De pronto la conflictividad social está alcanzando niveles no habituales y generando un apa-rente ambiente de inestabilidad y confusión en la ciudadanía, que tiene objetivos claramente políticos que deben ser puestos en evidencia de manera pronta y clara para no alimentar esa confusión.

La oposición ha demostrado su ineficiencia e incapacidad de gestión parlamentaria y de gestión gubernamental en niveles subnacionales, en los cuales no ha podido mostrar ningún tipo de logros con los cuales pueda justificar su presencia en estos niveles del Estado.

Ante esta incapacidad manifiesta, no han encontrado otro camino que “embarrar la cancha”, para decirlo de alguna manera, dedicándose a destruir la gestión y buscar desestabilizar nuestro sistema democrático, descalificar a las autoridades, a instituciones como el Órgano Judicial y Electoral, vinculándolos incesantemente con el partido de gobierno y posicionando una narrativa malintencionada de que en nuestro país no estamos viviendo en una democracia plena.

En este intento y ante la ausencia de una verdadera base social, se han dado a la tarea de juntar a viejos dirigentes políticos y sindicales, muchos de ellos sin representación alguna, otros con severos cuestionamientos y denuncias de corrupción, además conocidos por su constante transfugio, con la única finalidad de hacer creer a la ciudadanía que tienen respaldo en sus acciones desestabilizadoras.

Dirigentes dinosaurios de sectores como los gremiales o del magisterio paceño, junto a los de otras agrupaciones menores, nuevamente se han convertido, por arte y magia de los medios, particularmente opositores, en voceros y analistas, de acuerdo a cada caso, para opinar sobre los más variados temas, desde el precio de la carne hasta cómo debe procesarse la información que se obtenga a través del Censo Nacional de Población y Vivienda.

No solo salen en los medios para analizar la coyuntura con muy poco conocimiento y sin ninguna autoridad moral para hablar a nombre de los gremios que dicen representar, sino también para amenazar con movilizaciones y otras acciones con las más baladíes justificaciones y/o reivindicaciones, que únicamente contribuyen a echar más gasolina al fuego, porque su pretensión es ésa, incendiar el país.

Viejos políticos de derecha, jóvenes fascistas violentos, sindicalistas caducos, medios de comunicación y mercenarios del periodismo, entre otros, bajo el mandato del imperio, se han dado a la tarea de buscar convulsionar el país utilizando los métodos más antidemocráticos y un discurso de discriminación y odio en contra de quienes no comulgan con ellos en sus pro-pósitos de retornar a los tiempos en que ellos hacían lo que les venía en gana con la patria, cual si fuera su hacienda.

Su propósito es claro, con la misma metodología usada en 2019 quieren nuevamente tomar el poder por la fuerza, ya que, por la vía democrática, electoral, no pudieron ni podrán hacerlo. Sin embargo, olvidan que éste es otro momento, con un gobierno legítimo que tiene el respaldo del pueblo boliviano que le dio el mandato de gobernar, de reconstruir el país, de salir adelante después del desastre golpista y no permitirá que corra sangre boliviana solo por la angurria de poder de los antipatrias.