Que se sepa, sólo los ejércitos invasores tienen la costumbre de destruir la infraestructura de los países que invaden. Quieren destruir todo lo que tienen los lugareños, a los que odian y los consideran sus enemigos a muerte. No hay ni piedad ni tregua.

Así están actuando los comandos armados del cocalero Morales. Decidieron destruir, con dinamita, algunos tramos de la carretera La Paz-Oruro, como si se tratara de un territorio enemigo al que quieren reducir a cenizas, sin dejar piedra sobre piedra.

Un ataque así podía haber ordenado el peruano Agustín Gamarra, en 1841, cuando se había propuesto invadir y dominar Bolivia, pero resulta difícil entender que lo haga un boliviano que fue presidente, que huyó del país y que aspira a volver a la política. Gamarra no pudo con los bolivianos y murió en Ingavi.

El cocalero ha ordenado también que sus seguidores embosquen a Umopar, ataquen a la policía y el ejército en Yapacaní, lancen ataques contra una unidad del regimiento Ingavi en El Alto, y que sus seguidores del Chapare cierren esa carretera, exactamente como si se tratara de un ejército invasor. Y por último ordenó que sus seguidores, todos mercenarios, dinamiten la carretera La Paz-Oruro. Tan cerca han llegado que quizá el próximo paso consista en ataques a la autopista La Paz-El Alto.

El comando de las Fuerzas Armadas está seguramente evaluando esta situación antes de movilizar a los soldados en defensa de la patria. Cuando las FARC destruyen infraestructura de Colombia, el ejército de ese país responde de inmediato. Y lo mismo hace el ejército peruano cuando Sendero Luminoso atenta contra la infraestructura del sur-este de su país, donde operan los narcotraficantes aliados de los cocaleros del Chapare boliviano.

Para el Chapare, el cocalero Morales ha ordenado que se hagan bloqueos al estilo de la guerrilla, con ataques y repliegues rápidos. La táctica de los “miguelitos” para dañar las llantas de los motorizados que pasen por la zona se está aplicando ya.

Las instrucciones del cocalero Morales son obedecidas ciegamente por sus seguidores, incluso poniendo en riesgo sus propias vidas. Con la consigna de que el coronavirus es un “invento” de la derecha o del imperio, consigue que sus seguidores más fanáticos y menos informados se lancen contra la cuarentena. Son personas que tienen muy poco criterio, y con eso cuenta el cocalero.

Pero lo que no se entiende es cómo alguien que ha sido presidente del país haya decidido destruirlo sólo porque ha perdido las esperanzas de volver al cargo.

Más de 70% de los bolivianos aprueban lo que hace el gobierno para enfrentar al virus chino. Un porcentaje mayor lo respalda para enfrentar al ejército invasor del cocalero.