Estamos asistiendo a una nueva Guerra Fría en la que los Estados se disputan posiciones estratégicas, pero en territorios etéreos y deslocalizados.

Hasta hace muy poco tiempo se conoció de un ciberataque dirigido en contra de las Naciones Unidas en el verano de 2 019. Aunque intentó mantenerse en el anonimato, se pudo conocer que los servidores de la red informática de la ONU en Ginebra y Viena sufrieron sendos ataques cibernéticos, en particular las oficinas dedicadas a la protección de los derechos humanos y el departamento de recursos humanos.

En efecto, el ciberespacio constituye hoy un nuevo instrumento de influencia política en el sistema internacional. Los grandes poderes mundiales pugnan por establecer su dominio en diversas zonas. El propósito de este tipo de estrategias ha sido articular espacios de control que generen un ambiente de constante dependencia a la tecnología y la ciberseguridad.

En las actuales circunstancias está sucediendo algo similar: el control del ciberespacio por parte de poderosos gobiernos, como el de Estados Unidos, busca construir en torno suyo un conjunto de Estados leales y subalternos a sus caprichos.

Esta nueva dinámica daría origen al “cibervasallaje” en el que Washington puede prolongar su dominio histórico, por ejemplo, en países como Colombia. Así pues, ya no sólo se utilizará el territorio mediante la ocupación de facto con el establecimiento de bases y mandos militares, sino además con la creación de centros de espionaje cibernético para llevar a cabo ataques sorpresivos a naciones enemigas del imperio norteamericano. De hecho, no debe perderse de vista, como declara Daniel Markuson (experto en tecnologías digitales), que en 2020 habrá más de 80 elecciones en todo el mundo, por lo cual no es difícil predecir que tanto políticos como hackers tratarán de entrometerse en la elección de los votantes. Por: Rodrigo Bernardo Ortega Cuba Debate

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