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Reynaldo J. González/Cambio – Edición impresa

El domingo se estrenó en el canal de cable NatGeo BIOS: Charly García, un documental de hora y media sobre la vida de quien muchos consideran la máxima estrella del rock en castellano. Antes, durante y después de la emisión de esta biografía, las redes sociales se inundaron de hits y fotografías del músico, declaraciones de amor y reseñas en su mayoría elogiosas de esta producción, centrada en la carrera musical del autor de Clics modernos, antes que en la controversia que marcarían los últimos 50 años de su vida. En su mayoría, el balance fue positivo y se probó una vez más la importancia y vigencia del artista.   

No es la primera ni la última vez que se realiza una biografía de Carlos Alberto García Moreno. Su lugar central en la música argentina desde Sui Generis y otras agrupaciones hasta su etapa solista, como su mediática personalidad de Rock Star, lo hacen el ídolo perfecto para adorar o tratar de derrumbar. Muy pocas de éstas, sin embargo, fueron elaboradas desde un lugar de cercanía a los hechos de su vida, como la publicada por el periodista bonaerense Sergio Marchi en el ya lejano 1997 bajo el sello de la Editorial Latinoamericana: No digas nada. Una vida de Charly García.

Como sugiere ya la fecha de publicación de este libro, se trata de una mirada a un artista en el auge de su leyenda, pero también en su etapa de mayor debacle personal. En el estilo periodístico de su autor se describen a modo de crónica los lugares y los momentos de su cotidianeidad junto a fragmentos de entrevistas y conversaciones del músico con sus allegados más cercanos.  Usando el visitadísimo recurso biográfico de intercalar tiempos para evitar un relato lineal, Marchi presenta su propio testimonio personal del día a día de García con evocaciones a su infancia y juventud basadas, en su mayoría, en las memorias de su protagonista.

Así, si quizás al libro se le pudiera haber pedido una investigación más rigurosa y  mayor atención a sus fuentes secundarias —Nito Mestre,  Leon Gieco, David Lebón, Fabiana Cantilo, Andrés Calamaro, entre otros—, no se le puede exigir más deliciosas evocaciones, observaciones y comentarios de un García casi siempre lúcido e irónico. Con esto se asegura, al menos, que sus seguidores disfruten de los dichos geniales de quien una vez dijera cosas como “Mi capricho es ley” o “La entrada es gratis, la salida vemos”.

Como en el caso del documental de NatGeo, esta biografía tiene el plus de haber sido elaborada desde un elevado conocimiento de la obra musical de García, conocimiento que no sólo implica tener a mano los datos generales de sus canciones, de sus discos y conciertos, sino también una perspectiva crítica de sus diferentes momentos.

Ante este relato de excesos publicado hace 21 años, ¿quién hubiese esperado ver un Charly vivo, sano, contento y lúcido como el que vimos el domingo?

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