cerro tunari

Carlos F. Toranzos Soria*

Wiracocha estaba sentado en lo que parecía una nube, claro podía haber sido un planeta. Recordemos que Wiracocha es el Dios todopoderoso. Y como los dioses siempre están ocupados, él estaba muy ocupado; incluso sentado, estaba trabajando.
Había trabajado todo el día y toda la noche en la creación de unos lagos, de unos mares y unas inmensas tierras con selvas y árboles, plantas y matorrales, a los que les había dado la labor de purificar el aire, comerse todo el dióxido de carbono, y generar la lluvia en todo lo que ayuda a la tierra a ser mejor para los hijos de Manko Kapaj y Mama Ojllo.
La tierra para Wiracocha era su favorita. Antes había creado Saturno, Venus, Marte y otras más, pero no estaba muy satisfecho. Aunque las creó con mucho esfuerzo algo les faltaba o algo les sobraba. O estaban muy cerca, o muy lejos, del Dios Inti, y eso era un problema.
Inti era el mejor amigo de Wiracocha. Con Inti podía hablar de muchas cosas. Le enseñaba cómo hacer las estrellas, le decía que eran sus ojos en todo el universo. 
Las creaba y las lanzaba lejos, muy, muy lejos y desafiaba a Inti a llegar hasta ellas. Inti, a veces llegaba de inmediato, otra tardaba más, pero siempre llegaba. De esta manera se fueron armando grupos de estrellas, (que después se llamaron constelaciones). La Vía Láctea era una galaxia. Para Wiracocha era su mejor creación. Ahí estaban las estrellas, podían verlas a todas brillando en esta especie de autopista espacial, formando figuras como la Osa Mayor, la Osa Menor, la Cruz del Sur, etc. Todas en fila, ya girando o yendo hacia alguna misteriosa esquina.
Wiracocha le dijo a Inti que la Tierra le interesaba mucho. Ya había dejado a Manko Kapaj y Mama Ojllo para que poblaran la tierra. Que había también encargado a otros dioses otras tareas específicas, pero veía que faltaban cosas. Le dijo:
-Inti piensa en lo que falta y me avisas, yo las pondré donde sugieras. El Tata Inti, entonces, habló con Mama Killa, le preguntó si ella veía si faltaba algo, le dirían a Wiracocha.
Mama Killa de inmediato le dijo que sí, que había mucha tierra llana y eso no ayudaba a proteger a las plantas ni a los animales, que el agua tampoco corría con facilidad. 
Inti asintió y dijo que sí, que eso era una de las cosas que pediría a Wiracocha. Necesitaban más montañas. Ya habían hecho algunas grandes, pero éstas no cubrían todo. Y entonces dijo que crearían otras más allá donde servirían mejor. Llamó a Wiracocha, le comentó que hablando con Killa pensaban que lo que faltaban eran montañas.
Wiracocha le dijo que sí, que si eso faltaba que lo hiciera. Tata Inti se puso a diseñar y a construir todas las montañas que quisiera. 
Mama Killa tenía toda la razón, las tierras llanas estaban muy expuestas a los juegos y caprichos de la diosa Wayra, Diosa del viento.
Inti y Killa ya habían creado algunas montañas, pero ellas eran un poco rebeldes. El Huayna Potosí, el Illampu, el Illimani y otros más. Eran muy revoltosas, incluso una vez habían peleado. Wiracocha se había enfadado con alguno de ellos, descabezó a uno y a otro lo mando a otro lado.
En fin, ya había algunas montañas. Ahora tendrían que poner más. El lugar que vieron que estaba más o menos vacío era la pampa de Khanata y más allá, Tiraque, Chapare. 
Entonces pensaron que ahí sería bueno poner un cerro para proteger la selva y el valle. Así controlar el viento, las lluvias y las aguas.
Llamó a Illampu y le preguntó si podía ayudarle a poner una montaña entre el valle y la selva.
Illampu, que era un constructor genial de montañas y tenía un gran sentido del humor, le dijo que sí, que él encantado ayudaría con el diseño.
Illampu se fue a ver a Illimani y decidieron que los dos harían una montaña. Empezaron y fueron construyendo. 
Todo estaba quedando perfecto. Illampu dijo que no podía ser más grande que ella. Illimani dijo, ni tan hermosa como ella. Rieron mucho, jugaron con formas y luego hicieron una montaña a la que llamaron Tunari, que quiere decir, algo ‘pequeña y espinosa’. 
Tunari era una hermosa montaña. Illampu estuvo muy satisfecha, pero Illimani, no tanto. La veía muy hermosa, casi tan hermosa como ella.
Cuando Illampu se dio la vuelta, para llamar a Tata Inti, Illimani fue despacito cogió la cima hermosa del Tunari, le dio un pellizco e hizo que pareciera una nariz partida en dos. Así se quedó satisfecha. Illampu no dijo nada. 
Llamaron a Tata Inti, quien junto con Mama Killa vieron que era una montaña hermosa y que cumplía con todo el plan. Agradecieron a Illampu e Illimani. Llamaron a Wiracocha para que viera el trabajo.
Wiracocha vio que Tunari era joven y hermosa y se lo dijo.
También dijo:
-Ahora todas las montañas serán dioses, se llamarán apus. 
Ellos controlarían los vientos, las lluvias, la nieve y protegerían a los hijos y las hijas de Manko Kapaj y Mama Ojllo.
Agradecieron a Wiracocha, a Tata Inti y Mama Killa.
Illampu, Illimani y la nueva montaña, Tunari, se miraron. Illampu le dijo a Illimani:
-Tu pellizco ha hecho la nariz de Tunari muy bonita. Sonrieron todos.
Así nació el Cerro Tunari. Hermoso y robusto, no muy grande pero fuerte. 
Si no crees, mira el cerro Tunari, mejor cuando está cubierto de nieve, verás que su cúspide es igual a una nariz pellizcada y partida en dos.

*Docente emérito de la Universidad Anglia Ruskin, en Cambridge, Reino Unido
 

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