En países muy industrializados hay problemas de contaminación de aire. (Foto: RRSS)

• Estéfani Huiza Fernández/

El trabajo audiovisual de la directora de cine Julia Blagny La sangre de Bolivia, de los Andes a la Amazonia invita a reflexionar sobre los problemas ambientales. En la siguiente entrevista, la realizadora devela lo catastrófico que sería descuidar las políticas públicas en torno a uno de los elementos básicos de la vida: el agua.

Blagny nació en Bolivia, toda su infancia estuvo marcada por los viajes a varios departamentos y comunidades del país, ese hecho influenció en su trabajo cinematográfico. La directora acercó su lente hacia los niños de la calle, para quienes su cámara se convirtió en “un lugar de expresión y catarsis”, lo que le permite enseñar a jóvenes sobre técnicas audiovisuales. Su reciente documental se estrenó en 2021 durante el Puñakawi, Festival Internacional de los Derechos Humanos que se celebra en Sucre, desde entonces participó en más de 20 festivales internacionales.

— ¿Cómo nació el documental?

— La idea surgió en Bolivia. Al viajar por varios lugares, en 2018 me di cuenta de que varios problemas ambientales en el país tenían un tremendo punto común: el agua. Del Madidi hasta Cochabamba, pasando por las regiones de La Paz o de Oruro, todas las poblaciones tenían problemas para acceder al agua potable.

— El documental reflexiona sobre el daño al medioambiente desde Bolivia. ¿Cómo ve ese problema en el mundo?

— Muchos países tienen problemas en el acceso al agua potable, que es un derecho humano básico reconocido por la ONU. En los países extractivistas hay muchos problemas que se parecen a los de Bolivia y que tienen que ver con el poco cuidado de las empresas hacia el medioambiente y la utilización enorme del agua por esas multinacionales. Aquí hay que subrayar que las tasas de arsénico en La Paz o de mercurio en la región del Madidi son muy alarmantes.

— ¿Qué problemas surgen en torno al daño ambiental en el mundo y cómo repercute en Bolivia?

— Los problemas que crean las mega-obras como las megarrepresas son iguales en el mundo entero (Brasil, Canadá, China…), causan inundaciones, desplazamientos, deforestación, acumulación de químicos mineros en megaembalses, entre otros. En otros países también hay problemas de basureros, de plantas de tratamiento del agua, de quema de bosques. En países muy industrializados hay líos de contaminación de aire. Cada región es diferente, pero el cuidado con el cual tendríamos que tratar el agua y los elementos que nos permiten vivir tendría que ser el mismo en el mundo entero, muy elevado.

— En ese sentido, ¿cuál es el objetivo del documental?

— Los bolivianos tienen que ver lo que pasa en el país para darse cuenta. Ver este tipo de documental permite al espectador aprender cosas nuevas que no sabía, que le permiten pensar con más fuentes de información. Este conjunto de conocimientos hace que los ciudadanos actúen para cambiar aspectos que no convienen a la sociedad.

— ¿Cómo define su proceso de creación audiovisual?

— Para mí, cada trabajo audiovisual es diferente. Para algunos hay que darle un sitio muy importante al sonido, para otros hay que pensar bien el ritmo. Depende mucho del tema y de lo que quieres contar.

Mis documentales hablan del acuerdo mayor entre imagen y sonido, del origen de la cinematografía, del universo de las patologías neuronales, de los caminos de la solidaridad, de los pueblos originarios o de los vínculos que tenemos con la naturaleza. Formo a jóvenes sobre las técnicas audiovisuales y es un gran placer ver a algunos seguir este camino.

Algunos premios

  • ‘GRAND PRIX’ en el Green Montenegro International Film Fest.
  • PREMIO ‘OJO BOLIVIANO’. Festival Internacional de Cine de los Derechos Humanos, Bolivia.
  • PREMIO ESPECIAL DEL JURADO. Festival Internacional de Cine Político, Argentina (Ficip).