BISTURÍ
Franklin E. Alcaraz Del C. (*)

La otra noche vi a una entrevistadora de TV poner contra las cuerdas a un miembro del Comité Científico Boliviano al exigirle llevar a cabo “estudios” sobre el dióxido de cloro (ClO2). La verdad es que esta sustancia es tóxica. Es un desinfectante y blanqueador de ropa. La supuesta propiedad curativa del ClO2  probablemente la debe a su propiedad desinfectante. No es delito equivocarse, lo hizo hasta el presidente Trump que “recomendó” su uso generando una ola no solo nacional (en los EUA) sino internacional al promover -voluntaria o involuntariamente su uso-  sin medir las consecuencias que su palabra, al ser un líder mundial, ocasionaría después varias intoxicaciones por esta sustancia. En nuestro país están utilizando ClO2  casi de manera indiscriminada y no supervisada, atribuyéndole propiedades que probablemente no tenga.

Volviendo al tema, para llevar a cabo “estudios” sobre esta sustancia, o cualquier otra que pretenda utilizarse como medicamento, se necesitan muchos recursos (económicos sobre todo) y tiempo (varios años suelen ser necesarios). Hay varias formas de llevar a cabo este tipo de estudios. Los más frecuentes son los llamados “estudios de doble ciego”. Pero la investigación debe atravesar varias fases previas. Veamos:

Los primeros cuatro pasos del uso del medicamento en cuestión en seres humanos, (y nos saltamos las anteriores de experimentación “in vitro” o de laboratorio y la de experimentación en animales), implica lo que se llama “Ensayo clínico”. Para esto el proceso incluye comparación del medicamento que se quiere probar, con una droga ya conocida o/y con un “placebo”. ¿Qué es un placebo? Es una sustancia inerte (no tiene efecto alguno) que tiene el mismo aspecto que el medicamento que se quiere probar. Se lo realiza en grupos de pacientes lo más homogéneo posible y que al mismo tiempo sea un conglomerado representativo que después se pueda extrapolar o expandir al resto de la gente. Lo ideal es que el o los investigadores, al administrar el medicamento en estudio, no conozcan cuál es cual. A este proceso se lo denomina “doble ciego”.

1.- Fase uno de la administración en humanos:  Para esta fase se usa la sustancia en un grupo de gente, generalmente 100 individuos o un poco menos, adultos jóvenes, de sexo masculino, para explorar sobre todo posibles efectos tóxicos para “ajustar” las dosis adecuadas de administración.

2.- Si la fase anterior resulta satisfactoria, el supuesto “medicamento” objeto del estudio, se lo administra a sujetos enfermos. Este grupo debe ser lo más homogéneo posible en lo que se refiere a la enfermedad para la que se quiere destinar el medicamento. El grupo ya comprende entre 100 a 200 individuos. Dependiendo de los objetivos del estudio, esta fase suele dividirse en dos grupos ( a y b). En esta etapa, el supuesto medicamento debe compararse con los mejores usados anteriormente en el tratamiento de la enfermedad. Obviamente hay que elaborar una tabla comparativa para el efecto.

3.- Si las anteriores etapas fueron satisfactorias, se pasa a esta fase: Se incluyen a muchos médicos que traten cientos o miles de pacientes con la sustancia, a fin de determinar posibles efectos secundarios o tóxicos que no hayan sido detectados anteriormente.

4.- Si el medicamento pasó las anteriores fases, se procede a su comercialización y, al mismo tiempo, a la vigilancia de su uso. A este proceso se la llama “farmacovigilancia” que suele detectar toxicidad insospechada y reacciones adversas raras, así como la eficacia del medicamento a largo plazo. Después, se lanza su comercialización universal y administración, siempre bajo vigilancia médica.

La idea general es que el investigador no influya en los resultados (cosa muy difícil, especialmente cuando los resultados no son concluyentes). Y, en todo caso, en cualquier enfermedad, no todos los pacientes reaccionan igual con la administración de un medicamento. Los médicos solemos decir que “no hay enfermedades, sino enfermos” o que “hay que tratar al paciente y no a la enfermedad”. Los supuestos resultados exitosos obtenidos con el dióxido de cloro, probablemente serían los mismos sin esa sustancia. Y es que el coronavirus es una enfermedad con múltiples facetas, que ataca de manera diferente a la gente y que nos tiene en vilo no solo a nosotros los bolivianos, sino a la humanidad entera.

(*) Médico, investigador, ensayista y escritor