Los Estados en el mundo establecieron como principal medida contra el coronavirus la cuarentena, que pretende reducir el riesgo de contagio, pero incrementó los niveles de violencia intrafamiliar y agresiones de todo tipo contra las mujeres.

Karem Mendoza Gutiérrez / Bolivia – Edición

La crisis sanitaria por el coronavirus (COVID-19) en el mundo y especialmente en Latinoamérica generó inevitables consecuencias económicas, visibilizó los problemas en los sistemas de salud y obligó a innovar en el teletrabajo y la educación a distancia. Pero también mostró a gran escala un tema profundo y recurrente que afecta a miles de mujeres: la violencia intrafamiliar, los feminicidios, las agresiones sexuales, la violencia económica, entre otros tipos de vulneraciones a sus derechos.

“El COVID-19 ha removido todas las estructuras de los Estados. Es por eso que la mayoría de los países ha declarado emergencia sanitaria y el confinamiento en el hogar. Economistas estiman que aproximadamente el 1% del PIB se pierde cada semana. Por tanto, el COVID-19 como la recesión económica aumentan la violencia contra las mujeres”, afirma el investigador peruano Arístides Vara-Horna.

El especialista considera que la violencia también es una “pandemia crónica” que está presente en la humanidad hace más de 6.500 años, que es el mismo período que está vigente el sistema patriarcal. Además señala que las acciones de prevención de violencia no tienen más de 50 años y existe una gran brecha con relación a los años de violencia contra la mujer.

Por su parte, la asesora del programa de mujeres en la reconstrucción y el proceso de paz en Irak, Anne von Au, resalta que la causa de la violencia contra las mujeres no es el virus, ni la ansiedad, tampoco la inseguridad económica, sino las estructuras patriarcales y las relaciones de poder desigual entre los géneros. 

“El COVID-19 refuerza las desigualdades ya existentes en las sociedades y los factores de riesgo para más violencia. La prevención del virus no puede sustituir la prevención de violencia contra las mujeres, ni degradarla a un nivel menor”, sostiene la investigadora alemana.

Según un estudio de Vara-Horna, las evidencias de brotes pandémicos y desastres naturales pronostican más incidentes de violencia contra la mujer. En estas condiciones, las llamadas telefónicas de auxilio aumentan entre el 5% y 36%. Las denuncias policiales se incrementan en países de ingresos altos y medios. 

Asimismo, los casos de violación sexual a niñas y adolescentes son consumados por los familiares dentro del círculo doméstico. Incluso, las oportunidades de denunciar a los agresores son menores en países de bajos ingresos durante la cuarentena.

El experto identifica cuatro factores que elevan la violencia contra la mujer durante el brote pandémico: el confinamiento o cuarentena, el estrés emergente, la sobreexposición y la vulnerabilidad consecuente.

Confinamiento o cuarentena

La cuarentena es uno de los mayores factores que incrementa la violencia, ya que las mujeres pasan las 24 horas con el agresor. También disminuyen los “agentes protectores” ante la violencia contra la mujer como el soporte social o familiar. Las posibilidades de pedir auxilio o escapar del agresor también se ven impedidas porque existe mayor control por parte de este.

En este período de aislamiento las mujeres tienen menos acceso a los servicios de protección como casas de acogida, refugios para víctimas y sus hijos. Los sistemas legales y acceso a la justicia para denunciar las agresiones también son de difícil accesibilidad.

Por otro lado, durante esta etapa se ejerce una sobrecarga de los cuidados domésticos. Es decir, las féminas preparan los alimentos para su pareja —que en muchos casos es el agresor— y sus hijos, pero además planchan, lavan, compran los alimentos e incluso trabajan a distancia.

Los grupos altamente vulnerables son niñas menores de 15 años y personas con discapacidad que sufren abusos sexuales durante el confinamiento. Respecto a esta problemática, Latinoamérica tiene las cifras más altas de todo el mundo, aun más que Asia y África, explica el especialista.

“Las medidas contra la pandemia hacen que muchas mujeres todavía tengan que dormir con el enemigo. Sobre todo, hay que tomar en cuenta la creciente violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes, que en la pandemia aparecen como una posibilidad mayor de ser agredidos en los hogares”, afirma la exjefa de la División de Asuntos de Género en la CEPAL, Sonia Montaño.

Estresores

Los estresores son las cargas o exigencias externas que provocan una reacción de estrés. El investigador considera que durante la pandemia existe mayor ansiedad, irascibilidad o facilidad de enfadarse. Además se refuerzan los roles tradicionales y de género con mayor intensidad hacia las mujeres. 

Otros factores de estrés están ocasionados por la inseguridad económica y alimentaria, al igual que por el hacinamiento en el caso de familias numerosas que viven en espacios reducidos. Por otro lado, aquellas mujeres que cumplen el rol de proveedoras a partir de un emprendimiento, comercio o de que son cuentapropistas, padecen estrés y también sufren violencia económica.

“Estas variables en conjunto son una bomba de tiempo que aumentan las relaciones inequitativas de poder entre hombres y mujeres e incentivan la violencia”, asevera Vara-Horna.

Sobreexposición

Este aspecto se refiere a las mujeres que se encuentran en la primera línea de batalla contra el COVID-19. La mayor parte del personal médico está compuesto por enfermeras, doctoras o féminas que colaboran en las tareas dentro de los hospitales. 

El problema radica en que, al estar sobreexpuestas al contagio del coronavirus, también son acusadas por sus familias y parejas de que transmiten la enfermedad o de que tienen la probabilidad de contagio, indica el especialista.

Lo mismo sucede con las cajeras de supermercados, vendedoras de farmacias o comerciantes que brindan estos servicios necesarios para la población durante la pandemia.

De igual forma, estas mujeres son acusadas de incumplir los roles de cuidado de sus familiares, pese a que están sobreestresadas y sobrecargadas de trabajo.

“Con la pandemia, las mujeres están obligadas no solo a combinar el trabajo de cuidado a los ancianos, niños y enfermos que habitualmente hacen, sino también a los afectados con el coronavirus. Además de ser teletrabajadoras, son maestras de sus hijos. Planteamos la necesidad de visibilizar el valor económico-social y el tiempo que las mujeres destinan al cuidado de las personas afectadas por el COVID-19”, manifiesta la investigadora boliviana Montaño.

Vulnerabilidad

Según el especialista peruano, el último factor que incrementa la violencia contra la mujer durante la pandemia es la vulnerabilidad. Esta característica significa que el confinamiento disminuye “dramáticamente” los niveles de ingresos y la productividad económica, lo que a su vez aumenta los niveles de pobreza y genera la disminución de recursos. 

Por tanto, Vara-Horna concluye que cuando la pobreza aumenta, las “más perjudicadas” son las mujeres y las niñas.

Como consecuencia de la pobreza, el investigador sostiene que se incrementan otros tipos de violencia no solo provenientes de la pareja, sino también de sus empleadores, ya que se encuentran propensas a sufrir explotación sexual. El grupo con mayor vulnerabilidad son las adolescentes menores de 15 años.

Feminicidios en Latinoamérica

Según la publicación de la cadena alemana Deutsche Welle (DW), hasta finales de abril la demanda de casas de refugio para mujeres creció un tercio en Latinoamérica, al igual que los casos de feminicidio. 

En México, 163 mujeres fueron asesinadas durante la cuarentena; de ellas, 16 eran menores de edad; 19 en Argentina; 19 en Colombia; siete en Perú, cuatro en Chile.

Por ejemplo, la violencia intrafamiliar se incrementó drásticamente durante el confinamiento en el país chileno. Las llamadas a líneas de atención a víctimas aumentaron un 500% en el caso de los barrios más acomodados como Santiago y Providencia.

“El confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero. Asimismo, refuerza el aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas. Es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar”, dice parte de la declaración de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

Psicóloga brinda tres consejos para mejorar las relaciones familiares

Debido a la crisis sanitaria y la cuarentena, las familias se encuentran sometidas a altos niveles de estrés al no saber cómo afrontar la pandemia, una presión que se desencadena en violencia contra los más indefensos del hogar.

Imagen referencial.

Ante esta situación, la psicóloga Marynés Salazar aconsejó establecer horarios de alimentación, fortalecer el encuentro familiar con horas de esparcimiento y no sobreinformarse con noticias negativas para reducir el comportamiento violento.

“Cuando se regulan los horarios de alimentación y el encuentro familiar, los mismos integrantes descubren que las otras personas son chistosas y tienen habilidades que antes no habían percibido. Entonces, esto suele bajar la agresión”, explicó la especialista.

Por otro lado, Salazar indicó que en caso de que las personas no puedan controlar sus emociones, pueden comunicarse a las líneas de contención habilitadas  por las alcaldías y el Colegio de Psicólogos de Bolivia. 

Asimismo, la profesional aseguró que cambiar las actitudes violentas es una cuestión de voluntad. También recomendó que las personas reflexionen ante la vida y la muerte.

Bolivia registró 39 feminicidios de enero a abril de este año. El departamento de La Paz lidera las estadísticas, seguido de Santa Cruz y Cochabamba. Del total de casos, nueve se reportaron durante la cuarentena. 

Sin embargo, las cifras no solo develan el deceso de mujeres, sino la violencia intrafamiliar que ascendió a 1.872 casos. Asimismo, 61 fueron los menores de edad víctimas de agresión sexual y se reportaron seis infanticidios durante la cuarentena.