Por: Esteban Ticona Alejo/

Hace más de dos años que estamos conviviendo con el Covid-19, posiblemente una de las pandemias más extremas que no solo causa la muerte, sino profundas derivaciones en el comportamiento de los seres humanos. Hasta ahora se tiene mucha vivencia y creo que muy poca reflexión en diferentes espacios sociales. Sobre todo las universidades están llamadas a investigar desde distintos ámbitos y publicar los resultados; pero, con la crisis que atraviesan las entidades de formación profesional pública, será difícil que encaren el tema de manera inmediata.

Aún vivimos las profundas secuelas de las formas de encierro a la que fuimos sometidos, que solo ahondó más la crisis sanitaria.

¿Cuántas personas quedamos afectadas por la partida de nuestros seres más entrañables? Porque no recibieron los rituales funerarios como se debía y fuimos obligados a cremar los cuerpos. Se practicó una especie de “cómo deshacerse rápido de los cuerpos para que no nos contagien”. Pero hay otras derivaciones más sutiles y hasta camufladas, como la ira contenida, la bronca contra quien sea, hasta expresiones de mayor violencia doméstica que aún afloran en los hogares. Perder el trabajo o las oportunidades soñadas son las grandes consecuencias que ocasionó el Covid-19. Claro está, acompañado de un displicente manejo de la salud pública por parte de las autoridades de turno, que solo atinaban a dar cifras de muertos y contagiados.

Algunas instituciones, como la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (FES) en Bolivia, tomaron la iniciativa de recoger información en forma de testimonio sobre los efectos del Covid-19. Mediante un concurso realizado en 2021 la FES recogió y publicó 17 memorias, bajo el nombre de Remando la crisis. Testimonios en pandemia. Al leerlos uno se identifica con algunas de estas experiencias, aunque a la vez se diferencia de otras vivencias.

Hay varios testimonios sobre la educación virtual y su fracaso en el sistema escolar. La respuesta fue volver a las clases presenciales. Me impactó cuando un joven relata que la virtualidad lo volvió adicto al celular y que felizmente se rehízo ante la falta de recursos económicos de la familia. Urge trabajar, mediante estudios de caso, ¿cómo fue realmente la experiencia virtualizada —conectando si hubo o no alguna eficacia en esta opción educativa asumida—? En distintas sociedades, toda prohibición siempre ha llevado a actividades clandestinas. Para bien o para mal los testimonios nos muestran algo de esa experiencia, no exenta de rebeldías y formas de coerción.

Lo más interesante en los testimonios recogidos: están niños/as de unos cuantos lugares del país, como también personas adultas, ancianos y, por supuesto, la versión de hombres y mujeres. Resulta conmovedora la experiencia de dos casi adolescentes, quienes, ante la falta de recursos económicos viajan a la cosecha de la quinua en el municipio de Uyuni y tienen que dormir en la intemperie, varias noches en ese frío gélido.

Lo que está ausente en el libro citado es la experiencia del tratamiento del Covid-19 con el remedio natural de los pueblos aymara y quechua llamado khari khari, ante el fracaso de la medicina occidental y el difícil acceso a un centro de salud público. Ante esta situación, muchos ciudadanos la enfrentaron con el remedio citado. ¿Cómo fue esa experiencia? Urge hacer estudios de caso, que podrían ser de interés para la dirección de medicina tradicional, donde se explique con más detalle el contenido de ese remedio.

Además ¿qué posibilidad hay de seguir usando hacia adelante esta medicina para otras enfermedades? ¿Qué medicina natural usaron entre los pueblos de la Amazonía, el Oriente y Chaco del país?

Estar frente a la muerte nos ha generado varias preguntas. ¿Por qué el ser humano sigue actuando con tanta mezquindad? ¿Por qué tanto odio, racismo, si en algún momento dejaremos de existir? ¿Podemos considerarnos sobrevivientes del Covid-19? No del todo, porque aún convive entre nosotros. ¿Qué aprendimos de esta experiencia traumática? Creo que el ser humano egoísta parece haber triunfado sobre el valor de hermandad, comprensión y solidaridad. Uka ñanqha usuxa janiw chaqtkiti jakawinakasata. Khari khari qullamp ¿jark’asisipkakiñaniti?