Tupiza es noticia

Historia e investigación

José Augusto Yañez Vargas*

Como en todos los orígenes, y dadas algunas circunstancias y condiciones históricas, es posible en esta ocasión relatar a manera de leyenda la constitución de un pueblo guerrero en medio del, que alguien denominó, Planeta Rojo. 
Así, hace miles de años, en medio de un espacio gobernado por el fuego, llegó la humanidad manifestada por dos formas de vida: en primera instancia los gigantes que emprendieron una lucha acérrima contra este panorama y que fueron forjando un hábitat para permanecer ahí. 
Con referencia a esta afirmación, en la comunidad de Villa Pacheco, a 65 kilómetros al sudeste de la ciudad de Tupiza, se encontraron tres esqueletos que medían aproximadamente tres metros cada uno. 
Estos restos estaban dentro de una caverna donde también se pudo reconocer pinturas rupestres zoomorfas de animales idénticos a los canguros, es decir pinturas de canguros en el sur de Bolivia. Lamentablemente, por dejadez o descuido de autoridades y pobladores, estos restos desaparecieron sin habérseles realizado un estudio a profundidad de ningún otro tipo más que las breves imágenes aficionadas que se habían publicado en medios locales. 
Al respecto, Mario García Rivero, en el libro Tupiza Leyenda y Poesía (2014), también habla de estos gigantes con referencia a la leyenda de los chichas manifestando: “Cuentan que en los inicios del mundo, Tupiza era un hermoso valle, la tierra de promisión, donde reinaba la más inaudita armonía entre los dioses, los gigantes y los hombres, tierra de ensueño, de luz y de paz […] Los gigantes que eran hijos de las mujeres más hermosas con los dioses”.
Por otro lado, estaban los liliputienses, o pequeños seres, que trataron de adaptarse en este lugar, primero, desde las alturas donde establecieron sus comunidades. Al respecto, existen registros fotográficos que muestran las pequeñas casas de estos personajes que en su mayoría están aferrados a rocas montañosas. La localización posible de estas construcciones es circunscrita a la provincia Modesto Omiste, del departamento de Potosí. En el mismo sentido, encontramos relatos sobre la existencia de gente muy pequeña en territorio chicheño, por ejemplo en el texto titulado ‘Una raza de pequeños hombres’, del libro Consmovisión de los pueblos chichas (2013), su autor, Édgar Soruco Mendoza, refiere: “Observé con mayor atención, y seguí poco a poco ese pequeño lineamiento pétreo, pude deducir que se trataba de restos de una construcción, pero algo admirable fue cuando seguí con mayor interés las líneas de piedras, como dije bien ensambladas y en algunos momentos se presentaban como paredes destruidas por el tiempo, pero algo había de extraño, las paredes formaban cuartos muy pequeños, de aproximadamente 1,20 ms. de lado y deduje que su altura no podía exceder los 1,20 ms., y seguí observando, […], eran muchos cuartos formando casi una aldea, en cuyo centro, siempre tapado por los cactus pude encontrar una mesita de piedra rectangular de unos ochenta centímetros por cuarenta, como mirando al sol naciente”.
De esta manera, el suelo comenzó a ceder para que estos dos ancestrales grupos poblacionales se asentaran de manera fija y en sedentarismo dentro de este territorio. Así con el enfriamiento de la tierra quedó plasmado este panorama que rodea a varios lugares de la región mostrándose los cerros de color rojizo con formas extrañas que parecen mostrar el movimiento de las olas gigantes, anteriormente existentes, y ciudades pétreas como testigos de la épica de otros tiempos. Igualmente, junto al fenómeno ocurrido, sucedió la aparición de un singular material dorado ubicado, sobre todo, en la aguas de un río muy caudaloso; el mismo que muchos años después, ya en tiempos de la colonia, sería conocido como el San Juan del Oro. 
En la actualidad permanecen los mudos testigos de lo ocurrido ahí en esos tiempos; son figuras petrificadas tanto de animales, mujeres y hombres que parecen estar vigilando desde las lejanías lo que los residentes actuales hacen día a día. 
De esta manera, enigmática y mítica, aparecieron los domadores del Planeta Rojo que fueron construyendo una sociedad peculiar y llena de características marcadas que perviven hasta nuestros días en sus descendientes. Hoy en día poco se conoce de lo acontecido desde su aparición hasta la expansión incaica, pero la tierra se sigue escarbando en la búsqueda de encontrar rastros fiables de esta línea ascendiente del legendario pueblo chicheño. 
Sin embargo, en una historia, relativamente corta, quedan los elementos suficientes para considerar a los chichas como una gran nación que fue desarticulada y que en la coyuntura actual lucha y trabaja por reconstituirse.

*Sociólogo investigador chicheño