David Foronda H.

Desde la cuarentena obligatoria, el encierro voluntario de algunos, el “encapsulamiento” de ciudades o regiones, hasta los contratiempos que trae la permanencia obligada en el hogar, la incertidumbre de lo que posteriormente será la economía, más aún cuando ya comienzan a hablar sobre la aplicación de una “economía de guerra” no solo en Bolivia, sino en gran parte del mundo, digamos con certeza que es el coronavirus el causante de semejante descalabro que ha puesto “patas arriba” al mundo y a las sociedades humanas de este siglo XXI, tal cual señalamos hace poco. No obstante, más allá de aquello siempre será necesario tratar de rescatar los hechos positivos, y hasta negativos, de cuanto acontece en el planeta. Es así que nuevamente escribo sobre lo bueno, lo malo y lo feo que ocasiona el coronavirus.

Lo bueno es que el recojo de la basura en la urbe es normal, habiéndose dicho que tan solo en 36 días se recogieron 23.448 toneladas de desechos sólidos. Lo malo es que el trabajo de los obreros del sector viene a ser muy sacrificado por los horarios en los que cumplen sus labores, fuera de los peligros sanitarios a los que se exponen. Lo feo es que una vez más queda comprobado que quienes generan las mayores cantidades de basura en las vías públicas son los comerciantes, quienes indiscriminadamente dejan, o arrojan, bolsas de plástico, cartones, envoltorios, cáscaras de productos agropecuarios y otros.

Lo bueno es que el Ministerio de Trabajo, a raíz de esta emergencia sanitaria, prohibió el retiro y despido de trabajadores en el país. Lo malo es que, al igual que acontece en otros rubros, las empresas paradas han dejado de generar ganancias, aunque para encarar esas contingencias el Gobierno nacional aprobó medidas económicas que son de apoyo importante para el sector privado. Lo feo es que portavoces empresariales, a pesar de todo, se avengan a la innecesaria tarea de generar incertidumbre en el mundo laboral al anunciar que aplicarán despidos dentro de los próximos meses de mayo y junio.

Lo bueno es que la lucha contra el COVID-19 en el mundo es a brazo partido. Lo malo es que no se dijo a tiempo la verdad a la comunidad mundial desde el ente internacional de control de la salud, cuyas consecuencias se advierten hoy, tal como la suspensión por ese motivo del aporte de EEUU a la OMS. Lo feo es que van investigaciones serias que establecen que China engañó al mundo, “ya que ellos conocían sobre el COVID-19 mucho antes”, según enfatizan, y ante lo cual calló la Organización Mundial de la Salud.

Lo bueno es que la contaminación ambiental en general, a raíz de la maligna presencia del coronavirus que impuso la cuarentena global de los habitantes, se redujo de manera ostensible, dando paso a que incluso la fauna de los bosques, llanos, selvas y mares ganen las ciudades ante el repliegue humano por el coronavirus, así sea en cantidades menores, tal como aconteció con muchas especies que, ante la ausencia del hombre, aparecieron súbitamente. Lo malo es que una vez que retorne la “normalidad”, estas nuevamente huirán, ya que ―se dice― “invadieron” espacios urbanos en la búsqueda de comida. Lo feo es que quizás no faltarán aquellos depredadores que se dedicarán a la cacería de los mismos, algo que ya debieran prever las autoridades.

Lo bueno es que la cuarentena ha impedido que continúe la ingesta desmesurada de una serie de bebidas alcohólicas con uno u otro pretexto, o por simple gusto, y renació el profundo intercambio familiar; hasta se podrá afirmar que sobre todo la delincuencia nocturna ha disminuido notoriamente.

Lo malo es que, a la vez, van creciendo, como fruto del encierro obligatorio, contratiempos en los hogares traducidos en discusiones entre cónyuges debido al estrés que conlleva la situación, los desajustes económicos y otros, a lo que viene a sumarse la carencia de asistencia psicológica que bien puede ser impartida por el ministerio del ramo a través de los medios de comunicación, sobre todo televisivos, y, a más de que la industria del ramo, como otras, afronta pérdidas.

Lo feo es que hay un cierto descuido en el control para evitar los atentados contra la mujer, lo que estaría dando lugar a que las mentes desquiciadas continúen cometiendo feminicidios. Se puede decir mucho más, pero es el espacio nuestro verdugo, por lo que volveremos a reencontrarnos en otro momento.