadanos miren al cocalero como al único responsable del desastroso estado en que se encuentra la salud pública en Bolivia. El virus es una prueba de que el masismo no quiere admitir, porque será su sepultura.