Williams Ramírez / Periódico Bolivia

Vida, fuerza, valentía, sensualidad, diversidad, entereza, fortaleza, y evolución son sólo algunos de los conceptos que destilan las fotos que ofrece el colectivo WarMi Photo.

El nombre del colectivo de fotógrafas lleva oculto un sincretismo cultural muy fuerte y transgresor: War, del inglés guerra, y el posesivo Mi; que se entendería como Mi Guerra, que es una reflexión de lucha interna por exteriorizar el arte que fluye en las venas de las fotógrafas bolivianas y que al leerse junto WarMi (el vocablo aymara que significa mujer) representa el género del colectivo, un juego de palabras que lleva una carga significativa muy fuerte.

“Más allá de ser fotógrafas, somos mujeres que también hemos sufrido discriminación, racialización, precarización, explotación, y nuestro trabajo muestra nuestra posición como mujeres desde todos nuestros roles en la sociedad y es algo que se siente muy presente con nuestro nombre, que nos ha llevado a empoderarnos nosotras mismas en un proceso personal que luego se volvió social”, explica la fotógrafa Sara Aliaga.

EL ORIGEN

El colectivo de fotógrafas WarMi Photo nace de una necesidad común, un momento en el que las fundadoras se encontraban en una transición de trabajar en medios locales como fotoperiodistas, notaron que no recibían el verdadero reconocimiento de su trabajo por el hecho de ser mujeres, sus fotos no eran difundidas, valoradas y menos respetadas.

Hace al menos dos décadas era impensable hallar en la cobertura periodística mujeres fotógrafas y hoy ese escenario ha cambiado fruto de  una lucha contra la discriminación y el desmerecimiento de un trabajo que puede ser, incluso, mejor que el de sus colegas. La mirada de mujer tiene un toque diferente, un sentimiento de por medio y otro valor que aún no es entendido.      

Las fotógrafas buscaron espacios para realzar su trabajo y lograr el respeto necesario para continuar con el amor a la fotografía, cuenta Sara Aliaga, una de las fundadoras y articuladora de este movimiento. Fue ella quien llamó a sus colegas, a principios de 2018, a una reunión para plantear la construcción de un colectivo, donde todas las fotógrafas puedan elevar la vos para ser escuchadas. La propuesta tuvo muy buena aceptación.

“Era como un sueño hecho realidad, pero todas accedieron al llamado y nos juntamos varias fotógrafas para crear el colectivo, un espacio para sentirnos seguras, hablar de nuestro trabajo, mirarlo desde otros estilos y formas de hacer fotografía”, explica Aliaga.

Fueron Carola Andrade, Wara Vargas, Claudia Morales, Lesly Moyano, Alejandra Sánchez, Alejandra Rocabado y Andrea Martínez, la mayoría fotoperiodistas, quienes en un contubernio crearon un fuerte vínculo que tuvo crecimiento importante con la incorporación de nuevas integrantes.

La idea no era hacer un grupo de fotoperiodistas, sino llegar más allá, buscar nuevos enfoques y estilos, por lo que llegaron postulaciones de íconos de la fotografía como Paola  Lambertin, quien trabaja como fotógrafa de moda y publicidad, y fotografía artística; también está Kelly Ledezma  (el primer lugar en la categoría Fotografía de los Premios Plurinacionales Eduardo Abaroa 2018), además de otras que hacen fotografía de moda, documental, artística y otros estilos. 

El colectivo hoy está compuesto por 16 fotógrafas dentro y fuera del país, Alejandra Rocabado vive en España, Paola  Lambertin en México, Natali Fernández en Perú y la mexicana Alejandra Sánchez que radica en Santa Cruz, otras WarMis viven  en diferentes departamentos.  

Estudiantes de Arte, licenciadas en Bellas Artes, cineastas, productoras de cine, diseñadoras gráficas, docentes, comunicadoras sociales y documentalistas integran este grupo con una misma pasión, la fotografía.

Para promocionar su trabajo y en el marco de un concepto despatriarcalizador, el colectivo decidió lanzarse a las redes con una página en la red social Instagram. Luego por la cantidad de material y la diversidad de las fotos migró a un página web https://warmiphoto.weebly.com/ y a otros soportes en redes.

La idea es mostrar el trabajo integrándose  a la sociedad y no desde un atril mirando desde arriba, siempre con humildad y con respeto que son las cartas de presentación de las WarMis.

LA RESIDENCIA

El colectivo fue tomando cuerpo hasta que surgió la idea de hacer una Residencia, un megaevento masivo que se realizó en julio de 2019, donde se invitó a fotógrafas de varios países y la respuesta fue inmediata, más de 30 mujeres, de las 200 postulantes de varios países de Latinoamérica llegaron a Sucre para convivir, intercambiar experiencias y coexistir durante dos semanas.

Existimos, residencia fotográfica en narrativa de género, es un proyecto que invita a mujeres fotógrafas de toda Bolivia y Latinoamérica a formar parte de una experiencia colectiva, con el objetivo de crear una red de autoras bolivianas y latinoamericanas que desarrollen proyectos fotográficos desde una perspectiva de género e identidad.

En 2019 se organizó en la ciudad de Sucre la primera residencia fotográfica en narrativa de género de Bolivia, en la que participaron 20 fotógrafas, cuatro tutoras y varias voluntarias de Bolivia, Perú, Argentina Ecuador, Colombia, Brasil, México y Venezuela. Durante siete días las residentes desarrollaron sus proyectos, distribuidas en tres grupos y cada uno con una tutora asignada para guiarlas de manera práctica. De manera general, se dictaron microtalleres, revisión de portafolios, charlas para complementar el proceso creativo de sus proyectos y para generar instancias de debate y reflexión en torno a las temáticas planteadas por las participantes.

Después, las obras fueron mostradas mediante una exposición itinerante en las ciudades de Sucre, Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, El Alto (Bolivia) y Quito (Ecuador).

Las fotógrafas que arribaron al país contaban con una experiencia impresionante, con diferentes estilos y niveles de formación.

Sucre fue la ciudad elegida por el simbolismo histórico, al ser la ciudad donde se estableció la Independencia de Bolivia y es allí también donde las fotógrafas decidieron liberarse de patriarcado y establecieron la independencia del género femenino desde la mirada de un lente.

“La residencia fue enfocada más que para ser un espacio de formación, de creación de redes y de contacto entre mujeres latinoamericanas, donde apoyarnos y darnos el soporte (…) desde nuestra propia vida y nuestros roles como mujeres dentro de la sociedad, eso es algo increíble que se puede lograr desde un espacio de formación y de trabajo”, manifestó Aliaga.

No sólo se vieron como trabajadoras de fotografía sino como amigas, colaboradoras y referentes, eso es lo que se proyectaba desde el principio en WarMi Photo, pero la realidad ha sobrepasado los sueños .

TALLERES Y CONFESIONARIOS

Fue la primera vez que en Bolivia se realizaba un evento de semejante magnitud, que tenga características únicas como el ser sólo para mujeres, enfocar el trabajo desde el género, la paridad en medios. Los talleres también sirvieron como confesionarios, algunas contaron el maltrato de sus compañeros y la discriminación creando lazos irrompibles hasta hoy.

Además en los talleres se abordaron temas como el lenguaje de la imagen, fotoperiodismo, fotografía documental y artística. Durante una semana, las participantes crearon  sus proyectos fotográficos, realizaron la revisión de portafolios y al finalizar las fotógrafas, acompañadas de sus tutoras y talleristas, plasmaron intervenciones en un circuito de exposiciones en diferentes espacios culturales de Sucre.

Las fotos se plasmaron en las calles, un movimiento de enormes proporciones en comparación con el proyecto ideado, que sólo era enseñar o mejorar la técnica de expertas en fotografía para fotógrafas.

La última exposición tuvo la participación de autoridades de la ciudad y de un gran número de personas que sorprendió a las WarMis, se sintió la cálida acogida del pueblo sucrense.

En los múltiples espacios se tocaron temas como el ser mujer, la sexualidad, la precarización laboral, la racialización, la discriminación que, para una ciudad conservadora, fue muy bien recibida.

El movimiento generó el arribo de fotógrafas que no pudieron inscribirse por el cupo limitado de participantes, pero se quedarán a apoyar el evento.

Lastimosamente, el año pasado el evento se suspendió por la pandemia. Pese a ello recibieron incontables mensajes de personas pidiendo que se las tome en cuenta, aunque sea de forma virtual, pero el contexto no era el adecuado para crear nuevamente un evento de las mismas características.

Este año, dependiendo de la pandemia, se espera retomar la residencia con una mirada despatriarcalizadora, siempre.