El autor Emmanuel Carrère, fotografiado en su casa de París. (Foto: El País)

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Emmanuel Carrère (París, 63 años), autor de descarnados libros confesionales y relatos sobre personajes reales que viven al límite de la humanidad, ha ganado este miércoles el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

En su último libro, Yoga, Carrère narra su caída en el infierno de la depresión y, con él, da por cerrado un ciclo de libros autobiográficos que le ha ocupado casi dos décadas. Aunque es uno de los escritores más influyentes del siglo XXI, el autor de El adversario (publicado por Anagrama como el resto de su obra en castellano) nunca ha obtenido el Goncourt, el galardón más prestigioso de las letras francesas.

“No me lo esperaba”, declara Carrère a EL PAÍS tras conocer que es el elegido. Hasta el martes no recibió el aviso de que estaba en la lista de candidatos finales y que, al día siguiente, podría tener noticias. El breve lapso no le dejó tiempo para angustiarse con el resultado. “Y esto es agradable porque uno no tiene el tiempo de morderse las uñas diciéndose ‘oh, là, là, sería genial ganar’”.

Cuando se le pide que defina su literatura, cuál ha sido su aportación a la literatura contemporánea, Carrère duda en responder, pero después habla de “una cierta honestidad y una cierta obstinación a la hora de cavar en un mismo surco”.

¿QUÉ SURCO?

“Se trata de intentar contar algo sobre la relación y la tensión entre mi consciencia y el mundo exterior. Pero esto es un poco abstracto. Hay una expresión inglesa que me gusta: to think out of the box, salir de la caja en la que estamos. Y lo que intento hacer en los libros y en la vida es un esfuerzo, ciertamente no muy fructuoso, pero en todo caso sostenido, para intentar pensar y vivir un poquito fuera de esta caja”.

Carrère no es un escritor difícil: su prosa tersa, un estilo casi periodístico, el tono coloquial del amigo que cuenta en confianza su vida a media voz, un ritmo endiablado que atrapa al lector en la primera página y no lo suelta hasta la última. Pero tampoco es un autor sencillo. La suya es una literatura al límite, de la que nadie sale indemne.

Al límite de la intimidad y el pudor, del daño que los demás pueden sufrir al convertirse en sujetos literarios o de la transformación de personajes deleznables en protagonistas de novelas que ya son clásicos, como El adversario, la crónica publicada en 2000 sobre Jean-Claude Romand, el falso médico que durante casi dos décadas llevó una doble vida y acabó matando a sus familiares más cercanos.