Por Walter Arrázola


Karl Lowenstein, en su libro Teoría de la Constitución expresa que: “los tres incentivos fundamentales que dominan la vida del hombre en la sociedad y rigen la totalidad de las relaciones humanas, son: el amor, la fe y el poder; de una menara misteriosa, están unidos y entrelazados. Sabemos que el poder de la fe mueve montañas, y que el poder del amor es el vencedor de todas las batalles; pero no es menos propio del hombre el amor al poder y la fe en el poder. La historia muestra cómo el amor y la fe han contribuido a la felicidad del hombre y como el poder a su miseria.”

Salir de 14 años de opresión, abusos y corrupción en Bolivia, ha dado la oportunidad que los cobardes hoy quieren mostrarse como valientes, que los vulgares quieran verse refinados, que los mediocres aparenten intelectualidad, pero sobre todo que los mentirosos y extorsionadores quieran ser vanguardias de la verdad y moralidad en el país.

La transición política en Bolivia debió ser lo más rápido posible, a eso apuntaba el actual gobierno de la presidenta Jeanine Añez Chavez y su equipo, quienes se encontraron con un país destruido y quebrado, con una burocracia inerte y extremadamente ineficiente.

No se podía hacer una “masacre blanca” en la institucionalidad pública, como muchos pretenden, y obstruir los engranajes del Estado que paralizarían por completo la administración pública, más aún sin investigar y determinar las responsabilidades de las personas y los daños ocasionados por quienes manejaron el país en estos casi tres lustros. 

El objetivo era claro, encaminar las elecciones y dejar las bases para que el nuevo gobierno pueda institucionalizar y devolver el país a su pueblo. Obviamente, participar en las elecciones democráticas, ganarlas e implementar todas las reformas y medidas sociales y económicas, para proyectar un desarrollo y progreso a través de la legitimidad de un nuevo gobierno, con un nuevo parlamento elegido. Es decir, tener gobernabilidad y estabilidad.

Sin embargo, la pandemia planteo un nuevo escenario y cambio las dimensiones de estabilidad política y económica, donde el gobierno tuvo que adecuarse para solucionar problemas estructurales de salud y economía, que arrastraba más de una década, y buscar soluciones en cuestión de meses, sin gobernabilidad política legislativa.

El equipo de la presidenta, en sus mandos medios y altos, desde que empezó la pandemia trabajan día y noche, fines de semanas y feriados, buscando solucionar y resolver los problemas estructurales del país, con el aditamento que los funcionarios públicos de la gestión opresora, que una primera instancia se mostraron como corderos humildes, en vez de apoyar para combatir la pandemia y trabajar en conjunto para llevar adelante el país, aprovechan las dificultades que acarrea el COVID-19 en el mundo, para sacarse el traje de cordero y mostrar todo el odio y maldad que tienen. Confabularon y empezaron a entorpecer cualquier gestión, planificación o programa para afrontar de mejor manera la pandemia. Su estrategia es recuperar el poder a cualquier costo y precio.

A tal punto, que no solo están consiguiendo exponer a los bolivianos a un camino sin salida, sino que tienen la posibilidad de retomar el poder a costa de muerte y destrucción del país, con la complicidad de opositores que juegan a destruir al gobierno actual y no construir un país unido.

Bolivia es el epicentro regional para una estabilidad geopolítica, en contra del socialismo del siglo XXI y del foro de Sau Paulo que es financiado por el narcoterrorismo de la región. Ellos lo saben, por eso es que se han alineado para desprestigiar al gobierno, confabular internamente y desinformar sobre las gestiones del gobierno, con equipos sofisticados de comunicación y estrategia de contrainteligencia, por medios de redes sociales y medios de comunicación afines que se beneficiaron con mucho dinero en la gestión del gobierno de Evo Morales.

Prueba de ello es, como el “caso de los respiradores” donde intervinieron personas concretas, identificadas y afines al MAS y Evo Morales, se ha tergiversado que ha mostrado como si fuese un hecho provocado por el actual gobierno. Cuando la evidencia y los hechos muestran que fue planificado por operadores del MAS.

Se muestran supuestos hechos de corrupción en distintas reparticiones del Estado, con fuertes altavoces y repetidores en redes sociales, medios nacionales e internacionales, todo planificado y estructurado, que con el tiempo se diluyen por falta de pruebas o veracidad de las denuncias; pero, ya han sembrando dudas sobre la idoneidad y transparencia de la actual administración.

Se podrá decir que la reacción es tarde y falla de comunicación del gobierno para desmentir las especulaciones y mentiras. Es cierto, pero, el gobierno se preocupa en desmentir y aclarar la desinformación y se distrae de lo urgente e importante que es salvar vidas y la economía, o trabaja para salvar vidas y mejorar la economía y estabilidad del país. El gobierno actual a elegido esto último.

¿Cómo se puede comparar la corrupción y despilfarro del MAS en 14 años, comprobados y contrastados, con supuestos hechos de corrupción no comprobados ni contrastados de 6 meses de gestión? Aquí no es quien es menos corrupto, sino cual es la verdad de la corrupción y donde está incrustada la verdadera corrupción. 

El MAS y Evo Morales han pretendido que el actual gobierno se distraiga y deje de lado la estrategia de lucha contra la pandemia. A toda costa, el MAS y Morales quieren evitar que se incrementen los ítems de salud, que funcionen los más de 24 laboratorios moleculares instalados en todo el país por este gobierno, que se doten de UTIS (respiradores), que se doten de más camas e insumos médicos, que se implemente una política económica para reactivar la economía y proyectar el empleo. No por nada, no quiere que aprobar los créditos para comprar más insumos médicos y para paliar la crisis económica que se agudizará, no solo por el mal manejo que tuvo Morales sino por las consecuencias de la pandemia.

Es más, el legislativo está aprobando leyes populistas, sin criterio técnico ni planificación, solo con el fin de perjudicar y poner al pueblo en contra del gobierno con supuestos beneficios al ciudadano, expropiando indirectamente dinero privado, que si ellos estuvieran en función de gobierno no se animarían a plantearlas.

Si el gobierno demuestra, en este mes, el gran trabajo que está haciendo por Bolivia y se visibiliza la gestión realizada, no solo ganarían las elecciones con una amplia mayoría, sino que destruiría al MAS políticamente. Lamentablemente en Bolivia, todavía existen los Olañetas.    

Pero el amor es más fuerte, el amor abrirá los ojos de los bolivianos, quienes verán todo el esfuerzo y trabajo realizado por la presidente y su equipo, qué a pesar de todas las dificultades, trabas y problemas, no estamos tan mal. Que falta mucho, pero que con la nada que se tenía, se ha logrado y se logrará más, en comparación con otros países de la región y del mundo comparando nuestra economía, población e índice de desarrollo.

Que el gobierno ha tenido errores, si; pero también ha tenido muchas virtudes y que sus frutos serán cosechados no para un bien político, sino para el bien del país.

Hoy los patriotas ponen el pecho, hacen y construyen; los que solo critican y destruyen sin un fundamento racional y serio, menos con la verdad y honestidad, no hacen un daño al gobierno y su grupo político, sino se hacen daño a ellos mismos, porque están sembrando en la parcela del MAS, quienes pueden cosechar el 6 de septiembre muchos votos y ganar las elecciones. La pandemia ha sacado a relucir la maldad de muchas personas, pero el amor es más fuerte. Con trabajo, fe y amor venceremos a la pandemia y al MAS de Morales, como a todo aquello que ellos representan: el abuso, el narcoterrorismo y la corrupción

(*) El amor es más fuerte – Tango Feroz