Por: Carla Espósito Guevara /

Colombia es un país en el que por más de 100 años nunca gobernó la izquierda, donde la derecha ha construido una hegemonía muy poderosa y un sentido común generalizado. Es el único país de Sudamérica que pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Con los homicidios de Gaitán, Pizarro y Galán ha marcado una tradición de asesinatos de los candidatos de izquierda, por eso ésta siempre tuvo que circular por fuera de la democracia representativa. Esta es la primera vez que un candidato de izquierda gana una elección, aunque sea en primera vuelta. En un país con tales características que Gustavo Petro alcanzara el 40% es un logro muy importante, aunque insuficiente para alcanzar la Presidencia.

Petro competirá en segunda vuelta con el ingeniero Rodolfo Hernández, cuyo nombre nadie tomaba en serio como segunda opción y que “súbitamente” apareció en el escenario político como alternativa el domingo pasado. Solo en días las encuestas lo colocaron como un candidato factible. Hernández es un ingeniero millonario de la construcción que hizo su fortuna aprovechando los créditos y la especulación financiera. Evitó participar en los debates políticos y concentró su campaña en las plataformas digitales, particularmente en Tik Tok.

Su campaña consiste en dos mensajes muy simples: 1) La lucha contra la corrupción, aunque él mismo tiene pendientes juicios por beneficiar a su hijo cuando fue alcalde de Bucaramanga y 2) Convencer a la gente de que quienes tienen que gobernar son los que saben hacer dinero. En un país que tiene problemas tan acuciantes como la violencia, la desigualdad, los desplazados, el narcotráfico, los asesinatos de líderes indígenas, problemas con la distribución de la tierra y un proceso de paz secuestrado, simplificar la realidad en solo esos dos tópicos resulta casi risible.

Su discurso es facilón y ambiguo. Dice no pertenecer “ni a la derecha ni a la izquierda”, y se vende como un “outsider de la política”. Plantea una opción alternativa al uribismo, pero lo hace también desde la derecha y el antipetrismo. “Todo menos Petro” es su consigna. A fines de junio del año pasado se viralizó el audio de una entrevista que había dado a Noticias RCN en 2016 en la que decía: “Yo soy seguidor de un gran pensador alemán que se llama Adolfo Hitler”. Asimismo, afirma que es importante que los empresarios entiendan que lo fundamental es “tener gente pobre y con capacidad de consumo”. Sostiene que “las mujeres metidas en el gobierno molestan a la gente” y que “es bueno que ellas hagan sus comentarios y apoyen desde la casa”, aunque afirma que permitirá el aborto y defenderá el matrimonio igualitario.

El discurso de Hernández es despolitizante, pero en su ambigüedad y falta de rigor llega a la gente y aparece como una opción para “los cansados de la polarización”. Aunque es un candidato de derecha, no es un representante de las viejas élites colombianas y puede hasta verse como popular.

Horas después de anunciado su segundo lugar, el uribismo lo saludó. Es claro que Hernández se convertirá en el candidato oficial de la derecha y liderará el voto antiPetro. La presencia del Ingeniero, como se hace llamar, ha complicado el escenario para Gustavo Petro, aquel se ha convertido en un candidato más difícil de combatir que Fico Gutiérrez, quien ostentaba un claro discurso derechista; en cambio con Hernández no se sabe contra qué se lucha. Petro tendrá que ser muy hábil en desmontar los argumentos de esta nueva derecha, más camaleónica y elusiva que la uribista, y en desmentir las encuestas infladas que buscan crear realidades ficticias. La derecha colombiana, por su parte, está mostrando una facilidad enorme para mudar de ropaje a fin de reconstruir su hegemonía.