FOTO DE ARCHIVO. Una fila de personas esperan en un punto de distribución de frutas y vegetales donados por productores locales que no han podido exprtar por el brote de coronavirus, en San José, Costa Rica. 13 de abril de 2020. REUTERS/Juan Carlos Ulate.

Tras casi dos meses de haber detectado el primer caso de COVID-19, Costa Rica aún no tiene contagio comunitario, registra la tasa de mortalidad más baja de América (0,81 por ciento), más recuperados que casos activos y ha conseguido avances científicos en el estudio y el tratamiento del virus.

A pesar de los buenos números y al descenso de la curva del virus, las autoridades insisten en la necesidad de mantener las estrictas medidas. 

Costa Rica cuenta con un robusto y universal sistema de salud, según informes especializados. Esta universalidad garantiza que la gente tenga acceso gratuito a las pruebas del COVID-19, siempre y cuando cumplan con los parámetros establecidos para considerar a alguien como caso sospechoso.

Además, el sistema público cuenta con 29 hospitales, así como clínicas y una pequeña área de salud prácticamente para cada barrio llamados Equipos Básicos de Atención Integral (EBAIS) que son el primer escalón en la atención sanitaria. Esta red permite dar un seguimiento diario personalizado a los pacientes de COVID-19 y también ha evitado que el país tenga transmisión comunitaria del virus, pues la totalidad de los casos cuentan con su nexo epidemiológico identificado.

Apenas detectó sus primeros casos -en dos turistas estadounidenses- Costa Rica comenzó a tomar decisiones. La más fuerte: el cierre de sus fronteras para extranjeros, un duro golpe para el sector turismo, uno de los motores de la economía del país y que prevé un caída del 27 por ciento para el 2020.

Costa Rica no ha establecido una cuarentena generalizada, pero sí ha ordenado restricciones a la circulación de vehículos, el cierre de bares, discotecas, cines, gimnasios, y la operación con capacidad disminuida de restaurantes, tiendas y otros pequeños negocios. A partir del 1 de mayo y debido al descenso en la curva de casos activos, el Gobierno ha comenzado a reabrir con limitaciones algunas actividades como las de los gimnasios, los salones de belleza, los talleres mecánicos y los cines.

Por su parte, el ministro de Salud, Daniel Salas -un médico de 43 años y experto en epidemiología- se ha convertido en figura con un discurso directo que ha calado en la población y que a veces se asemeja a un regaño. «¡Ocupo (necesito) que reaccionen, por favor, reaccionen!», fue una de las frases del ministro que más popular se volvió cuando Costa Rica apenas comenzaba a enfrentar la pandemia y las autoridades abogaban por quedarse en casa.