Hace 82 años, el presidente Germán Busch instituyó el 10 de mayo como el Día del Periodista boliviano, pocos meses después de haber decretado la nacionalización del petróleo y la confiscación de los bienes de la Standard Oil.

Este aniversario encuentra a los periodistas bolivianos respirando aires de libertad después de los 14 años de opresión y humillación que sufrieron en la dictadura del cocalero Morales.

Sólo algunas dictaduras militares habían cometido atropellos tan graves como las que cometió el régimen del MAS, aunque esas dictaduras no llegaron a apropiarse de medios de comunicación, como en cambio hizo el cocalero.

El primer instinto del gobierno del MAS, en 2006, fue controlar los medios de comunicación y amedrentar a los periodistas. Hizo que sus testaferros, incluso extranjeros, compraran medios de comunicación, que luego se beneficiarían de millonarios contratos de publicidad, y serían manejados por funcionarios del gobierno, o sus agentes, algunos de ellos fungiendo como periodistas.

Desde 2006 hasta 2018, el gobierno del cocalero destinó 4.000 millones de dólares a propaganda, como figura en las estadísticas oficiales, un monto que duplica al que se destinó a salud o educación. Todo para armar un sistema de uso de presupuestos publicitarios como carnada para los medios que no habían sido comprados.

Los medios independientes tuvieron que suplicar o doblegarse para recibir la publicidad estatal, lo que el régimen aprovechó para instituir en algunos de ellos un sistema de control interno que llegó a despedir periodistas, a relegar a columnistas, a marcar políticas informativas.

Todo se hacía para aproximarse al ideal, que es la realidad de Cuba, donde solo hay dos periódicos y un sistema de Tv y radio, todo de propiedad del partido comunista.

El régimen del cocalero llegó a intervenir organizaciones gremiales del periodismo, como la Confederación de Trabajadores de la Prensa, que estuvo secuestrada por agentes masistas durante diez años. En la Asociación de Periodistas de La Paz se atrevió a observar e interferir la concesión de premios que esa institución otorga todos los años. La justicia masista hizo juicios y procesos contra periodistas independientes.

El cocalero jamás concedió una conferencia de prensa y si alguna vez fue interrogado por periodistas, optaba por ofenderlos, mientras el vicepresidente optaba por explayarse con peroratas de pretensiones intelectuales.

Todo esto se acabó el 10 de noviembre. Gracias a la liberación del país, el periodismo boliviano resurge como la democracia. La esperanza es que nunca más Bolivia sea sometida a oprobios como los que vivió entre 2006 y 2019.