CBG_2678

Jackeline Rojas Heredia

Imágenes  en blanco y negro muestran El Prado en la ciudad de La Paz. Al cerrar los ojos el sonido toma cuerpo y se inicia un proceso distinto en el que se descubre cómo era el ambiente décadas atrás. Cómo se movilizaban los “Entas” (buses de la empresa de transporte público) en 1982, cómo era una marcha entre los 70 y 80. Ése es el privilegio que permite a estudiantes e investigadores de hoy retornar al pasado o sentirlo por unos segundos. 
Es un recurso valioso para situar al espectador o estudioso en el lugar de entonces, para despertar sus sentidos y facilitar la comprensión que conlleva el desarrollo y crecimiento de nuestra sociedad, historia, que no sería posible sin el trabajo previo de quienes aportaron en la construcción, recuperación y conservación del archivo fílmico administrado por la Cinemateca Boliviana.
Nació el 12 de julio de 1976 por iniciativa de un grupo de personas conscientes de la importancia de contar con un lugar en el que se pudieran conservar las producciones nacionales. Elizabeth Carrasco, encargada de documentación del cine desde hace 26 años, contó que “el mecenas de la cultura era entonces Mario Mercado, él cedió un espacio en el quinto piso de la casa de la Cultura, donde la Cinemateca estuvo tres años”. La primera producción que llegó para ser protegida fue Laredo de Bolivia, cortometraje en 16 milímetros dirigido por Jorge Ruiz sobre el violinista boliviano Jaime Laredo, ganador del premio internacional de violín.Producción entregada por el pianista Raúl Barragán.
El objetivo principal de la institución fue y es formar, preservar y difundir el Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento de Bolivia. En el lugar que cuenta hoy con condiciones óptimas para la conservación de las cintas fílmicas se hallan “joyas” del cine silente, tanto nacional como internacional,  desde principios del siglo pasado (1904), documentos esenciales para la memoria histórica colectiva.
No existió antes ni se conoce actualmente un repositorio nacional de similares características. Ramiro Valdez, encargado del cuidado y la grabación digital de las producciones en formatos antiguos, aludió al Archivo de documentos que la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) en El Alto. “Esos documentos se hubiesen perdido si no fuera el trabajo de don Édgar Ramírez, y en realidad gran parte de nuestra historia se perdió porque no existía en Bolivia cultura de preservación y cuidado de la documentación. La Cinemateca es eso, un archivo de documentos, pero en imágenes en movimiento”, dijo.
Carrasco contó que mucha de la documentación grabada por el canal 7 fue recuperada por el personal del cine. “Estaban desperdigadas en depósitos en condiciones terribles, llenas de agua, ensarradas, montones de película reversible de noticieros en cajas de cartón o turriles en las viejas instalaciones del medio, en El Alto, varias cintas de video de dos pulgadas en rincones acumulando polvo. Se recuperó todo lo que se pudo”.
Mela Márquez, directora actual de la Cinemateca, relató que luego de la fundación del repositorio llegaron donaciones de todas partes. Se tiene una colección de películas antiguas de cine mexicano, de Argentina, donaciones de familias y de personas que confiaron en el trabajo de preservación del archivo.
Ramiro Valdez permite recorrer el actual repositorio y muestra los equipos con los que se hacía cine décadas atrás, las cintas y las colecciones de grabaciones en formato U-matic, lo último en sistema analógico de calidad antes que domine lo digital.
“Estoy trabajando en una colección grande que nos llegó de Tonchy Antezana. Tenemos grabaciones muy importantes, entrevistas a Gunnar Mendoza, Raúl Lara. Hay otra de la familia Cajías Muñoz, de Pancho Cajías y de Mario Egemio Muñoz, colección de otros formatos; el archivo de Proinca, de Jorge Ruiz en 16 milímetros. De Roncal, en 35 milímetros. Están los documentales de la esposa de Eguino, Denielle Caillet, sobre  mujeres prominentes;  el traslado del monolito Bennet a Tiwanaku; el momento en que se emplazó el monumento de Juana  Azurduy, ahí está Gustavo Lara y mucho más”, mencionó.
Varias cintas fueron recuperadas y restauradas, un ejemplo importante es la recuperación y posterior puesta en valor de Wara Wara, (1930) filme que fue reestrenado luego de casi medio siglo de estar perdido; otro es El bolillo fatal (1926) y Hacia la gloria (1932).

FECHAS IMPORTANTES

La Fundación Cinemateca Boliviana (con sus estatutos detallados) obtuvo su personería jurídica el 29 de septiembre de 1977.
En septiembre de 1977 cambió su nombre de Fundación Cinemateca de La Paz a Fundación Cinemateca Boliviana.
Es reconocida por el Estado como Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento a través del  Decreto Ley Nº 15604 de 27 de junio de 1978.
El instrumento legal más importante de todos los que respaldan a la Fundación es la Ley Nº 1302, promulgada el 20 de diciembre de 1991. La referencia explícita a la Cinemateca está en el capítulo V, artículos 26 y 29 de la mencionada norma. En el artículo 26 refiere que: “el Estado boliviano, único y legítimo propietario del patrimonio nacional de imágenes en movimiento, encomienda a la Fundación Cinemateca Boliviana (…) el rescate y la preservación de dicho patrimonio, organizando el Archivo Fílmico Nacional”.

CAMBIOS EN LA INFRAESTRUCTURA

La Cinemateca entre 1976 y 1978 funcionó en la Casa de la Cultura de La Paz. En 1978  se trasladó y operó en condiciones de alquiler en el antiguo cine del Colegio San Calixto de la Compañía de Jesús, donde permaneció hasta  2002 (24 años). Ese mismo año dejó de realizar proyecciones, pero continúo con tareas de archivo. Carrasco cuenta que en 2004 dejaron el recinto de la unidad educativa y se trasladaron a la edificación que estaba aún en construcción y que se inauguró tres años después. 
En paralelo, entre 1991 y 1993, se desarrolló el proyecto para la construcción de lo que sería (y hoy es) el complejo Cinemateca, y en 1996 se inició una campaña masiva para la recaudación de fondos para concretar el sueño. El diseño fue elegido como resultado de un concurso nacional. Once años después se inauguró con su infraestructura actual, el 30 de octubre de 2007. Desde entonces cuenta con una de las mejores estructuras en cuanto a conservación de archivos del mismo carácter, el más importante de toda América Latina.