Por: Ariel Molina/

Hace meses se comentaba ansiosamente sobre el modelo cruceño, hasta fue considerado como paradisiaco para algunos, a tiempo de justificar la migración del occidente a sus tierras. Sin embargo, esa economía liberal que permite el progreso individual de unos sobre otros, a costa de otros digo, tiene también características que después del paro obligado de 34 días saldrán a la luz.

Sucede que, como esta visión de la economía no permite la protección social y distribución equitativa de los recursos con los que se cuenta en el Estado, deja a su suerte (libertad) la supervivencia de sus ciudadanos; esto provoca que la brecha social se expanda, trasladando a la clase media hacia la pobreza, y ésta desplazará mucho más a la gente trabajadora. Pero claro, la élite cruceña se mantiene impune, protegida económicamente durante su paro, mantuvo abiertas sus empresas y utilizó los días de abastecimiento para superar récords de venta en los supermercados, mantendrá los círculos de poder que buscó mantener, bajo supuestas reivindicaciones regionales.

Pero no puede mantenerse el análisis en mirar y desear reconstruir, deben terminarse con esas manipulaciones pese a la existencia de nuevas amenazas. Los culpables están identificados, la afrenta debe ser importante, de lo contrario habrá tiempo y espacio para una nueva reacción.

Considerar que esto ha terminado es darle la razón a esas voces que hablan de acuerdos de gobernabilidad por impunidad. Sorprende que se haya permitido la otorgación de medidas sustitutivas al subgobernador que, demostrando la cultura cruceña de patronaje y represión al pueblo indígena, ha chicoteado a mujeres y hermanos ayoreos para después quemar sus casas. No obstante, pese a las acusaciones de traición que distraen, pero no aportan, aún se espera con ansias los brazos del Estado interventor y protector de derechos humanos en aquel departamento.