Por: Freddy Bobaryn López /

La increíble bienvenida de Camacho en Tarija —a punta de huevazos— nos traslada a la era de la política pop o politainment, es decir la espectacularización de la política. Y esto hace sentido cuando la primera afición de los bolivianos es la política, aunque ésta se encuentre cada vez más vacía en cuanto a su sentido y contenido. 

Luego de la instrumentalización de la violencia como herramienta política para lograr sus objetivos, el neofascismo propone abiertamente una estructura federal, con el único fin de generar polarización. Ya que, ellos entienden que sólo en un escenario de convulsión y enfrentamiento sostenido podrían repetir el Golpe del 2019, y así hacerse con el poder.

Llama la atención la impostura de la ultra derecha con el planteamiento del federalismo; ya que después de criticar la supuesta “venesonalización” de Bolivia, están proponiendo replicar el mismo régimen federal que tiene Argentina, Venezuela y México. Por tanto, el ardid federal parece ser, más bien, una cortina de humo, un significante vacío, como diría Hernesto Laclau.

Desde esa perspectiva, el “Federalismo” en Bolivia tiene la pretensión de convertirse, en el significante articulador de diversas demandas equivalenciales “insatisfechas” o aparentemente insatisfechas dentro de un imaginario camba-colla, cada vez más irreconciliable. En este sentido las Fake News fabrican un contexto de malestar, miedo y cabreo social (requisitos necesarios para la consolidación de un nuevo Populismo de ultra derecha). Sin ir muy lejos, el discurso: amigo–enemigo, camba-colla, etc., generó innumerables hechos de violencia simbólica y física, en los últimos años.

“Al pueblo, pan y circo” dirían en la antigua Roma, de eso se trata la estrategia de la ultra derecha: crear un discurso y una narrativa de manual, panfletaria, para encubrir la falta de gestión en la gobernación de Santa Cruz, y para rehuir las responsabilidades judiciales que actualmente se encuentran en curso.

En Bolivia, la retórica homogeneizante de la ultra derecha, ha logrado consolidar un bando que tiene como elemento articulador al racismo. Estos discursos de odio, buscan poner énfasis en acentuar diferencias para generar división, “los buenos” (es decir, los propios) Vs. “los malos” (es decir, los otros), mismos que se basan en prejuicios y valoraciones subjetivas de lo que se considera bueno o malo, moral o amoral, etc. recordemos los epítetos más célebres de la Ultra-Derecha: bestias inhumanas, salvajes, o el clásico “indios” sin duda, sólo buscan nombrar al enemigo. En esa lógica, el siguiente paso hacia el fascismo -tal cual sucedió en Alemania Nazi- será plantear y normalizar la eliminación física del” enemigo”.

La propuesta de federalismo se consolida como un artificio, que sirve para agitar la efervescencia racista de quienes se sienten superiores por su color de piel, pero de ninguna manera resuelve ni un solo problema de los bolivianos. La genuina intención de las logias cruceñas, tiene que ver con obtener para sí, las riquezas de los territorios que proponen federar.

 La estrategia de utilizar cada vez mayor violencia, obedece al zenit de las aspiraciones fascistas, mimetizadas bajo la bandera de “Federalismo” para retomar la vieja agenda de la “Media Luna”, que implica promover movimientos separatistas. Recordemos que, tras la derrota neoliberal del 2006, la única respuesta a la que atinó la oligarquía cruceña, fue la de crear grupos armados irregulares que reivindicaban la balcanización de Bolivia.

Después de la Marcha por la Patria, queda claro que los afanes separatistas dejan a la ultra derecha en una situación incómoda, porque se demostró que, en esta oportunidad, encontrarán a un pueblo organizado y consciente, que no dudará en volcarse en las calles, en caso de que se pretenda nuevamente subvertir el orden democrático y constitucional de nuestro país.(Freddy Bobaryn López es Viceministro de Coordinación y Gestión Gubernamental)

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