Aves

La obra de la escritora Rodríguez Roca forma parte de Antologías iberoamericanas de trascendencia. Se graduó en los tres ciclos de la teoría y práctica de la escritura del cuento contemporáneo, por la Escuela de Escritores (Madrid-España).

Teresa Constanza Rodríguez Roca*
Escritora y maestra Cruceña

 

Y venga el convite

Bajo un cielo incoloro, la gallina jabada, la última en salir cuando Petrona esparce los granos de maíz sobre la tierra seca del gallinero, será la escogida de entre las 15 restantes. 
Cómo va a sospechar el ave coqueta, de plumas grises y motitas blancas, que mientras, gustosa, vaya llenando el buche con soles amarillos, fuente de vida, Petrona la levantará con la intención de ponerla en su regazo. De dónde se va a imaginar que, en lugar de recibir cariños, lanzará un cacareo desesperado, cuando la mujer de manos gruesas engargole su cuello con los dedos índice y pulgar, y el siguiente movimiento, brusco y seguro, sea el jalón en torniquete, acompañado por un crujido de huesos y el inmediato derrame interno de sangre azulosa. 
La gallina jabada, la última que salió, aún dará unos pasos tambaleantes, hasta caer con el pico abierto y la mirada turbia, fija en su diosa, la de los soles amarillos.  
 

Morfonauta

Gregoria, insatisfecha, salió al balcón para despejarse. Había trabajado horas en un ensayo sobre la duda. Un pájaro se acercó trinando. Gregoria pensó: Tú naciste y morirás sin consciencia; yo vivo y moriré con esta razón, la misma que pierde al hombre, porque en ella se engendra la duda, acero de doble filo. Qué sabes tú, pajarito, del bien, del mal, de la nada. Yo quiero ser como tú. Quiero que pip-pip, lari-lará, pío-pío, trila-trila, tri-tra… Y Gregoria salió volando, fue a posarse en el cable de luz, donde sus nuevos congéneres le dieron la bienvenida.