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Claudio Sánchez/Crítico – Edición impresa

Con su lento avance y sus largas discusiones. La nueva Ley del Cine y el Audiovisual boliviano una vez más es noticia. El 7 de noviembre, la Cámara de Diputados aprobó en grande el proyecto de ley, documento que fue remitido al Senado para luego ser devuelto y posteriormente promulgado.

Al parecer cada vez se está más cerca de la tan ansiada norma. Sin embargo, como se suele decir en términos futbolísticos, y algunas veces en portugués: O jogo só acaba quando termina. La Cámara postergó el tratamiento en detalle para que puedan hacerse las modificaciones que sean convenientes al sector involucrado. Esto deja abierta una (o varias) puerta (s) para seguir perfeccionando aquel documento que fue aprobado.

Ahora bien, es importante ver qué y cómo quedó el proyecto. Algunos sectores observaron ciertos puntos que todavía resultan polémicos, lo cual ha dado paso a una renovación de actores en el escenario, que permite dar fe de la vitalidad del sector y el interés que existe en que, de una vez, haya un nuevo marco legal para la actividad en Bolivia.

Desde que en el Congreso del Cine y Audiovisual Boliviano, realizado en Cochabamba en 2013, se planteara que la crítica y la investigación deberían formar parte de la nueva ley, de tal modo que se permita poner en valor la producción nacional a través de textos y publicaciones especializadas, en formatos impresos y digitales; desde ese momento no se dejó de insistir en este punto. El Congreso de Cochabamba lo había aceptado, en las diferentes reuniones sostenidas con autoridades de gobierno se consiguió mantener la figura dentro de los elementos de interés que la ley debería contemplar en cada reunión donde hubo representación de los colectivos organizados de la crítica y la investigación se hizo saber de la importancia de este punto dentro de una ley moderna y con visión de futuro.

Lo antes dicho permite reflexionar sobre lo que ‘ha quedado’ en el proyecto de ley. En la versión que fue enviada al Senado no hay ninguna referencia a la crítica e investigación. En el punto 3 (Fines) se excluye esta labor fundamental para la sustentación de la cultura cinematográfica en el país, no se trata pues únicamente de producir películas, sino de ponerlas en valor a través de su discusión y análisis, de su rescate y de hacerlas visibles en contextos que les permiten nuevas lecturas, aquéllas que consienten pensar el cine como cultura y no simplemente como entretenimiento.

¿Para qué le sirve al país esto? La construcción del Estado Plurinacional exige que se profundice en lo que se puede denominar ‘la voz propia’. La ausencia de referencias locales y reflexiones sobre lo que se hace en Bolivia, como también de espacios que permitan el ejercicio continuo de reflexión sobre el cine y el audiovisual, son —sin duda— grandes obstáculos para la consolidación de la denominada “cultura cinematográfica”. Mientras más insumos existan sobre lo que es Bolivia, que en este caso se traduce en lo que sus películas desarrollan en sus discursos y estéticas, mayor será la posibilidad de pensar un país desde sus imágenes. Es urgente fomentar la creación de contenidos relacionados con la materia porque esto permite consolidar un sistema de estudio y análisis que conseguirá hacer del cine y el audiovisual una de las más representativas expresiones del pueblo boliviano.

El paradigma cultural del país cambió en función del reconocimiento de las 36 naciones indígenas originarias. Aquello que era privilegio de las clases medias y altas urbanas, que se denominaba ‘la cultura’ haciendo referencia a las bellas artes, ha sido reemplazado por la forma de entender la cultura como manifestación de la acción colectiva de las sociedades. En este sentido, la plurinacionalidad, luego de haber sido superada la etapa del reconocimiento de ‘el otro’ da lugar a la ‘interculturalidad’, lugar de privilegio del cine y el audiovisual.

Este proceso necesita ser acompañado por un ‘algo más’ que solamente las películas, se trata de brindarle a la producción un valor que crece en función de que se lo piensa, es decir, la puesta en valor de estos contenidos está sujeta —también— a reflexiones más allá de su vida de exhibiciones, la propia referencia a ciertas películas genera necesidad de ser vista, si ni siquiera se la nombra entonces quedan perdidas, extraviadas, y con ellas algo de nuestra expresión como sociedad muere.

Estamos frente a la oportunidad histórica de hacer una ley que integre los diversos campos de la actividad cinematográfica y audiovisual en una visión de futuro. Hasta ahora se había conseguido que la crítica y la investigación ocupen el lugar que les corresponde, brindando a esta nueva normativa un alcance mucho mayor del que se estima en la versión que ha llegado al Senado. Es el momento de insistir en el respeto a los consensos alcanzados, no es momento de claudicar, es tiempo de celebrar el gran paso que significó llegar a la Asamblea, pero de recordar insistentemente que ésta es una ley que no puede dejar de lado (entre otras cosas) éste que resulta ser un punto fundamental. 

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