Por: Iván Canelas Alurralde /

La historia de nuestros países en América Latina, la injerencia permanente del imperialismo estadounidense y de los intereses de las oligarquías por someter a los sectores más empobrecidos, principalmente indígenas, se repite hace siglos y el panorama cambia muy poco, solo en contadas naciones, y en algunos casos con solo matices.

El interés por apropiarse de nuestros recursos naturales —robarnos sería el termino apropiado— imponer políticas, como el caso del neoliberalismo, que beneficien solo a unos pocos en detrimento de las mayorías, de los más pobres, imponiendo gobiernos o candidatos títeres al servicio de intereses ajenos a los de sus países, sigue igual.

En el caso nuestro fue similar, recordemos la explotación de nuestro estaño no solo por los barones Hoschild, Patiño y Aramayo, sino los Estados Unidos. También el petróleo, nuestros hidrocarburos, el gas, entre otros.

Tantos presidentes títeres que hemos tenido, no solo civiles, sino militares, a través de elecciones y asonadas golpistas. El golpe de Estado de noviembre de 2019 tenía uno de sus objetivos: la entrega de nuestro litio.

Revertir todo ese panorama de dolor e injusticias ha significado años de sacrificio, lucha, persecuciones, exilios, crímenes, desapariciones. Nada ha sido fácil. El pueblo organizado, a través del proceso de cambio y del Movimiento al Socialismo (MAS), ha terminado con años de saqueos e injusticias.

Los indígenas del Ecuador, a pesar de las traiciones, han comenzado, hace años, una lucha desigual pero importante para su futuro. Solo la unidad del pueblo organizado los llevará a avanzar espacios que por fin recuperarán sus derechos no solo como ciudadanos, sino seres humanos.

Sin embargo, como era de suponer, el gobierno de la oligarquía de Guillermo Lasso ha respondido con represión y con un intento de diálogo falso. En su haber, solo en el último conflicto, se habla de alrededor cinco personas muertas, todos del sector indígena. 

Como era de esperar también, la derecha, la oligarquía latinoamericana se alió a Lasso con su profundo silencio. Ningún presidente de la derecha expresó su repudio frente a la represión, la persecución y el abuso cometido contra los indígenas ecuatorianos.

Qué decir de los organismos internacionales, sobre todo la Organización de los Estados Americanos (OEA). Da vergüenza ajena, esta vez ni siquiera Luis Almagro, el empleado estadounidense en ese organismo, sino una mayoría de los embajadores que la componen.

En fin, todos esperamos que el conflicto se solucione en el marco del diálogo y sin más violencia ni represión, pero principalmente con una victoria del sector indígena, porque no se puede seguir cargando el costo de la vida sobre las espaldas de los indígenas y los más pobres. (Iván Canelas Alurralde es periodista)