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José Maximiliano Revueltas Sánchez, conocido como José Revueltas (1914 – 976), fue escritor y activista político, reconocido por sus obras El apando y El luto humano.

Aitor Arjol*

El amor. Una palabra que a veces abrimos los ojos y parece una cañada de trapo. El amor frágil. El amor que vuela. Todos lo hemos padecido en mayor o menor medida y, también a veces, nos quedamos en medio de él, a un lado y otro del crepúsculo.
Siempre supe que el amor es parte de la intrahistoria de escritores, poetas, carpinteros, cortadores de caña, bebedores, comadres, jurisconsultos, dependientes de floristería, dulces señores que se asoman al balcón, boleteros, conductores de autobús, transeúntes o fumadores de tabaco. 
En tales tesituras me encontré con una historia de amor tan particular como bella y contradictoria. Como siempre, en los estantes de una vieja librería de segunda mano. En la eterna librería de un cubano. No podía ser de otra forma: que el cubano o su esposa me acercaran un viejo libro, revivido en mis manos y constante en sus páginas. En la portada: un hombre a caballo y acompañado de una mujer a lomos de la misma montura, o viceversa, una mujer acompañada de un hombre.
Ella mira al infinito. Él se vuelve con la mirada parcialmente caída. Viejas historias de amor que se vuelven perpetuas a través de los capítulos. El libro habla de la historia de amor de José Revueltas y María Teresa.
El gran José Revueltas del que pudimos conversar anoche. Maridadas sus palabras con un plato de migas aragonesas, pulpo a la gallega y queso de oveja procedentes de Baltanás (Palencia). Viandas típicas del campo, de aquellos antiguos pastores que se sentaban sobre una piedra y apoyaban el costal de su espalda en la solana de su majada, para recordar al gran escritor mexicano. 
José Maximiliano Revueltas Sánchez había nacido el 20 de noviembre de 1914 en Santiago Papasquiaro (Durango). Más conocido como José Revueltas, a resultas de ser breve con otra de las esencias de las letras mexicanas. Nacido en el seno de una familia de artistas. Uno de sus hermanos, Silvestre, ejerció como eminente compositor; y Rosaura como actriz y bailarina. 
Un hombre combativo y absolutamente preocupado por la práctica de sus ideas revolucionarias. 
A los nueve años de edad ya había abandonado los estudios de secundaria para dar rienda suelta al conocimiento de la literatura en la Biblioteca Nacional, pero su lucha le llevaría en numerosas ocasiones a dar con sus huesos en la cárcel. 
Los períodos de encarcelamiento y condena quizás harían mella en algunos aspectos del ánimo del escritor mexicano, quien fallecía el 14 de abril de 1976, no sin antes dejarnos un amplio compendio de novelas, cuentos, ensayos y obras de teatro. 
El gran Revueltas. El célebre autor de Los Muros de agua, Los días terrenales, El luto humano o mi obra preferida, El apando; esta última construida a partir de su condena en la prisión de Lecumberri, en la que había sido recluido por su activismo en el movimiento estudiantil de 1968.
Tres años después de su muerte, María Teresa Retes, que fuera la segunda esposa de José Revueltas, desentraña con sus palabras una relación de cartas que abarcan desde 1947 a 1972, en las que aparece un escritor diferente; “el Revueltas anterior a las cartas, joven, inquieto, sufrido, es solamente un ensayo del posterior” —así se refería Álvaro Ruiz Abreu en una reseña de 1980.
María Teresa Retes se refiere a José Revueltas como “un hombre solitario…” que aparece “con sus conflictos”, “…el Revueltas ya hombre en el cual se refleja, a través de sus estados de ánimo, todo el daño que una sociedad como la nuestra puede causarle a un ser humano”.
Cartas que durante 25 años Revueltas dirigiría a su esposa desde una singularidad de lugares, paisajes y en torno a una curiosa amplitud de temas. Cuernavaca, Berlín, Praga, La Habana, arte, política y palabras, sobre todo palabras que como largos artículos se disparaban entre línea y línea. 
“Una larga, tremenda isla de sombra no me dejaba llegar a ti. / No, aun cuando tu nombre ya lo tenía en los labios. / Pero una isla. / Pero un terrible recuerdo y un amor que no pudo atreverse nunca. / Algo impronunciable no me dejó llegar”. Tales versos le dedicaba José Revueltas a María Teresa en 1947.

*Escritor español