Silvia Fesquet/ El Clarín

“Si en vez de Lehman Brothers (Hermanos) hubieran sido Lehman Sisters (Hermanas), muy distinta hubiera sido la crisis de la economía mundial”. La reflexión, lanzada por la ex directora del FMI, Christine Lagarde, a propósito de las consecuencias de la mayor quiebra en la historia de los Estados Unidos, encuentra eco hoy en un planeta atravesado por el coronavirus y en el modo en que los, pero sobre todo las líderes mundiales, se han comportado frente a ella. En palabras de Jon Henley y Eleanor Ainge Roy en The Guardian, muchos países con hombres al mando han tenido buenos resultados, pero pocos liderados por mujeres los han tenido malos.

Lejos de enarbolar teorías conspirativas, echarles la culpa a enemigos políticos y medios, minimizar los riesgos y burlarse de manera ostensible de las recomendaciones médicas, como hicieron Trump, Bolsonaro, Putin, ellas se hicieron cargo de la situación, hablaron con la verdad, exhibieron firmeza en las decisiones sin dejar de mostrarse empáticas y compasivas, y no vacilaron en innovar y usar los recursos tecnológicos a su alcance. Dos de los ejemplos más rotundos son Jacinda Ardern en Nueva Zelanda y Angela Merkel en Alemania. Con un total, al día de ayer, de apenas 20 muertos. apelando al “Quédense en casas, salven vidas”, -enviados por video desde su sofá-, a la solidaridad con los vecinos, el cuidado de los más vulnerables y la necesidad de hacer sacrificios en pos de un bien mayor, Ardern impuso una cuarentena estricta antes aún de que hubiera un solo muerto. La semana pasada anunció “hemos ganado esta batalla”. Desde el principio Merkel fue clara: advirtió que el 70% de la población podría contraer el virus, explicó con bases científicas cómo se comportaba -tiene un doctorado en química cuántica-, dijo que era el “mayor desafío” desde 1945 y lamentó cada muerte como la de “un padre, un abuelo, una madre, una pareja”. Sumado a testeos masivos, rastreos de contagios y una buena infraestructura sanitaria, tiene a la fecha el 10% de las muertes que registra Estados Unidos.  En nuestras palabras

Sanna Marin, la primera ministra de Finlandia, recurrió a influencers de redes sociales para hacer circular información certera sobre la pandemia, y sus cuidados: con la mitad de la población de Suecia, la cantidad de víctimas fatales es menor al 10% de las que registra su vecino. Su par de Noruega, Erna Solberg, les habló a los chicos, a través de una conferencia de prensa televisada en la que contestó sus preguntas y prohibió la presencia de adultos: les dijo que estaba “permitido sentirse un poquito asustados” y que ella también extrañaba abrazar a sus amigos. En Dinamarca (algo más de 9 mil infectados y 475 muertos), su colega Mette Frederiksen, además de, entre otras decisiones, cerrar tempranamente las fronteras y poco después escuelas y universidades, no eludió el humor, y subió a Facebook un video que la mostraba lavando los platos. A principios de enero la presidenta de Taiwan, Tsai Ing-wen, estableció restricciones a los viajes, y otras 123 medidas, cuarentenas incluidas: hay menos de 6 muertos. La líder de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, ofreció testeos masivos y gratuitos a toda la población. Junto a un rastreo intensivo, el país registra 10 muertos a la fecha.

Hay algunos valiosos ejemplos más, dentro de un total exiguo. Según la ONU, a octubre pasado había, en todo el mundo, apenas 10 mujeres jefas de Estado y 13 jefas de Gobierno. La pandemia está en curso y son muchas las variables que se ponen en juego al evaluar resultados. Para muchos expertos, crisis como la actual requieren habilidades de liderazgo como búsqueda de consensos, capacidad de diálogo, empatía, debate de ideas, capacidad de comunicación, intuición, motivación de equipos y otros talentos que suelen destacarse en las mujeres. Sin embargo, una investigación publicada años atrás en Harvard Business Review evaluó, con 7.280 líderes, la efectividad de ellas o ellos en 16 capacidades clave para el liderazgo, como tomar la iniciativa, favorecer el desarrollo ajeno, perseguir el propio, inspirar y motivar. Al juzgar cada habilidad. en 12 de las 16 competencias propias de un liderazgo sobresaliente, las mujeres obtuvieron los puntajes más altos, sobre todo en tomar la iniciativa y orientarse a resultados, habitualmente vistas como claras fortalezas masculinas.

Alain Touraine, sociólogo y premio Príncipe de Asturias, sostiene que este es el siglo de las mujeres. La fuerza de los prejuicios, y la de los mandatos, por ahora persiste. En un mundo dado vuelta, tal vez algo empiece a cambiar.