Con las alas rotas

Claudio Sánchez*

El Alto es una ciudad joven y de jóvenes. Quizás por esto dos escenas del cine nacional relacionadas estrechamente con esta ciudad como referencia geográfica tienen como protagonista a un niño —el caso de Chuquiago (Antonio Eguino, 1977)— cuando Isico mira a sus pies la ciudad de La Paz, y recientemente a un joven —Averno (Marcos Loayza, 2018)—, cuando Tupah empieza a bajar para trabajar como lustrabotas.
Más allá de estas dos escenas, El Alto, antes de ser fundada como ciudad, en 1985, ya había sido escenario y testigo del cine. Desde los primeros años del siglo XX, éste fue un lugar importante para la ciudad de La Paz, que está marcado por dos cuestiones destacables, al menos, hasta la Guerra del Chaco (1932-1935), se trata de la vía férrea y de la pista de aviación. Ambas estructuras han merecido la atención de quienes filmaron en aquellos años, y estos registros son testimonio de lo que fue el lugar antes de cobijar una de las estructuras urbanas más importantes de la Bolivia en el siglo XXI. Sirva este apunte también para reconocer que tanto el aeropuerto como las rieles del tren siguen siendo parte fundamental del imaginario urbano alteño.
En esta ciudad se han empezado a crear referencias audiovisuales propias, los resultados de la formación especializada que ha brindado la Escuela de Artes de El Alto permiten que se identifiquen colectivos que lograron hacer registros y dar forma a sus propias ficciones, que surgen desde sus realidades inmediatas. Hay una camada de realizadores alteños que producen largometrajes de ficción con temática propia, que se sostiene en cuestiones urbanas, y realidades —por lo general— jóvenes. 
Este denominado ‘cine alteño’ tiene sus características propias, en el que la violencia es un tema predominante y donde existe también un aparente divorcio con la realidad nacional, es decir, es un cine que reflexiona sobre la ciudad y los jóvenes que están allí. La necesidad de separarse de La Paz parece generar formas de representación que ya no coinciden con un cierto ‘cine clásico’, en el que los personajes marginales viven en la periferia, hay aquí una nueva e interesante forma de reconstruir imaginarios y cualidades sociales que ya no coinciden con el estereotipo de hace 40 años. 
  
*Crítico de cine