La bandera boliviana a orillas del Litoral. (Foto: RRSS)

Pamela E. Escobar Carpio /

La pérdida del mar para Bolivia fue un episodio lacerante dentro de nuestra historia, pues consagró derechos basados en la superioridad bélica. Es inobjetable que hubo violencia y, por tanto, un vicio en el consentimiento.

Nada más claro que lo anterior que es históricamente cierto y prueba que la usurpación se consolidó bajo amenazas chilenas para obtener la suscripción de un tratado. Hay aún otros elementos que la historia recoge como pruebas de la feroz conducta internacional de Chile de ese tiempo. Consecuentemente, resulta claro que el Tratado de Paz y Amistad suscrito entre Bolivia y Chile el 20 de octubre de 1904 fue producto de la conquista territorial por la fuerza y bajo amenazas.

En medio de gran controversia política y con posiciones encontradas de los diferentes sectores de opinión en el país se produjo la firma del tratado entre Bolivia y Chile. Estaba destinado a imponer punto final a las desavenencias entre los dos países, algo que no se logró hasta ahora. El Pacto de Tregua suscrito entre Bolivia y Chile en 1884 (que puso fin al estado de beligerancia que hasta entonces existía) entregó en administración temporal de ese país parte del Litoral boliviano, entre los paralelos 23 y 24. Se dejó, por consiguiente, abierta la posibilidad que, una vez ajustado el convenio definitivo de paz, ese pedazo (que solo representaba una tercera parte del territorio disputado) volviera a la soberanía boliviana. Sin embargo, mediante el Tratado de 1904, Bolivia, bajo nueva amenaza de guerra por parte de Chile, fue obligado a renunciar a perpetuidad en favor de ese país los cuatro grados geográficos del antiguo Litoral. El Tratado de 1904 fue producto de la imposición, respaldada por la fuerza; fue el resultado de la conquista y suscrito cuando Chile ocupaba militarmente el territorio que fuera incuestionablemente boliviano. Claro que Chile sostiene que el Tratado de 1904 no fue resultado de la presión y la amenaza, puesto que cuando se suscribió  no había tropas chilenas en territorio boliviano.

La distorsión se hace notoria ante la evidencia, reconocida aún en el Tratado de 1904, que Chile, en el tiempo en que se negoció, suscribió y ratificó el mencionado tratado, ocupaba por la fuerza con pleno control militar, como resultado de una guerra, el territorio boliviano del Litoral y sus poblaciones y puertos como Antofagasta, Mejillones y Tocopilla, y la población de Calama. 

El litoral fue siempre boliviano

Abraham König, enviado diplomático de Chile en Bolivia, lanza el ultimátum contenido en los siguientes términos.

 “Hace muchos años que mi país desea convertir el Pacto de Tregua en Tratado de Paz, arreglar de una vez por todas sus diferencias con Bolivia. No podemos esperar más, el gobierno y el pueblo chileno consideran que han esperado con paciencia. Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, el opinar que Bolivia tiene derecho a exigir un puerto en compensación de su Litoral. No hay tal cosa. Chile ocupa el Litoral con el mismo título con que Alemania anexó al Imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título con el que los Estados Unidos de América tomaron Puerto Rico. Nuestros derechos nacen de la victoria, ley suprema de las naciones. Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos ocasionados. Bolivia fue vencida, no tenía con qué pagar y entregó el Litoral. Fue una entrega absoluta, incondicional, perpetua. En consecuencia, Chile no debe nada, no está obligado a nada, mucho menos a la cesión de una zona de terreno y de un puerto”.  Esta amenaza tuvo la virtud, al menos, de reconocer que el Litoral fue siempre boliviano y que Chile se apoderó de él por la fuerza.

Estaba claro que, si Bolivia persistía en su empeño de no ceder territorio mediante un tratado, la conquista podía reanudarse hacia el corazón del país. El Tratado de Paz del 20 de octubre de 1904, legalizó la usurpación chilena del Litoral. Los términos del atropello no podían ser más degradantes. Al respecto Querejazu señaló que el Tratado fue “el más desastroso para la patria, el más lesivo a su soberanía, el más humillante, porque no era más que una venta simulada a vil precio, que Chile pagaba con una miserable parte de los ingentes ingresos que le producía el mismo territorio que compraba”. A partir de tal tratado, una de las políticas nacionales primordiales para la reivindicación geográfica boliviana fueron los múltiples esfuerzos que buscaron una salida soberana al mar, con el propósito de consolidar un discurso unificador de la sociedad boliviana.

Bolivia no renunció jamás a su derecho sobre el océano Pacífico, debemos hacer énfasis en cuanto al reclamo y derecho boliviano, durante todo este tiempo, si hay algo que no flaquea es precisamente esa convicción boliviana, que no muere y no morirá. Tamayo al respecto anota: “Al fondo del derecho boliviano mismo existe la voluntad de este pueblo, única valla de acero invisible e intangible que el pueblo despojado puede oponer contra toda suerte de armas esgrimidas contra él. Bien sé yo que Chile siempre se ha reído de esa voluntad boliviana, pero el porvenir mostrará si ha de reírse hasta lo último. Sencillamente el querer de un pueblo, esa voluntad es esta: Bolivia quiere justicia y quiere lo suyo”.

Desde que Bolivia sufrió la desmembración más catastrófica para el desarrollo de un país, el reclamo boliviano sobre los resultados de la guerra se enfoca en la recuperación de un territorio irredento, del cual Bolivia tiene un derecho histórico de soberanía.

El tratado no resolvió las consecuencias del encierro boliviano ni puso fin a las negociaciones entre ambos países por un acceso libre y soberano al mar. Nuestras lecturas del pasado dependen vitalmente de nuestra experiencia con el presente. Chile sabe que no podrá acallar jamás ese sentimiento boliviano y seguramente esa convicción no le permite disfrutar tranquilo de lo que nunca fue suyo. 

Tamayo al respecto dijo: “Y para terminar estas reflexiones esto que es para orejas chilenas: el invocar la justicia de veras y no de burlas; hoy es la conciencia de todo un pueblo la que la invoca y la que un día acabará por encontrarla.  Hace años que dije ya, que la Dolorosa Vía para nuestra pobre patria quería significar la secuela de amenazas que esperaba a Bolivia a lo largo del camino que conduce a la verdad y a la justicia. Pues bien, todo lo que hoy puede haber de injuria y de amenaza de parte de Chile para nosotros, está prevista ya”.

Es por esa razón que dicha pérdida llama a todos los bolivianos a tener un compromiso casi natural de aportar, como muchas intenciones y avances que se realizaron en el pasado, para retornar a las costas del Pacífico, aunque como es de suponer Chile “hará respetar a balazos” el pacto de 1904.