Está claro que el paro promovido por el millonario Gobernador de Santa Cruz y el Comité Cívico a su servicio fue, sin matices, un fracaso.

Algunas llantas que obstaculizaron el tránsito vehicular y los esporádicos bloqueos en las esquinas no implican, necesariamente, un paro departamental. Tampoco le da ese carácter enviar a un grupo de matones para impedir el derecho constitucional ciudadano al trabajo y el libre tránsito.

La medida, apresurada y débil, dejó, sin embargo, otras lecturas sobre la realidad política en Santa Cruz.

El atentado a la casa del alcalde Johnny Fernández, repudiado por la influyente Federación de Asociaciones Municipales, quebró definitivamente la tibia alianza del edil con el Gobernador y dividió a las bases sociales en la mancha urbana de Santa Cruz de la Sierra.

Una de ellas se expresó abiertamente en solidaridad con Fernández y la otra fue lanzada como grupos de choque a zonas populares.

Ambos se disputan ahora el liderazgo departamental. Ambos se amenazan con revocatoria de mandato. Pero solo uno de ellos salió fortalecido después de dos días de intento de paro.

Camacho perdió protagonismo, pero tiene dinero —suyo y de la Gobernación— para movilizar a grupos radicales y violentos. En el “paro cívico” se observó una ausencia total del Comité Cívico. Su titular, Rómulo Calvo, no existe para Camacho.

Y el ciudadano cruceño, cansado de decisiones unilaterales, políticas y hegemónicas, interpela a ambos y a la élite que los acompaña, y cuestiona la talla de sus líderes.

Esos “líderes” que intentaron un paro económico suicida en tiempos difíciles, exultantes ante las cámaras por el supuesto éxito de la medida, proyectaron una pobre imagen al final de la segunda jornada.

Los cívicos y el Gobernador cerraron el paro sin euforia política y “con semblantes de preocupación”, como apuntaba, además, un medio de comunicación.

Una periodista especificaba bien cuando señalaba que en otros tiempos los paros cívicos se cerraban en multitudinarias concentraciones ciudadanas, pero que en el de Camacho fue apenas en un “salón”, sin apoyo, sin convocatoria, solitarios.

Y el Censo, la gran excusa para generar violencia, marcha sin cambios, rumbo a 2024 con el respaldo de municipios, universidades y ocho departamentos. Además, el apoyo al nuevo calendario censal suma y sigue.

Las reuniones de socialización del Censo en Oruro, Cochabamba y Tarija concluyeron con la firma de un documento y está a plena marcha en el marco de un trabajo estrictamente técnico, no político.