Octubre, mes de la recuperación de la democracia, celebrará un año de las elecciones que dieron fin al régimen de facto de Jeanine Añez y sus allegados, quienes, en un corto periodo de supuesta administración transitoria, dejaron el país en crisis económica, política, social y sanitaria.

Aún existen frescos recuerdos de la violencia de algunos grupos opositores que, impulsados por instituciones como el Comité Cívico de Santa Cruz, discursos de políticos como Carlos Mesa y Fernando Camacho y financiados por la derecha, obligaron a que Evo Morales renuncie a la presidencia ante un escenario de conflictos, apoyados luego por ciertos policías y militares; así interrumpieron la democracia boliviana.

Es en este escenario, la población vio que los políticos de la vieja guardia interrumpieron el desarrollo económico que se forjó durante 14 años de gestión, dio su confianza al Movimiento Al Socialismo (MAS) para que recupere la administración pública que luego de todo este año al fin empieza a ver frutos positivos bajo el liderazgo de Luis Arce.

Es entonces que el 18 de octubre de 2020 los bolivianos acudieron a las urnas para elegir a Luis Arce como el nuevo presidente con más del 55%, recuperando así la democracia en respeto a la voluntad del soberano.

Luego se iniciaron las investigaciones y se demostró que hubo daño económico al Estado, además hay claros indicios de un golpe de Estado gestado no sólo por políticos y opositores bolivianos, sino por policías, militares y agentes externos que trataron de volver al tiempo en que utilizaban el país como su patio trasero.

Sin embargo ahora, luego de un año de estabilidad y crecimiento económico, nuevamente se intenta gestar movilizaciones en contra del Gobierno; la excusa es persecución política y atentado contra la democracia.

Todo ocurre nuevamente bajo la tutela del Comité Cívico de Santa Cruz, que anunció la defensa del gobernador de ese departamento, Luis Fernando Camacho, quien fue citado a declarar por los hechos de 2019, pues fue uno de los principales artífices del golpe. El excívico incluso llegó hasta La Paz en 2019 luego de que, como él mismo dijo, su padre hablara con los militares para entregar una carta de advertencia a Morales exigiendo que renuncie en 48 horas, caso contrario las cosas se iban a complicar.

Y como tal, pasó; pues la Policía se amotinó y luego los militares “sugirieron” a Evo que renuncie curiosamente poco después de los discursos de Camacho, incluidas las movilizaciones que organizó en varios departamentos junto con Marco Pumari de Comcipo, Potosí, y la llegada del ahora gobernador cruceño a La Paz.

Entró con la Biblia bajo el brazo al Palacio de Gobierno, atribuyéndose la caída de Morales. Ahora en sus últimas declaraciones, claras afrentas a Arce, amenaza que puede repetir la fórmula usada hace dos años y así terminar lo que inició entonces.

Sin embargo hoy que se lo llama para que declare sobre el golpe, convoca a cabildos y, bajo el paraguas siempre del Comité Cívico de Santa Cruz, que tiene como presidente a Rómulo Calvo y que advirtió con movilizaciones extremas, reunió nuevamente a actores de la derecha, donde se lo ve en primera fila junto a rostros como el de Carlos Mesa, Jorge Quiroga, y Carolina Ribera, hija de Añez.

Además llama nuevamente a un paro cívico que es rechazado no sólo por las autoridades nacionales, sino por la propia población cruceña que luego de tantos conflictos y crisis sanitaria busca reponer su economía y trabajar para salir adelante, un hecho que para personas como Camacho no importa, pues solamente busca utilizar a los ciudadanos para camuflarse y no responder por sus acciones dentro del caso Golpe de Estado.

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