Carlos Federico Valverde Bravo
SIN LETRA CHICA

Yo caminaré entre las piedras
hasta sentir el temblor en mis piernas;
a veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza.

Antes de empezar, me permito señalar que creo que volvemos a la teoría del psicoanálisis, esa de buscar orígenes

El psicoanálisis es una teoría sobre el funcionamiento de la mente humana y una práctica terapéutica. El objeto de estudio para el psicoanálisis lo constituye la comprensión de los contenidos inconscientes de la conducta humana y a partir de allí postula el proceso de construcción del aparato psíquico.

A ver, a partir del COVID-19, en el mundo se está hablando del tema con más profundidad de la que creímos se iban a plantear estos temas, aun cuando no todo es seriedad, y eso no es malo, alguna gente hace “catarsis” tratando de “huir a pensar en lo que de verdad pasa”. Como sea, en algún momento terminará la llamada “cuarentena mundial”, más allá del encierro propio de cada una de las naciones. Lo primero es decir el fin de la cuarentena, seguramente en algunos meses, más allá incluso de que se encuentre la vacuna y del hecho de que alguien se haga más rico aún, los habitantes del mundo nos convenceremos de que todo deberá ser diferente a aquello que quedó atrás.

Si lo planteamos hoy, no queda otra que enfrentarnos al camino que se abre en dos opciones: lamentar y echarle la culpa a otros (el favorito parece ser China porque lo fabricó o porque no lo avisó y escondió cifras) o encontrar una ruta crítica que se puede hacer virtuosa. Los más jóvenes dicen que eso es “reinventarse”, a mí me cuesta usar esa palabra porque creo en el uso racional de la inteligencia humana que encuentra lo que al final lo va a beneficiar, aunque inventar es una tarea en la que también se usa la inteligencia, de manera que puede que parezca un juego de palabras y este texto no busca tal cosa, de manera que no lo discuto porque el objetivo es saber dónde estamos, mirar para atrás y dar el primer paso para caminar mirando el frente (sin saber exactamente qué es el frente), sabiendo que hay algo que se deja atrás que debe ser una epecie de mojón de paso, que debe ser memoria… más adelante se verá el valor de la memoria para usarla inteligentemente.

Esta crisis no tiene precedentes en 100 años; hubo crisis de salud que asustaron, evidentemente. A diferencia de esas crisis, esta metió a sus casas a la mitad del mundo, mientras las calles de algunos países vieron cómo la gente dejaba sus muertos.

Bien, bajo la línea de mi artículo de opinión “Y después”, publicado por El Deber, el 29 de marzo, la idea de estas líneas es entender que volveremos a mirarnos a nosotros mismos como sociedad o colectivos humanos para entender mejor la crisis y decidir lo que tenemos que hacer a futuro e imagino, como lo hiciera el inventor de las tarjetas en el fútbol, quien al cruzar la calle vio ―pues bien imagino lo mismo― un semáforo, del que todos conocemos el mensaje, y lo trasladó a diferentes estados de la humanidad, enfocándome en tres generaciones.

Reitero, este trabajo no pretende ser un “tratado”, responde simplemente a inquietudes y conversaciones que van quedando, algunas lecturas también. Aprovecho para decir que Freud no es precisamente una “especialidad mía”. 

Luces Rojas, amarillas y verdes como expresión de generaciones

Veamos:

La generación roja es el momento de la humanidad en la que está o estuvo la gente que pasó (o pasa) por una situación dramática en lo personal y en lo colectivo. Al salir de esa situación lo primero que hizo fue negarla en su  subconsciente (lo que se advierte que puede pasar).

Sin liderazgo fuerte y visionario sobrevino la depresión colectiva (el fin de la primera y segunda guerras mundiales son el equivalente a lo que se dice). Los gringos (norteamericanos) lo entendieron rápido y supieron de qué se trataba y así fue que después de la Segunda Guerra Mundial salieron a “ayudar a Europa” en su conjunto y a sus enemigos, como Alemania y Japón

Fue el famoso Plan Marshall, que tenía por supuesto el contenido y mirada “imperialista/expansionista norteamericano”, pero hay que entender que conllevaba tambien la intención de ayudar a recuperar a los países y a su gente.  Ellos sabían que si no lo hacían, el caos sería equivalente a otra guerra, el mundo no estaba preparado para semejante situación y actuaron; hoy no son las mismas condiciones, se dice incluso que se está frente al fin del siglo estadounidense y el retorno de la tentación totalitaria; no precisamente comunista, pero sí autoritaria, de eso se ve mucho

De alguna manera ―reitero― es lo que dice o está escrito en mi artículo del domingo anterior. La generación amarilla son las sociedades o personas que hoy tienen uso de la razón, pero no tenían qué hacer (niños de 8 a 16 años) cuando se dieron las crisis y los conflictos (en cualquier momento de crisis del mundo en el siglo XX). Esa generación era la que necesitaba o tendría que ser sacudida en su forma de educación, de formación (y lo fue) para que sea la que proponga nuevas propuestas; a lo mejor lo hizo luego de lo de Korea, Vietnam, por eso apareció como buscando esperanza la generación de los 60, los Beatles, Woodstock, París del 68,  eso que sabemos todos… tal vez esa fue el comienzo de la búsqueda. Esa generación terminó diseñando o pariendo esto que hay, sin darse cuenta cuánto movieron los cimientos del statu quo.

Y está la Generación Verde, que  por analogía seríamos nosotros con respecto a la Segunda Guerra Mundial. Todo lo que pasó no lo vimos, no lo conocimos, pero lo sabemos, lo aprendimos en los libros. Y como fue tan lejano en el tiempo, aun cuando no hace un siglo, vemos eso como un cuento de mucha sangre y “no le llevamos el apunte”, no estamos aprendiendo de los errores (en otro campo, en el de la salud, la gripe española, VIH, ébola, influenza, otras clases de coronavirus, hasta llegar al COVID 19) o no miramos los errores cometidos y así nos va.

Se me antoja que tal vez y por eso los judios mantienen vivo el holocausto, para que no ocurra nunca más, ellos no se lo pueden permitir y repiten el éxodo y huída de los judios en busca de la tierra prometida, todo ―reitero― para que no vuelva a ocurrir. 

Creo que si no se hace algo realmente bien debatido y mejor estructurado, estas generaciones verdes, al final del día, la gran mayoría, volveremos a lo de antes; eso será si se confirma aquello de que a primera vista no les interesa nada más que sus cosas personales. 

Las excepciones que se dan son consideradas extremistas. Los ecologistas por ejemplo, los que se encargan de cuidar animales extraviados o los proteccionistas; los solidarios, los colectivos “apolíticos” (que en realidad son apartidarios); ellos tocan una puerta con temas interesantes que debiéramos atender, al menos para saber de qué se trata

Creo que nos jugamos mucho y que nos están faltando valores, empatía, templanza, buenas decisiones, honestidad personal y de gobierno; hoy necesitamos que desde el poder no den lugar a dudas sobre la transparencia con la que se hacen las cosas. En momentos como estos, el reto es de los Estados, ellos son los que deben “tirar la línea”; los ciudadanos debemos ser proactivos y asumir directrices de momento, entendiendo el nivel de la crisis y que esta salvación será colectiva. Mientras tanto, debemos tejer redes, ser socialmente proactivos. Hay mucho más, pero esto que dejo por aquí, desde mi punto de vista, este debate ampliado, cambiado, hoy es necesario, no es fácil, pero es imprescindible